
Ya comenzó el aƱo 2015 y junto con Ć©l comienzan nuevas, o no tan nuevas, resoluciones que han de llevarse a cabo a lo largo de este aƱo. La resolución de muchos en este aƱo es ejercitar su cuerpo. Eso estĆ” bien, pero hay algo mejor que no debemos descuidar. En 1 Timoteo 4:8 el apóstol Pablo (inspirado por Dios) dice: āel ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venideraā (RVR1960).
En ese versĆculo el apóstol contrasta el ejercicio corporal con la piedad. Y desde ya es importante aclarar que el contraste que Pablo hace no es entre algo pecaminoso y algo santo. MĆ”s bien Pablo contrasta aquello que es poco provechoso (ejercicio corporal) con aquello que para todo aprovecha (piedad). AsĆ que, aquel que ha resuelto ejercitar su cuerpo no estĆ” pecando necesariamente. Ahora, mi llamamiento en este artĆculo es a que todos nos involucremos en ejercitarnos para la piedad, aun con mĆ”s diligencia que la que tenemos al ejercitar nuestro cuerpo.
Don Whitney, profesor de espiritualidad bĆblica, define la piedad Ā«como una cercanĆa a Cristo y una conformidad a Cristo, una conformidad que es tanto interna como externa, una creciente conformidad tanto al corazón de Cristo como a la vida de CristoĀ».
ĀæPor quĆ© la piedad para todo aprovecha a diferencia del ejercicio corporal que para poco aprovecha? Porque mientras el ejercicio corporal tiene promesa solamente de esta vida presente, la piedad Ā«tiene promesa de esta vida presente, y de la venideraĀ». Como dijeron Jamieson, Faussett y Brown: āuna vida en sus goces y usos mĆ”s verdaderos ahora, y una vida bendecida y eterna en el futuro (Mt. 6:33; Mc. 10:29, 30)ā. Todo aquello que nos sirva tanto para el presente como para la eternidad siempre serĆ” superior a lo que sólo nos sirve para el presente.
En el versĆculo anterior, 1 Timoteo 4:7b, se nos manda: āEjercĆtate para la piedadā (RVR1960). Ejercitarse para la piedad es esforzarnos por hacer lo que es agradable a Dios, desde un corazón que tiene una relación con Dios por la obra de Jesucristo. Sin olvidar que se nos ha dado todo lo que pertenece a la piedad (2 P. 1:3). EjercitĆ©monos, pues, en la lectura de Su Palabra y la obediencia a Ć©sta. EjercitĆ©monos en la oración privada y en la dependencia en el SeƱor. EjercitĆ©monos en la comunión con nuestros hermanos en Cristo. EjercitĆ©monos en la piedad.