El ladrón en la cruz.

Predicador: Bob Gonzales.
Pasaje bíblico: Lucas 23:32-43.

Quisiera que consideráramos una pregunta muy básica: ¿qué es un cristiano?; o siendo más exactos: ¿en qué se diferencia un cristiano de otras personas?

Esa es una pregunta tan básica que inicialmente podemos sentir que es demasiado elemental para nuestra consideración. Pero debemos considerarla debido a que (1) somos criaturas olvidadizas que necesitamos que se nos recuerde lo básico; (2) no debemos asumir que todos conocen la respuesta a esta pregunta; y (3) es una pregunta de vital importancia.

Escogeremos a un individuo en la Biblia que fue un cristiano genuino y marcaremos las características que lo distinguen de otros hombres. El ejemplo que he escogido es el ladrón en la cruz –el hombre que de acuerdo a este pasaje está hoy con Cristo en el paraíso.

He escogido al ladrón en la cruz porque en el cristianismo de este hombre vemos la diferencia más básica entre un cristiano y un no-cristiano. Frecuentemente describimos a los cristianos en términos de su carácter piadoso o sus buenas obras. Algo que aunque es apropiado, puede ser engañoso ya que se enfoca en el fruto del cristianismo antes que en la raíz.

EN QUÉ MANERAS EL CRISTIANO ES COMO LOS OTROS HOMBRES

  • En que por naturaleza es un pecador y es digno de condenación: «Y llevaban también a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos con El» (v. 32).
  • En que no ama naturalmente/inicialmente a Cristo, sino que lo rechaza: «Y uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultos, diciendo: ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!» (v. 39; Cf. Mt. 27:45).

EN QUÉ MANERA EL CRISTIANO ES DIFERENTE DE LOS OTROS HOMBRES

En que un cristiano es todo hombre, mujer, chico o chica que ha experimentado un cambio de corazón con respecto a Jesucristo (v. 40). Consideremos como este pasaje describe esta conversión:

  • Un cristiano es aquel que comienza a pensar seriamente sobre Dios y el juicio: «Pero el otro le contestó, y reprendiéndole, dijo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena?» (v. 40).
  • Un cristiano es aquel que reconoce su pecado y culpabilidad: «Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos» (v. 41).
  • Un cristiano es aquel que ya no encuentra falta en Jesús: «pero éste nada malo ha hecho» (v. 41).
  • Un cristiano es aquel que busca misericordia en Jesús: «Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino» (v. 42).

Y como resultado de la oración de fe de este hombre, el ladrón recién convertido murió con la siguiente promesa de Cristo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso» (v. 43).

APLICACIONES

Creo que Jesús salvó a este miserable hombre para asegurarnos que no hay pecador tan pecaminoso que Él no pueda salvar. Si tú sinceramente pides a Jesús que tenga misericordia, puedo asegurarte que algún día estarás con Él en el paraíso.

Pero si continuarás en tu pecado, y entonces cuando seas viejo y estés muriendo, pedirás al buen Señor que se acuerde de ti: no seas presuntuoso. No pienses que puedes ir a Cristo en el momento que tú quieras. J. C. Ryle dijo que «un ladrón fue salvado para que ningún pecador desespere, pero sólo uno, para que ningún pecador presuma». ¡Hoy es el día de salvación!

Estas anotaciones fueron tomadas del sermón, predicado por Robert Gonzales, titulado The Thief on the Cross: Portrait of a True Christian. Traducción de Misael Susaña. Usado con permiso.

¿Qué aprendemos en John Wick sobre el pecado?

John WickRecientemente me preguntaron si había visto la película John Wick, mi respuesta fue negativa. Entonces me mostraron el tráiler: John Wick es un asesino de la mafia rusa retirado, pero que vuelve «a la acción» después de que unos matones rusos robaran su auto y mataran a su perro (la gota que derramó el vaso) que fue un regalo de su esposa que había muerto de cáncer. Aunque después de ver el tráiler no me animé a verla, la siguiente escena llamó mi atención:

–Viggo Tarasov (padre de Yosef): “No es lo que hiciste, hijo… es a quién lo hiciste”.
–Yosef Tarasov (líder de los matones): “a ese nadie”.
–Viggo Tarasov: “Ese ‘nadie’ es John Wick”.

No es lo mismo matar al perro de un ‘nadie’ que matar al perro de John Wick. Y de esa escena aprendemos algo muy cierto: la maldad no se mide sólo por la acción cometida, sino también por el contra quien se cometió.

Y eso es algo que muchos no entienden con respecto al pecado: ven como algo exagerado que Dios sacara del huerto de Edén a Adán y Eva, y maldijera a toda la creación simplemente porque ellos comieron una “manzana” (Gn. 3); ven como algo exagerado que Dios matara a Ananías y Safira simplemente por una mentira que dijeron (Hch. 5:1-11); y ven como algo exagerado que los que no obedecen al evangelio sufran el castigo de eterna destrucción (2 Ts. 1:9). Pero no, no es algo exagerado.

Santiago 2:10-11 nos enseña que pecar no es meramente romper algunas reglas individuales, pecar es rebelarse contra Dios mismo. Aquí el “simplemente” no cabe. Dios no es un asesino de la mafia rusa, pero sí es el perfecto (Mt. 5:48); Él es el Santo, Santo, Santo ante quien los serafines cubren sus rostros y ante quien “la gente buena” reconoce su inmundicia (Is. 6); Él es el muy limpio de ojos para ver el mal (Hab. 1:13); Él es el Juez de todo el universo que en su justicia no puede quedarse de brazos cruzados ante el pecado (Sal. 94:1, 2). Y, amigo mío, es contra ese Dios que nos hemos revelado. Él «vendrá [contra] ti y tú no harás nada, porque no puedes hacer nada».

Pero Jesucristo vino como el sustituto de pecadores: Él obedeció perfectamente la ley de Dios, murió y resucitó para dar gratuitamente salvación a todo aquel que se arrepiente sinceramente de todos sus pecados y confía en Él como el Salvador y el Señor. Descansemos seguros en Jesucristo, quien nos libra de la ira venidera (1 Ts. 1:10).

Miradas distintas al mismo Jesús.

En los primeros versículos de Juan 12 se relata la cena a la que Jesús asistió en la casa de Lázaro. Aparte de Jesús, dos personas resaltan en este relato: María y Judas. Aunque tanto María como Judas miraron al mismo Jesús, cada uno lo miraron diferente.

El versículo 3 dice acerca de María: “Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro que costaba mucho, ungió los pies de Jesús, y se los secó con los cabellos, y la casa se llenó con la fragancia del perfume”. El versículo nos dice que ese perfume costaba mucho, aproximadamente el salario de todo un año de trabajo. Sin embargo, a pesar del alto costo del perfume y de su calidad, María lo utilizó en los pies de Jesús. Todo eso porque los ojos de María habían sido abiertos para apreciar a Jesús por quien Él es y por todo lo que Él es para nosotros (Salvador y Señor). Jesús es la mayor riqueza, Jesús es el más preciado. Y María (al igual que todo cristiano verdadero: Mt. 13:44; Flp. 3:7) miró a Jesús así.

Pero Judas no miró a Jesús de la misma manera. Los versículos 4-6 dicen acerca de Judas: “Y Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que le iba a entregar, dijo: ¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios y se dio a los pobres? Pero dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía la bolsa del dinero, sustraía de lo que se echaba en ella”. Judas no tan solo no se preocupaba por los pobres, sino que también no tenía interés alguno por Jesús mismo. Judas no apreciaba a Jesús por quien Él es, sino por el dinero que podía obtener a través de Él. Eso se confirma con la descripción que se da de Judas como «el que le iba a entregar» por dinero.

¿Miras tú a Jesús como María o como Judas? ¿Aprecias a Jesús por quien Él es y por todo lo que Él es para nosotros o por otras cosas que podrías conseguir a través de Él? Termino con las siguientes líneas de un himno antiguo:

“Desvela tus bellezas a mi mirada
Para que pueda amarte más
Oh, para que pueda amarte más”.

Un joven que le gusta cantar himnos [II]

Veamos algunos de los himnos antiguos que me han ayudado a alabar a Dios como Él quiere y merece ser alabado. Éstos tienen una buena teología en sus letras, que es el fundamento para ese espíritu o emoción que Dios espera que esté presente en la alabanza.

Cabeza ensangrentada, por Bernardo Claraval. Este himno presenta a Jesucristo como nuestro sustituto, quien sufrió el castigo a pesar de que fuimos nosotros que pecamos (Is. 53:4, 5):

“Pues oprimida tu alma fue por el pecador;
La transgresión fue mía, mas tuyo fue el dolor;
Hoy vengo contristado, merezco tu dolor,
Concédeme tu gracia; ¡oh! Dame tu favor”.

Tal como soy, por Charlotte Elliott. Este himno nos muestra cómo luce aquella persona que responde al llamamiento de Dios (Jn. 6:37):

“Tal como soy de pecador,
Sin más confianza que tu amor,
Ya que me llamas, acudí;
Cordero de Dios, heme aquí”.

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