¿Quién eres tú?: Perdonado

“En El tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia que ha hecho abundar para con nosotros. En toda sabiduría y discernimiento nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según el beneplácito que se propuso en El, con miras a una buena administración en el cumplimiento de los tiempos, es decir, de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En El” (Efesios 3:7-10).

Perdonado

“Redimir” significa rescatar de cautividad o esclavitud. Tanto tu cuerpo como tu espíritu fueron comprados a un alto precio. No fuiste comprado por cien mil billones de dólares, sino por algo más valioso: la sangre de Jesucristo. Ahora perteneces a Dios, el mejor amo de todos –Él es supremamente bueno–.

Dentro de esta redención se resalta el perdón de pecados. Debido a la sangre que Jesucristo derramó en la cruz del calvario, Dios perdona tus pecados (Mt. 26:28). Nótese que este perdón es «según las riquezas de su gracia». Si escuchamos que un hombre rico da de sus riquezas, no significa necesariamente que él está dando mucho. Pero si escuchamos que él da según sus riquezas, eso sí significa que él está dando mucho. Y así es que se describe el perdón que Dios otorga. Dios no perdona pobremente, Dios perdona ricamente.

Esta gracia que perdona sobreabunda para nosotros. Otra palabra para “sobreabundar” es “prodigar” (en un sentido positivo). Como el Padre del hijo pródigo que fue más pródigo al dar abundantemente a su hijo menor, a pesar de que éste no lo merecía. Eso hizo Dios, prodigó Su gracia para contigo. A Dios no le pesa perdonar, Él perdona generosamente.

Tu pecado no es competencia para el perdón de Dios. No hay pecado tan grave que no pueda ser perdonado por Dios. ¿Son muchos tus pecados? La gracia de Dios que perdona es mucho más.

Si en la redención Dios no hubiera provisto el perdón para todos tus pecados, sería comprensible que quisieras cubrirlos. Pero si Dios ha hecho provisión para el perdón de todos nuestros pecados –y así lo ha hecho–, ¿por qué negarlos? ¿por qué excusarlos? ¿por qué minimizarlos? Puedes confesar todos tus pecados a Dios, por más oscuros que sean, y encontrar perdón total en Él. Y no tienes que ser esclavo del qué-pensarán-si-descubren-mis-pecados-pasados, porque aunque te digan: “yo sé lo que tú hiciste”; tú puedes responder: “Dios también sabe lo que yo hice y Él ya me ha perdonado”.

¿Quién eres tú? Eres Perdonado.

1ra parte; 2da parte; 3ra parte; 4ta parte; 5ta parte; 6ta parte

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