Solo Tú me haces vivir confiado.

“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño” (Salmos 127:1,2).

Esas palabras fueron expresadas por el salmista David, quien también era rey de Israel. Durante su reinado él tomó la fortaleza de Sión y edificó alrededor (2 S. 5:7), tuvo muchas victorias y extendió sus dominios (2 S. 8) y también tenía un grupo de hombres valientes que cuidaban de él (2 S. 23:8-39). Sin embargo, la confianza última de David no estaba en sus valientes o en sus logros, sino en Dios. El éxito de David se debía a que Jehová Dios de los ejércitos estaba con él (2 S. 5:10); Él, y no los valientes de David, fue quien dio la victoria a David por dondequiera que fue (2 S. 8:14). David estaba convencido de esto, por eso expresó en el Salmo 127:1,2 que no importa cuán buenos sean los arquitectos e ingenieros, sin Dios (Su ayuda), su trabajo es en vano; David expresó que no importa cuán valiente sea la guarda o cuán efectivos sean los sistemas de seguridad, sin Dios, todo esto es en vano; David expresó que no importa cuánto esfuerzo hagas para estar seguro, sin Dios, todos éstos serán en vano. Ahora, esto no significa que David ya no edificaría casas ni que la guardia ya no velaría, pues Dios puede usar y usa todo esto como medios; más bien esto significa que su confianza última estaría en Dios. Eso lo vemos en la última parte del Salmo 127:2: “pues que a su amado dará Dios el sueño”. Un versículo similar es el Salmo 4:8 que dice: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”. ¿Los edificadores me hacen vivir confiado? ¿La edificación me hace vivir confiado? ¿La guardia me hace vivir confiado? ¡No! Sólo tú, Jehová.

¿Quién es Jehová? Él es el único Dios verdadero (Dt. 6:4), soberano absoluto (Dn. 4:35), todopoderoso (Lc. 1:37), grande en misericordia y verdad (Ex. 34:6), quien te ha adoptado como uno de Sus hijos (Jn. 1:12), quien detrás y delante te rodea y pone sobre ti Su mano para cuidarte (Sal. 139:5); Jehová es, no sólo el Dios de David, sino también tú Dios –si tu haz ido a Jesucristo con arrepentimiento y fe; Él es quien ayer amó a David y hoy te ama en Cristo Jesús (Ro. 8:37). Por lo tanto, que tu confianza esté sólo en Aquel que «da descanso a sus amados» (Sal. 127:2; NTV).

Los textos bíblicos fueron tomados de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Usada con permiso.

Eres Dios – Sovereign Grace Music

En el día de hoy, nuestros amigos y hermanos de Sovereign Grace Music han lanzado oficialmente su tercer álbum en español titulado “Eres Dios”. Descrito por ellos mismos como «una colección de canciones originales y otras traducidas que hablan de las bellas y poderosas verdades del carácter de Dios revelado en el evangelio». Puedes comprar este álbum desde Amazon. Otra buena noticia es que si vas a asistir –y te invito a asistir– a la conferencia Por Su Causa de este año, “El Dios que adoramos”, allí podrás comprar el CD (Disco Compacto) de este nuevo álbum “Eres Dios”.

He aquí tres de mis canciones favoritas en este álbum –¡escúchenlas!1:

Mi vida es Cristo (All I have is Christ):

Gracia, Cristo (Jesus, thank you):

Venga tu reino (Let your kingdom come):


1 Aquellos que están suscritos vía correo electrónico posiblemente tendrán que acceder directamente a mi sitio en Internet para escuchar las canciones.

La lengua y las palabras.

 

En la epístola universal de Santiago, éste (inspirado por Dios) tomó una parte de la carta para tratar el tema de la lengua y las palabras que ofenden1 (Stg. 3:1-12). El capítulo 3, versículo 2 de la carta dice: “Porque todos tropezamos de muchas maneras. Si alguno no tropieza en lo que dice, es un hombre perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”. Santiago dice: “todos tropezamos” o “todos ofendemos” (RVR1960) –incluyéndose; no importa en qué país estés, no importa cuál es tu sexo, no importa cuál es tu personalidad, si eres honesto, debes reconocer junto con el apóstol Santiago que todos nosotros hemos ofendido a otras personas con nuestra lengua, con nuestras palabras, y así hemos pecado. Aunque es cierto que algunos tienden a ser más ofensivos que otros, Santiago dice que todos ofendemos «de muchas maneras». Por causa del pecado, la lengua, aunque es un pequeño miembro de nuestro cuerpo, tiene gran influencia, gran poder, particularmente para el mal; por eso se ilustra como un pequeño fuego capaz de incendiar un gran bosque (v. 5) y como «un fuego, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, es encendida por el infierno e inflama el curso de nuestra vida» (v. 6). ¡Terrible descripción!

En Mateo 12:35 Jesús hizo una advertencia que deberíamos considerar antes de abrir nuestra boca, soltar la lengua y expresar palabras: “Y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio”. Los hombres darán cuenta, a Dios el Juez justo, de toda palabra vana (lo cual abarca palabras que ofenden).

Volvemos a Santiago 3 y nos encontramos con la siguiente declaración: “pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno mortal” (v. 3); lo mismo leemos en Mateo 19:26a: “Para los hombres eso es imposible”. Ningún hombre puede domar la lengua, excepto Jesucristo (en quien somos aceptos); Jesucristo es descrito como en quien no «había engaño en su boca» (Is. 53:9). Ningún hombre puede domar la lengua, sin la gracia de Dios: “Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible” (Mateo 19:26). ¡Oh, cuánto necesitamos del Señor y Salvador Jesucristo! Necesitamos desesperadamente de Él para que nuestras ofensas (tropiezos) sean perdonadas y, con Su gracia seamos capacitados, para controlar nuestra lengua. Pidamos con confianza Su ayuda y dispongámonos a, siendo llenos Su Espíritu, hablar «entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor; dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre» (Ef. 5:19,20). Entonces, nuestra lengua y palabras ya no serán veneno mortal, sino que serán la verdad en amor (Ef. 4:15; 1 Co. 16:14), para edificación (1 Co. 14:26) y para la gloria de Dios (1 Co. 10:31).


1 Palabras que ofenden porque no son verdad o son verdad sin amor.

Huye y sigue.

Dios, quien nos ha dado Su gracia en Jesucristo, quiere que como cristianos huyamos del peligro de las pasiones pecaminosas de la juventud como la fornicación, el orgullo, la imprudencia y el amor al dinero. Pero también, El quiere que procuremos con diligencia la justicia, la fe, el amor y la paz; no como personas aisladas, sino en compañía de otros cristianos.

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