Misael Susaña comparte cuál es la condición del corazón y la manera apropiada de ofrendar a Dios o dar a nuestros hermanos en necesidad, al considerar el ejemplo de las iglesias de Macedonia y el ejemplo supremo de Jesucristo.
Etiqueta: Riqueza
¿Qué dice la Biblia sobre el dinero y las posesiones?
- Absolutamente todo es de Dios (Salmos 24:1; Hageo 2:8).
- Dios controla todo, incluso la economĂa de una naciĂłn (2 Reyes 6:33ss; Santiago 4:13-16).
- Dios se ha comprometido a suplir todas las necesidades de los Suyos y puede hacerlo aun sin nuestro dinero (Salmos 23:1; Mateo 6:25-34).
- Dios es quien da los medios (fuerzas) por los cuales conseguimos el dinero, el dinero mismo y la capacidad de disfrutarlo (Deuteronomio 8:18; Eclesiastés 5:19).
- Dios ha establecido que el trabajo diligente y honesto es el medio por el cual conseguimos el dinero y las posesiones. Ahora, y no es menos cierto que, Dios advierte a quienes buscan hacerse ricos (Proverbios 10:4; 1 Timoteo 6:10).
- Debemos cuidarnos de la avaricia, Dios nos llama a estar contentos con lo que ya tenemos (1 Timoteo 6:8; Hebreos 13:5).
- Dios espera que paguemos a tiempo a quienes le debemos dinero (Deuteronomio 24:14, 15; Romanos 13:7, 8).
- Dios ve bien el ahorrar y el gastar sabiamente el dinero (Proverbios 6:6-8; 21:21).
- Si ponemos al dinero en el centro de nuestra vida no seremos satisfechos y se multiplicaran nuestros dolores. Sin embargo, con Dios en el centro de nuestra vida sĂ seremos satisfechos totalmente y en Su soberanĂa Él puede prosperarnos (Proverbios 11:28; EclesiastĂ©s 5:10, 11).
- Dios nos invita a acumular tesoros en el cielo, donde los tesoros son mejores (Mateo 6:19; Hebreos 10:34-36).
- Dios espera que compartamos con los pobres, principalmente con aquellos que están en la familia de la fe (Romanos 12:13; 1 Corintios 16:1, 2).
- Hay una conexiĂłn entre lo que damos o dejamos de dar y lo que Dios nos da o no nos da (Proverbios 19:17; 2 Corintios 9:6).
- Más que cuánto ofrendamos, Dios está interesado en cómo ofrendamos –con fe, alegremente, regularmente y proporcionalmente– (1 Corintios 16:2; 2 Corintios 9:7).
- Tanto la riqueza como la pobreza vienen de Dios. Riqueza no es necesariamente sinĂłnimo de tener el favor de Dios y pobreza no es necesariamente sinĂłnimo de no tener el favor de Dios (1 Samuel 2:7; Santiago 5:1-6).
- Son pocos los ricos que confĂan en Dios, la mayorĂa confĂan en sus riquezas (Salmos 49:6; Marcos 10:23-27).
- Nuestra alma, en un buen estado delante de Dios por Jesucristo, es nuestra más valiosa posesión (Mateo 16:26).
Este artĂculo no pretende ser un estudio detallado sobre el tema. Para una lista más extensas de versĂculos sobre este tema vea el libro Todo lo que la Biblia dice sobre el dinero.
La gracia en los Macedonios: el evangelio.
El apĂłstol Pablo no tan solo dio a conocer a los corintios acerca de la gracia de Dios dada a las iglesias de Macedonia como un estĂmulo para que ofrenden; sino que tambiĂ©n presentĂł a Jesucristo como el ejemplo supremo de que el amor se muestra como sincero cuando da. 2 Corintios 8:9 dice: “Porque conocĂ©is la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos”.
ÂżEn quĂ© consiste esta gracia de nuestro Señor Jesucristo? Consiste, en primer lugar, en que Jesucristo «siendo rico… por amor a vosotros se hizo pobre». ÂżQuiĂ©n es Jesucristo? Él es el Salvador (JesĂşs), el MesĂas prometido (Cristo), pero tambiĂ©n Él es el Señor (Dios mismo). Como Dios, Él es glorioso desde antes de la creaciĂłn del mundo (Jn. 17:5); a Él le pertenece el oro y la plata (Hag. 2:8); Él es tan rico que Él es quien da las riquezas a los ricos (1 Ti. 6:17); Él no solamente es dueño del oro y la plata, sino tambiĂ©n del mundo y todo lo que en Ă©l hay (Sal. 50:12). Sin embargo, se hizo pobre. «El Verbo se hizo carne, y habitĂł entre nosotros» –dice Juan 1:14–; cuando JesĂşs naciĂł, sus padres terrenales lo acostaron en un pesebre [cajĂłn donde se echa la comida a los animales] ya que no habĂa lugar para ellos en el MesĂłn (Lc. 2:7). En Filipenses 2:7, 8 se dice acerca de Jesucristo: “se despojĂł a sĂ mismo tomando forma de siervo, haciĂ©ndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humillĂł a sĂ mismo, haciĂ©ndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Y preguntamos: «Señor Jesucristo, ÂżquĂ© habĂa en tu corazĂłn al hacer esto? ÂżPor quĂ© te humillaste tanto?». Él nos responde a travĂ©s de 2 Corintios 8:9: “por amor a vosotros”.
Esta gracia de nuestro Señor Jesucristo consiste, en segundo lugar, en lo siguiente: “para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos”. Anteriormente vimos el por quĂ© (razĂłn o causa): amor por ti y por mĂ. Ahora vemos el para quĂ© (propĂłsito): nuestra riqueza espiritual. Jesucristo bajĂł, para subirnos a nosotros; se humillĂł, para llevarnos a la gloria; no se salvĂł (Mt. 27:40-43), para salvarnos a nosotros. Nosotros llegamos a ser ricos por medio de Su pobreza, fuimos enriquecidos a expensas de Su pobreza. Todo esto no fue un accidente, sino un acto consciente, intencional y amoroso de nuestro Señor Jesucristo. Por Su obediencia hasta la muerte de cruz hemos sido enriquecidos con la adopciĂłn como hijos de Dios, hemos sido enriquecidos con la segura aceptaciĂłn delante de Dios Padre, hemos sido enriquecidos con la redenciĂłn, hemos sido enriquecidos con el perdĂłn de pecados, hemos sido enriquecidos con la morada de Su Santo EspĂritu en nosotros, hemos sido enriquecidos con una gran herencia reservada en los cielos.
ÂżNo abunda más nuestro amor por Jesucristo al contemplar Su gran amor por nosotros? ÂżNo es el dar (monetaria y fĂsicamente) una de las formas de demostrar la sinceridad de nuestro amor (1) por Aquel por cuya pobreza llegamos a ser ricos y (2) por nuestros hermanos en necesidad?
1ra parte; 2da parte
Problemas del evangelio de la prosperidad: no es tan bueno.
El evangelio de la prosperidad puede parecer –para muchos– algo bueno, excelente; pero al compararlo con el evangelio verdadero, el evangelio de Jesucristo, nos damos cuenta de que el evangelio de Jesucristo tiene más peso, el evangelio de Jesucristo es muchĂsimo mejor. En comparaciĂłn con el evangelio de Jesucristo, el evangelio de la prosperidad no es lo suficientemente bueno.
Consideremos nuevamente Efesios 1:3: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendiciĂłn espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Ef. 1:3). NĂłtese que Pablo bendice a Aquel (i.e. Dios Padre) que ya habĂa bendecido tanto a Ă©l (Pablo) como a todo creyente («Bendito sea el Dios… que nos ha bendecido»). Nosotros bendecimos a Dios no para que nos bendiga, sino porque Él ya nos ha bendecido. ÂżGracias a quiĂ©n hemos sido bendecidos? Gracias a Cristo, en quien nuestra vida está escondida. ÂżCĂłmo se describe toda esta bendiciĂłn? Espiritual en los lugares celestiales. Dentro de toda esta bendiciĂłn espiritual se encuentra nuestra elecciĂłn (v. 4a), nuestra completa santificaciĂłn (v. 4b), nuestra predestinaciĂłn en amor y adopciĂłn (v. 5), nuestra aceptaciĂłn ante Él (v. 6), nuestra redenciĂłn (v. 7a), el perdĂłn de nuestros pecados (v. 7b) y el EspĂritu Santo habitando en nosotros (v. 13), que garantiza «una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos» (v. 14; cf. 1 P. 1:4). ¡Es con toda esta bendiciĂłn espiritual y celestial que hemos sido bendecidos!
ÂżTe das cuenta por quĂ© el evangelio de la prosperidad no se compara con el evangelio verdadero de Jesucristo? No hay nada mejor que ser adoptados como hijos de Dios; no hay nada mejor que ser aceptos, por Jesucristo, ante Dios; no hay nada mejor que la tercera persona de la trinidad (i.e. EspĂritu Santo) habitando en nosotros. Lo celestial y eterno siempre es mejor que lo terrenal y temporal; lo que no se deteriora ni se agota siempre es mejor que lo que se deteriora y se agota; lo incorruptible siempre es mejor que lo corruptible.
AsĂ que, cristiano, alĂ©grate y bendice a Dios. Porque aunque ahora no tengas salud fĂsica, tĂş tienes la salud de tu alma (salvaciĂłn); aunque ahora no tengas paz externa, tĂş has sido reconciliado con Dios por medio de Jesucristo (2 Co. 5:19); aunque seas pobre, eres rico espiritualmente (Ap. 2:9) –pobre mendigo es todo aquel que poseyendo todo en este mundo, no ha sido bendecido con toda bendiciĂłn espiritual en los lugares celestiales. ¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo!
1ra parte; 2da parte