¡Sólo en Jesús hay salvación!

En Hechos 4 se relata como Pedro y Juan fueron arrestados debido a que ellos anunciaban al pueblo la resurrección en Jesucristo. Al Pedro y Juan ser llevados ante el concilio, Pedro es lleno del Espíritu Santo y les dice que la autoridad que ellos tienen para hablar y actuar viene de Jesucristo, quien había sido crucificado, pero quien también resucitó de entre los muertos. Y Pedro concluye de la siguiente manera:

“Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch. 4:12).

Pedro está hablando aquí de Jesús y fue precisamente porque sólo Él puede salvar a Su pueblo que se le dio ese nombre (Mat. 1:21). “Y en ningún otro hay salvación” fue proclamado por Pedro y Juan con tanta confianza que su audiencia quedo maravillada. En María no hay salvación, en Mahoma no hay salvación, en Buda no hay salvación. Pero también eso nos incluye a ti y a mí: en nosotros mismos no hay salvación, no hay obra que podamos hacer por la cual podamos ganarnos la salvación. ¡Sólo en Jesús hay salvación!

Aparte de Jesús no podemos ser salvos del castigo por el pecado y del domino del pecado en nuestras vidas. Ese Jesús es, tal como proclamaron Pedro y Juan, Dios mismo que se hizo hombre. Ese Jesús es, a diferencia de todos nosotros, quien durante toda su vida siempre hizo lo bueno y nunca hizo lo malo. Ese Jesús es quien, aun siendo justo, murió en la cruz del calvario como el más vil criminal en el lugar de pecadores que se arrepienten y confían en Él.

En la cruz del calvario Jesús dijo “¡consumado es!”, indicando que Él ya había hecho todo lo necesario para la salvación de los pecadores. Y, tres días después, Dios Padre resucitó a Jesucristo, confirmando así que en sólo en Jesús hay salvación para los pecadores.

¿Y tú? ¿Ya has puesto toda tu fe en Jesús para salvación? Si no, este es un buen momento para hacerlo: confía exclusivamente en Jesús como tu único y suficiente salvador y serás salvado.

Una promesa que Jesús hizo antes de irse.

Antes de que Jesucristo ascendiera al Padre que lo había enviado, Él le hizo la siguiente promesa a Sus discípulos que quedaron en este mundo: “En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre, os lo dará en mi nombre” (Juan 16:23).

Primero, nótese la amplitud de la promesa: “si pedís algo”. La promesa es muy amplia ya que no se limita a algunas cosas, sino a “todo lo que le pidan” (NVI).

Segundo, nótese el medio: “si pedís… al Padre”. La oración es el medio por el cual recibimos de Dios aquellas cosas que queremos. Así lo ha establecido Dios. Si no utilizamos este medio no debemos esperar obtener las cosas que queremos.

Tercero, nótese la promesa en sí: “os lo dará”. Jesucristo le prometió a Sus discípulos que Dios les concedería todo lo que ellos pidieran a Dios por medio de la oración. “Obtendrán lo que piden”, Jesucristo prometió a los creyentes que oran.

Cuarto, nótese el fundamento: “en mi nombre”. Esto no es menos importante que todo lo anterior: el fundamento de una oración respondida es el nombre de Jesús. Eso significa que todo lo que se pide es de acuerdo a la voluntad de Dios y confiando únicamente en los méritos de Jesucristo.

Quinto, nótese la seguridad de esta promesa: “en verdad, en verdad os digo”. ¿Suena todo esto demasiado bueno para ser verdad? Jesucristo aseguró que esta promesa es cierta, es verdad. Por lo tanto, no cabe la más mínima duda de que se cumplirá.

El amor más grande de todos.

El amor de Dios se muestra como muy grande en el hecho de a quiénes amó (un mundo pecador), la clase de regalo que dio (Su Hijo unigénito) para no darles lo que ellos sí merecían (ser entregados a miserias eternas) y darles lo que ellos no merecían (la vida eterna).

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