Spurgeon sobre “Aquellos que critican la elecciĂłn”.

Hay quienes dicen: «Dios es cruel cuando elige a uno y pasa por alto a otro.» Entonces, yo les preguntaría: ¿Hay alguien el día de hoy que desea ser santo, que desea ser regenerado, que desea abandonar el pecado y caminar en santidad? «Sí, hay,» dice alguien, «Yo quiero.» Entonces Dios te ha elegido a ti. Sin embargo otro dice: «No; yo no quiero ser santo; no quiero dejar mis pasiones ni mis vicios.» ¿Por qué te quejas, entonces, de que Dios no te haya elegido a ti? Pues si hubieras sido elegido, no te gustaría, según lo estás confesando. Si Dios te hubiera elegido hoy a la santidad, tú dices que no te importa. ¿Acaso no estás reconociendo que prefieres la borrachera a la sobriedad, la deshonestidad a la honestidad?

Amas los placeres de este mundo más que la religiĂłn; Âżentonces, por quĂ© te quejas que Dios no te haya elegido para la religiĂłn? Si amas la religiĂłn, Él te ha elegido para la religiĂłn. Si la deseas, Él te ha elegido para ella. Si no la deseas, ÂżquĂ© derecho tienes de decir que Dios debiĂł haberte dado aquello que no deseas? Suponiendo que tuviera en mi mano algo que tĂş no valoras, y que yo dijera que se lo voy a dar a tal o cual persona, tĂş no tendrĂ­as ningĂşn derecho de quejarte de que no te lo estoy dando a ti. No podrĂ­as ser tan necio de quejarte porque alguien más ha obtenido aquello que a ti no te importa para nada. Continuar leyendo Spurgeon sobre “Aquellos que critican la elecciĂłn”.

Spurgeon sobre “El dĂ­a del juicio”.

La campana del tiempo ha tañido el Ăşltimo dĂ­a. Ahora viene el funeral de las almas condenadas. Tu cuerpo se acaba de levantar de la tumba, y te desatas la mortaja encerada, y miras hacia arriba. ÂżQuĂ© es lo que veo? ¡Oh!, ÂżquĂ© es lo que oigo? Oigo una explosiĂłn tremenda y terrible, que sacude los pilares del cielo, y hace que el firmamento se tambalee de espanto; la trompeta, la trompeta, la trompeta del arcángel sacude los Ăşltimos lĂ­mites de la creaciĂłn. Miras y quedas pasmado. SĂşbitamente se escucha una voz, y unos dan alaridos, y otros cantan himnos, Él viene, Él viene, Él viene; todo ojo le verá. AllĂ­ está; el trono descansa sobre una nube, blanca como el alabastro. AllĂ­ está sentado. «Es Él, el Hombre que muriĂł en el Calvario (veo Sus manos traspasadas), pero, ¡ah, cuán cambiado está! No tiene una corona de espinas. Estuvo ante el tribunal de Pilato, pero ahora la tierra entera debe estar ante Su tribunal. Pero ¡escuchen! La trompeta suena otra vez: el Juez abre el libro, hay un silencio en el cielo, un solemne silencio: el universo está quieto. «Junta a mis escogidos y a mis redimidos de los cuatro vientos del cielo.» Rápidamente son juntados. Y como el brillo de un relámpago, el ala de ángel divide a la multitud. AquĂ­ están los justos todos congregados; y, pecador, allá estás tĂş, a la izquierda, dejado fuera, entregado a soportar la sentencia ardiente de la ira eterna. ¡Escucha! Las arpas del cielo tocan dulces melodĂ­as; pero a ti no te traen ningĂşn gozo, mientras los ángeles están repitiendo la bienvenida del Salvador a Sus santos. «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundaciĂłn del mundo.» Ustedes han tenido ese momento de respiro, y ahora Su rostro está acumulando nubes de ira, y el trueno está en Su frente; te mira a ti que le has despreciado, a ti que te burlaste de Su gracia, que despreciaste Su misericordia, a ti que quebrantaste Su dĂ­a de descanso, a ti que te mofaste de Su cruz, a ti que no aceptaste que reinara sobre ti; y con una voz más fuerte que diez mil truenos, Él clama: «Apartaos de mĂ­, malditos.» Y luego… no, no continuarĂ©. No hablarĂ© de las llamas inextinguibles. No voy a hablar de los padecimientos del cuerpo, ni de las torturas del espĂ­ritu. Pero el infierno es terrible; la condenaciĂłn es aflictiva. ¡Oh, escapa! ¡Escapa! ¡Escapa, para que, allĂ­ donde estás, no tengas que aprender tal vez quĂ© significan los horrores de la eternidad, en el golfo de la eterna perdiciĂłn!

Este artículo es un extracto tomado de: Charles Spurgeon. Un llamado a los inconversos. Traducción de Allan Román.

ÂżMalos, pero no para tanto?

Era sábado. Alrededor de la una de la tarde. Yo estaba en la clase de uno de los profesores más temperamentales de la universidad. Una breve lluvia cayó, dejando así más calor que frescura. Fue entonces cuando el profesor interrumpió la clase y dijo en voz alta: “yo sé que somos malos, pero no es para tanto”. Esa era una queja, dirigida hacia Dios. El profesor estaba diciendo que el hombre (varón y hembra) es malo, pero no tanto como para sufrir el calor de aquel momento.

Lamentablemente no pensé en la siguiente respuesta hasta que salí de la clase; sin embargo, he aquí mi respuesta al profesor (y también para todos aquellos que de alguna manera piensan como él):

Aunque usted afirma que somos malos, implícitamente lo que quiere decir es que “somos malos, pero no tan malos”. Pero permítame decirle que sí somos muy malos. Después de Génesis 3 (la caída) Dios vio «que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal». Este es el hombre aparte de la gracia salvífica de Dios: “NO HAY JUSTO, NI AUN UNO; NO HAY QUIEN ENTIENDA, NO HAY QUIEN BUSQUE A DIOS; TODOS SE HAN DESVIADO, A UNA SE HICIERON INÚTILES; NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO” (Véase Romanos 3:10ss).

El hombre no se ve “tan” malo porque su corazón no tan sólo es perverso, sino que también es engañoso (Jeremías 17:9). Dice que la total depravación del hombre es una exageración, llamando así mentiroso a Dios. Pero cada vez que hace así, confirma su gran pecado.

Entonces, si el hombre es tan malo, y lo es1, el castigo de éste debe ser terrible. Ahora, sepa que el calor que ha experimentado no es tan terrible como el calor del infierno. El infierno es el lugar donde los pecadores impenitentes serán castigados al estar separados de Dios (2 Ts. 1:8, 9), fuente de gozo pleno y deleites eternos (Sal. 16:11). Así que, aunque usted sí es muy malo –al igual que todos nosotros aparte de la gracia de Dios–, no está sufriendo tanto calor como merece (es decir, todavía no está en el infierno). Y toda esta bondad de Dios tiene el propósito de que se arrepienta sinceramente de todos sus pecados y confíe en Jesucristo como Salvador y Señor (Ro. 2:4), y sea salvo.


1 Alguien dijo que una persona no sabe qué tan mala es, hasta que se dispone con todas sus fuerzas a ser buena y se da cuenta de que no puede.