Roca de la eternidad.

Roca de la eternidad,
fuiste abierta Tú por mí.
Sé mi Escondedero fiel,
sólo encuentro paz en Ti.
Rico, limpio manantial,
en el cual lavado fui.

Aunque sea siempre fiel,
aunque llore sin cesar,
del pecado no podré
justificación lograr;
sólo en Ti teniendo fe
el perdón podré alcanzar.

Nada traigo para Ti,
mas tu cruz es mi sostén,
desprovisto y en escasez,
hallo en Ti la paz y el bien;
sucio y vil acudo a Ti,
a ser puro y limpio al fin.

Mientras haya de vivir,
y al instante de expirar;
cuando vaya a responder
en tu augusto tribunal,
sé mi escondedero fiel,
Roca de la eternidad.

Letra: Augustus M. Toplady, 1775, trad. T. M. Westrup. Música: Thomas M. Hastings, 1830.

Se trata de Cristo Jesús.

"Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, para que, tal como está escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORIE EN EL SEÑOR" (1 Co. 1:30,31).
“Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, para que, tal como está escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORIE EN EL SEÑOR” (1 Co. 1:30,31).

Para descargar la imagen: (1) Haga clic en la imagen, (2) clic derecho sobre ésta y (3) seleccione “Guardar como…”. Si está desde una MAC, sólo basta con (1) hacer clic en la imagen y (2) arrastrarla a su escritorio.

Spurgeon sobre “La justificación”.

“Justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:26).

“JUSTIFICADOS por la fe tenemos paz para con Dios”. La conciencia no acusa más. El juicio se decide ahora en favor del pecador. La memoria recuerda con profundo dolor los pecados pasados, pero no teme que le venga ningún castigo, pues Cristo ha pagado la deuda de su pueblo hasta la última jota y el último tilde, y ha recibido la aprobación divina. A menos que Dios sea tan injusto como para demandar un pago doble por una deuda, ninguna alma, por la cual Cristo murió como substituto, puede jamás ser echada al infierno. Creer que Dios es justo parece ser uno de los fundamentos de nuestra naturaleza iluminada. Nosotros sabemos que esto debe ser así. Al principio nos causaba terror pensar en esto. Pero ¡qué maravilla, que esta misma creencia de que Dios es justo, llegara a ser más tarde, el pilar en que se apoyaría nuestra confianza y nuestra paz! Si Dios es justo, yo, que soy un pecador sin substituto, debo ser castigado. Pero Jesús ocupa mi lugar y es castigado por mí. Y ahora, si Dios es justo, yo, que soy un pecador que está en Cristo, nunca puedo perecer. Dios cambia de actitud frente a un alma, cuyo substituto es Jesús; y no hay ninguna posibilidad de que esa alma sufra la pena de la ley. Así que, habiendo Jesús tomado el lugar del creyente, habiendo sufrido todo lo que el pecador debía haber sufrido a causa de su pecado, el creyente puede exclamar triunfalmente: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?”. No lo hará Dios, pues él es el que nos justifica; tampoco lo hará Cristo, pues él es el que murió, “más aún, el que también resucitó”.

No tengo esta esperanza porque no sea pecador, sino porque soy un pecador por quien Cristo murió. No creo que yo sea un santo, pero creo que, aunque soy impío, él es mi justicia. Mi fe no descansa en lo que soy, sino en lo que Cristo es, en lo que él ha hecho, y en lo que está haciendo ahora por mí.

Este artículo fue tomado de: C. H. Spurgeon. Lecturas Matutinas (Terrassa: CLIE, 1984); Septiembre 25.

El corazón del evangelio.

Predicador: Juan José Pérez.
Pasaje bíblico: Romanos 3:21-26.

¿DE QUÉ HABLA EL PASAJE?

De “la justicia de Dios” (v. 21).

¿CUÁL ES ESTA JUSTICIA?

La justicia de la que habla el pasaje (v. 21) es precisamente esa justicia que el pecador (tanto judío como gentil) no tiene, pero que necesita para poder entrar a la presencia de Dios. No hay manera, entonces, de que el hombre pueda entrar a la presencia de Dios, a menos que Dios mismo le de esa justicia.

¿QUÉ SE DICE DE ESA JUSTICIA?

“Se ha manifestado” (v. 21). ¡Una magnifica noticia! Esa justicia que desesperadamente necesitamos se ha hecho visible, clara, manifiesta y conocida.

¿CÓMO SE HA REVELADO ÉSTA?

  • Negativamente: “Aparte de la ley”.
  • Positivamente: “La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo”.

¿CÓMO SE RECIBE ESTA JUSTICIA?

“Por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en El” (v. 22). La fe es el medio para recibir la justicia de Dios. Para que el pecador reciba esta justicia, es necesario que abra las manos de la fe y la reciba. No se trata de abrir las manos para ofrecerle a Dios nuestras justicias (Is. 64:6), se trata de abrir las manos necesitadas para pedir y recibir la justicia que Dios mismo me da. Continúa leyendo El corazón del evangelio.