
Para descargar la imagen: (1) Haga clic en la imagen, (2) clic derecho sobre ésta y (3) seleccione “Guardar como…”. Si está desde una MAC, sólo basta con (1) hacer clic en la imagen y (2) arrastrarla a su escritorio.

Para descargar la imagen: (1) Haga clic en la imagen, (2) clic derecho sobre ésta y (3) seleccione “Guardar como…”. Si está desde una MAC, sólo basta con (1) hacer clic en la imagen y (2) arrastrarla a su escritorio.
El amor es un afecto que se manifiesta con acciones. Y Jesucristo debe ser amado sobre todo y todos, porque Él lo merece.
El libro de JosuĂ© comienza con noticias abrumadoras (muy preocupantes): “despuĂ©s de la muerte de MoisĂ©s” (JosuĂ© 1:1). ÂżPor quĂ© digo noticias abrumadoras? Porque Dios utilizĂł a MoisĂ©s para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto y llevarlos a la tierra prometida, «una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (Éx. 3:7, 8). MoisĂ©s era el lĂder del pueblo, era un profeta Ăşnico a quien el Señor conocĂa cara a cara; a travĂ©s de Ă©l, Dios hizo señales y prodigios ante los egipcios, y hechos grandiosos y terribles ante los ojos de todo Israel (Dt. 34:10-12). Pero antes de que el muy numeroso pueblo de Israel poseyera la tierra prometida, MoisĂ©s muere.

Entonces, Dios dijo lo siguiente a JosuĂ©: “Mi siervo MoisĂ©s ha muerto; ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tĂş y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel… tĂş darás a este pueblo posesiĂłn de la tierra que jurĂ© a sus padres que les darĂa” (vv. 2, 6). Dios estaba consciente de que MoisĂ©s habĂa muerto, sin embargo, Él no le preguntĂł a JosuĂ© quĂ© harĂan ahora que MoisĂ©s no estaba, Él no le dijo al pueblo que “regresaran a sus casas” porque ya no valĂa la pena seguir adelante. Dios no entrĂł en pánico ante la muerte de Su siervo MoisĂ©s. NĂłtese que inmediatamente despuĂ©s de decir que MoisĂ©s habĂa muerto, Dios le dice a JosuĂ©: “levántate, cruza… tĂş darás a este pueblo posesiĂłn de la tierra”. Es como si Dios hubiera dicho: “¿MuriĂł MoisĂ©s? Bien, ¡JosuĂ©, manos a la obra!”. MoisĂ©s, “el gran lĂder” segĂşn muchos, habĂa muerto, pero no la obra de Dios.
No creamos que somos “la gran cosa” (dicho de otra manera: lo máximo; la última Coca-Cola del desierto), ni creamos que otro hombre es “la gran cosa”. Dios es un gran Dios, cuya gloria es ser el [único] indispensable; y nuestro privilegio es formar parte, como Sus instrumentos, de lo que Él está haciendo.