«Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento. Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se extinguió» (Números 11:1, 2).
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La ciudadanía que más importa.
La ciudadanía de países de la Unión Europea —como España—, la de Estados Unidos y la de Canadá se encuentran entre las más codiciadas del mundo. La razón es evidente: estos países ofrecen beneficios internos como calidad de vida y poder económico, así como ventajas externas, especialmente la facilidad de movilidad internacional.
Sin embargo, en este breve artículo quiero hablarte de una ciudadanía mucho más importante que todas estas.
Alejados de la ciudadanía de Israel
«recuerden que en ese tiempo ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios en el mundo» (Efesios 2:12).
Sin Cristo estábamos lejos de la ciudadanía de Israel. Puede que, para algunos, esto no parezca gran cosa, pero en realidad lo es. En el Antiguo Testamento, Dios escogió a Israel —y no a ninguna otra nación— como Su pueblo especial: “Porque tú eres pueblo santo para el Señor tu Dios; el Señor tu Dios te ha escogido para ser pueblo Suyo de entre todos los pueblos que están sobre la superficie de la tierra” (Deuteronomio 7:6).
A Israel se le confiaron privilegios únicos: la Palabra de Dios (Romanos 3:2), la adopción, la gloria, el pacto, la ley, el culto y las promesas; de ellos son los patriarcas, y de ellos, según la carne, vino Cristo, “el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos” (Romanos 9:4-5).
Sin Cristo, estamos excluidos de esa ciudadanía. Si crees que duele que te nieguen una visa americana, mucho más doloroso es estar excluido de la ciudadanía del Israel espiritual de Dios.
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José fue el principal instrumento de Dios para preservar la vida de Jacob y sus hermanos durante los siete años de hambre que azotaron a la tierra. José proveyó tanto para ellos como para sus hijos mientras él vivía. Ahora, nótese que dije que José no fue más que un “instrumento”, al fin y al cabo, fue Dios quien bendijo a Israel.
El libro de Éxodo comienza con la siguiente noticia: “Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación” (Éx. 1:6). José, aquel que había provisto para Israel por años, había muerto. ¿Qué pasaría con Israel ahora? El versículo siguiente responde a esa pregunta: “Pero los hijos de Israel fueron fecundos y aumentaron mucho, y se multiplicaron y llegaron a ser poderosos en gran manera, y la tierra se llenó de ellos” (v. 7). A pesar de que José se había ido, Israel continuaba aumentando y multiplicándose.
Después se levantó un rey en Egipto que puso capataces sobre Israel, para oprimirlos con duros trabajos. Pero eso no funcionó: “Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y más se extendían, de manera que los egipcios llegaron a temer a los hijos de Israel” (v. 12). Lo más natural que se esperaba de la opresión era que Israel no se multiplicará; pero Israel se multiplicaba –a pesar de la opresión–. El agua que estaba supuesta a extinguir el fuego, terminó encendiéndolo más.
Uno de los últimos recursos que utilizó el rey de Egipto contra Israel fue el siguiente: “y [Faraón] les dijo [a las parteras]: Cuando estéis asistiendo a las hebreas a dar a luz, y las veáis sobre el lecho del parto, si es un hijo, le daréis muerte, pero si es una hija, entonces vivirá” (v. 16). Pero ni aún eso funcionó ya que las parteras eran temerosas de Dios y por eso “no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que dejaron con vida a los niños” (v. 17).
¿Qué aprendemos de todo esto? Aprendemos que Dios es la fuente de toda bendición para Su pueblo. Él puede usar y generalmente usa medios para bendecirte, pero Él no está atado a ellos. Dios puede utilizar a algún familiar, a algún amigo o a algún trabajo para bendecir tu vida; pero Dios puede bendecirte aun si ese familiar muere, si ese amigo se va o si te despiden del trabajo. Dios puede bendecirte incluso en circunstancias desfavorables. Él lo hizo con Israel y sin duda lo puede hacer contigo.
Esperanza para el más desesperanzado.
En Jesucristo hay esperanza para el más desesperanzado.