¡QuĂ© Modelo! ¡QuĂ© Salvador!

Marcos, en el capítulo 14 de su evangelio, relata como Jesús fue traicionado por Judas y arrestado. También relata que al llevar a Jesús al sumo sacerdote, se reunieron allí todos los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas.

Todo ese concilio, que era como la Corte Suprema de los judĂ­os, sĂłlo querĂ­a una cosa: destruir o darle muerte a JesĂşs. Es por eso, que la primera parte del versĂ­culo 55 dice: “Y los principales sacerdotes y todo el Concilio procuraban obtener algĂşn testimonio para dar muerte a JesĂşs”. Pero la Ăşltima parte de ese mismo versĂ­culo agrega inmediatamente: “no lo hallaban”. No pudieron encontrar en JesĂşs algĂşn delito por el cual ser condenado.

Y el relato nos dice que no faltaron personas que dieran falso testimonio contra JesĂşs, al contrario, se nos dice que “muchos” lo hicieron. Pero aun asĂ­, sus testimonios no coincidĂ­an. La ley judĂ­a establecĂ­a que “al que ha de morir se le dará muerte por la declaraciĂłn de dos o tres testigos. No se le dará muerte por la declaraciĂłn de un solo testigo” (Deu. 17:6).

Los falsos testigos, en su intento de tener algo en contra de JesĂşs, tergiversaron Sus palabras. Ellos afirmaron que habĂ­an escuchado a JesĂşs decir: “Yo destruirĂ© este templo hecho por manos, y en tres dĂ­as edificarĂ© otro no hecho por manos”. ÂżHabĂ­a JesĂşs dicho eso? SĂ­, pero Él se referĂ­a a Su cuerpo –no al templo fĂ­sico–. Pero Marcos vuelve a decir en su relato: “Y ni siquiera en esto coincidĂ­a el testimonio de ellos” (v. 59).

JesĂşs permaneciĂł en silencio ante todos aquellos que testificaban contra Él, hasta que el Sumo Sacerdote le preguntĂł: “¿Eres TĂş el Cristo, el Hijo del Bendito?” (v. 61). Fue entonces cuando JesĂşs abriĂł Su boca y dijo explĂ­citamente: “Yo soy; y verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo” (v. 62). Dejando asĂ­ claro que Él estaba completamente seguro de quiĂ©n era e invitándonos a todos nosotros a estar seguros de quien Él es.

Fue por esa respuesta que Jesús fue acusado de blasfemia y declarado digno de muerte. Ahora, debido a que Jesús verdaderamente era quien había dicho ser –lo cual demostró al resucitar después de tres días–; Su respuesta no fue una blasfemia y Él seguía siendo inocente.

UN HOMBRE INTACHABLE

Jesús es el modelo perfecto de integridad, rectitud y de un carácter intachable. Todos sus enemigos se unieron para buscar algo en Sus palabras o acciones que pudieran usar en Su contra y condenarlo. Y debido a que Jesús estaba ante Sus enemigos y no ante otro grupo, la búsqueda de algo en Su contra fue minuciosa, muchas mentiras fueron dichas y Sus Palabras fueron tergiversadas. Pero al final, Jesús seguía siendo irreprensible. A pesar de los dardos y flechas que Sus enemigos le lanzaron con la mayor precisión y con todas sus fuerzas, Jesús se mantuvo en pie.

Pero Jesús no es sólo un modelo, Él es principalmente el Salvador. Si, como Jesús, estuviéramos parados delante de personas que se oponen a nosotros, no pasaría mucho tiempo para que ellos encontraran algo en nuestra contra. Y aun si fuera posible ser declarados inocentes delante de ellos, no sería así si estuviéramos delante del Dios que es tres veces santo y conoce todo nuestros pensamientos y cada una de nuestras motivaciones. Pero Jesús vivió la vida perfecta que nosotros no vivimos y murió la muerte que nosotros merecíamos para así salvarnos.

¡Qué Modelo a imitar y que Salvador en quién confiar tenemos en Jesús!

Dios castigĂł a Su Siervo más obediente.

En el capítulo 53 de su libro, el profeta Isaías escribe acerca de un siervo a quien el Señor Dios describe como Suyo: “Mi Siervo” (v. 11). El profeta nos dice que este Siervo del Señor sería un Siervo sufriente (vv. 1-9) y, después, un Siervo exaltado (vv. 10-12).

Y a la luz del Nuevo Testamento, es claro que ese Siervo del Señor es Jesús. Él sufrió hasta la muerte en la cruz y, entonces, fue exaltado con Su resurrección y ascensión.

Leamos las palabras del profeta en Isaías 53:4-6: “Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores. Con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros”.

A partir de ese capĂ­tulo, quiero que veamos el agente, la causa y los beneficiarios de los sufrimientos de JesĂşs.

EL AGENTE

Jesús fue azotado, herido y abatido por Dios. Sí, Herodes, Pilato, los gentiles y el pueblo de Israel fueron responsables de arrestar y crucificar a Jesús (Hch. 4:27), pero en última instancia fue Dios quien estaba detrás de todo ello. Fue Dios quien entregó a Jesús. Como alguien dijo, quien mató a Jesús no fue Judas, no fueron los judíos, no fue Pilato, sino Dios. Todo eso se confirma con las palabras del profeta: “Pero quiso el Señor quebrantarlo, sometiéndolo a padecimiento” (Is. 53:10). Detrás del azote, herida y aflicción de Jesús había un Dios con un ceño fruncido (justamente airado) por el pecado.

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