TĂş y yo, como criaturas, tenemos necesidades fĂsicas que requieren ser satisfechas. Por ejemplo, tenemos hambre y sed. Y debemos estar agradecidos porque Dios ha provisto eso que satisface nuestras necesidades fĂsicas: Él ha provisto alimento para nuestra hambre y agua para nuestra sed. ÂżTe imaginas un mundo en donde tengamos hambre y sed, pero sin alimento y agua? SerĂa una tortura.
Pero hay una necesidad más profunda que requiere ser satisfecha. Y la buena noticia es que incluso para ésta Dios ha hecho provisión. Debemos estar infinitamente agradecidos.
En Juan 6 se relata como una multitud, que el dĂa anterior habĂa sido alimentada milagrosamente hasta la saciedad, busca a JesĂşs. JesĂşs, entonces, invita a la multitud a preocuparse más “por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre os dará” (v. 27). Quien da ese alimento es JesĂşs y el alimento del cual se habla es JesĂşs mismo:
“Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mà no tendrá hambre, y el que cree en mà nunca tendrá sed” (v. 35).
En ese versĂculo, JesĂşs se presenta a sĂ mismo como dos cosas indispensables para la vida: pan (alimento) y agua. Como nuestro cuerpo no puede vivir sin estas dos cosas, asĂ tambiĂ©n nuestra alma no puede tener vida eterna sin JesĂşs.
Pero eso no es todo, la vida eterna que Jesús ofrece no es meramente una vida que se extiende para siempre. La vida que Jesús ofrece es una vida de abundancia espiritual, es una vida de gozo –no sin dificultades, sino a pesar de éstas–, es una vida de satisfacción en todo lo que Él es para nosotros. El alma que se acerca a Jesús, por la fe, “no tendrá hambre… nunca tendrá sed”. Esa clase de vida comienza a experimentarse por los creyentes aquà y se experimentará plenamente en la eternidad futura.
Tratar de satisfacer el hambre y la sed del alma con otras cosas o personas que no sean JesĂşs es como tratar de satisfacer el hambre con bocadillos y la sed con jugos artificiales –no hay satisfacciĂłn duradera–. San AgustĂn dijo: “TĂş, oh Señor, nos has hecho para ti y nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en ti”.