El segundo libro de CrĂłnicas no termina como esas tĂpicas historias “y fueron felices para siempre”. 2 CrĂłnicas 36:14-16 dice lo siguiente: “Asimismo todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo fueron infieles en gran manera, y siguieron todas las abominaciones de las naciones, y profanaron la casa del Señor que El habĂa consagrado en JerusalĂ©n. Y el Señor, Dios de sus padres, les enviĂł palabra repetidas veces por sus mensajeros, porque El tenĂa compasiĂłn de su pueblo y de su morada; pero ellos continuamente se burlaban de los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y se mofaban de sus profetas, hasta que subiĂł el furor del Señor contra su pueblo, y ya no hubo remedio”.
Ese pasaje bĂblico dice que el rey SedequĂas, los sacerdotes y el pueblo fueron infieles a Dios al hacer lo que Dios habĂa prohibido. Y debido al pecado de ellos, Dios se enfureciĂł contra ellos: el rey de los Caldeos matĂł despiadadamente a muchos de ellos (v. 17), quemaron la casa de Dios y se llevaron sus objetos a Babilonia (v. 18, 19), los sobrevivientes fueron llevados como siervos a Babilonia (v. 20).
Pero antes de que todo eso pasara, Dios habĂa enviado Su Palabra repetidas veces por medio de Sus mensajeros. Pero en vez de escuchar, la naciĂłn despreciaba y se burlaba de la Palabra de Dios. Por ejemplo, el profeta JeremĂas hablĂł a SedequĂas para que se volviera de su mal camino a Dios, pero el rey no se humillĂł y obstinĂł su corazĂłn (vv. 12, 13).
Dios sigue haciendo lo mismo hoy: Él pone cristianos, con la Biblia en sus corazones, a nuestro alrededor y envĂa Su Palabra a travĂ©s de ellos. Y en ocasiones Su Palabra es de reprensiĂłn, que lo que estamos haciendo está mal y que nos irá mal si continuamos por ese camino.
Y algo que la naciĂłn de Judá en su pecado en ese entonces y que nosotros en nuestro pecado hoy fallamos en ver es eso que dice claramente en la Ăşltima parte del versĂculo 15: “porque El tenĂa compasiĂłn de su pueblo”. Dios enviaba Su Palabra a travĂ©s de Sus mensajeros porque Él tenĂa compasiĂłn de Su pueblo. Su compasiĂłn fue la razĂłn por la cual Él hizo eso repetidas veces. Su Palabra, por más dura que sea, siempre viene de Su corazĂłn compasivo.
AsĂ que la prĂłxima vez que un cristiano venga con la Palabra de Dios a ti y te diga “estás mal”, “debes cambiar”; no obstines tu corazĂłn al continuar en pecado, no te burles del mensajero diciĂ©ndole que Ă©l se cree el más santo de la iglesia, no desprecies la Palabra al decir que el asunto no es tan serio. Mas bien, humĂllate y vuĂ©lvete a Dios. Dios pudo haberte dejado en tu pecado hasta que no haya más remedio, pero en Su gran compasiĂłn Él enviĂł Su Palabra a ti.