¿Qué significa aleluya?

“Aleluya” es una palabra que tiene su origen en el idioma hebreo, la cual está compuesta por:

  • jalál (en su forma imperativa), que significa hablar elogiosamente, celebrar, aclamar, cantar, alabar, glorificar; y
  • Yaj, que es la contracción del nombre del Dios eterno, auto-existente y auto-suficiente, Jehová o Yahweh (Ex. 3:14, 15).

Así que, el significado de “aleluya” es alabad a Jehová.

Desde hace mucho tiempo atrás, “aleluya” se ha utilizado como una gozosa exclamación de adoración. En los Salmos aparece sólo al principio (111; 112), al principio y al final (106; 113; 135; 146; 148; 149; 150), o sólo al final de estos (104; 105; 115; 106; 117; 147). En Apocalipsis se relata una gran multitud en el cielo que dice una y otra vez: “¡Aleluya!” (19:1, 3, 4, 6); debido al juicio y reinado de Dios, y llegada de las bodas del Cordero.

Creo que “aleluya” debería ser nuestra expresión de admiración o formula de adoración favorita (por encima de “wow!” o “¡guau!”), ya que ésta dirige la gloria a quien le pertenece –Jehová–, por quien Él es y por lo que ha hecho.

¿Por qué podemos dar gracias a Dios en todo?

La Palabra de Dios habla de los impíos como aquellos que no le dan gracias a Dios (Ro. 1:21), pero no así los cristianos. Aquellos que han gustado y visto que Dios es bueno, aquellos que han sido salvados por Jesucristo deben tener una vida caracterizada por una sincera gratitud a Dios. Y al decir “vida caracterizada por una sincera gratitud a Dios” significo no el decir “gracias” una vez al año, sino que significo un corazón agradecido que se expresa en palabras de gratitud hacia Dios constantemente. Un versículo bíblico en el cual podemos encontrar esto es 1 Tesalonisenses 5:18, que dice: “dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús”.

El apóstol Pablo (inspirado por Dios) no pudo haber escogido un término más abarcador que “todo”. El término “todo” abarca tanto las circunstancias que nos agradan, como también aquellas circunstancias que no nos parecen muy agradables. Sea cual sea la circunstancia por la cual estemos pasando, la voluntad de Dios para nosotros es clara: “dad gracias en todo”. Fácilmente damos gracias a Dios cuando nos va bien, pero ¿qué tal cuando necesitamos estar a tiempo en cierto lugar y estamos atrapados en el tráfico? ¿qué tal cuando se nos diagnostica una grave enfermedad? ¿qué tal cuando somos afligidos en este mundo? ¿Por qué, como cristianos, podemos dar gracias a Dios aun en esas circunstancias? Continuar leyendo ¿Por qué podemos dar gracias a Dios en todo?

Es el evangelio sólo para los no cristianos: Otros autores responden.

Jerry Bridges dice: “no puedo enfatizar lo suficiente la importancia de vivir nuestras vidas cristianas cada día en la atmósfera del evangelio. El evangelio no es sólo para incrédulos. Es también para nosotros, porque todavía somos pecadores –pecadores ciertamente salvados, pero aún pecadores en necesidad de seguridad diaria del perdón de Dios por medio de Cristo” (El gozo de temer a Dios, p. 135). 

Timothy Keller dice: “La creencia en el evangelio no es sólo el camino para entrar en el reino de Dios; es el camino para hacer frente a todo obstáculo y crecer en todos los aspectos. El evangelio no es el “ABC”, sino el “A-hasta-Z” de la vida cristiana… El evangelio de la justificación por la fe significa que mientras los cristianos son, en ellos mismos todavía pecadores y pecan, sin embargo en Cristo, a la vista de Dios, ellos son aceptados y justos. Así que podemos decir que somos más malos de lo que nos atrevemos a creer, pero más amados y aceptados en Cristo de lo que nos atrevemos a esperar –al mismo tiempo” (Paul’s Letter to the Galatians: Living in Line with the Truth of the Gospel).

Tullian Tchividjian dice: “una vez que Dios rescata pecadores, Su plan no es dirigirlos más allá del evangelio, sino moverlos más profundamente hacia él. El evangelio, en otras palabras, no es sólo el poder de Dios para salvarte, es el poder de Dios para hacerte crecer una vez eres salvado. Después de todo, el único antídoto para el pecado es el evangelio –y ya que los cristianos continúan siendo pecadores aun después de que son convertidos, el evangelio debe ser la medicina que un cristiano toma cada día” (Fifteen Books On “The Gospel For Christians”).

C. J. Mahaney: “En las Escrituras descubrimos una profunda urgencia por concentrar todo lo que somos y todo lo que hacemos en derredor del evangelio de la cruz. Porque esta buena nueva no solo es lo primero en términos cronológicos en nuestra experiencia cristiana, sino que también permanece como prioridad, de importancia esencial para crear y sostener nuestro gozo y productividad… La actividad y el hábito diario más importante que podemos tener es recordarnos el evangelio a nosotros mismos” (Vivamos centrados en la cruz, pp. 15, 122).

1ra parte; 2da parte

¿Es el evangelio sólo para los no cristianos?

En una ocasión una señora cristiana se me acercó y, después de animarme a continuar sirviendo a Dios a través de mi blog, me preguntó que si el contenido de éste era principalmente para no cristianos. Esa pregunta surgió después de que ella leyera el último artículo publicado en ese entonces, el cual era básicamente evangelístico. Eso me lleva a preguntar: ¿Es el evangelio sólo para los no cristianos? ¿Debemos dejar de predicar el evangelio a personas que ya han sido salvadas por Jesucristo? El Nuevo testamento responde negativamente a estas preguntas. Al dar un vistazo a través de éste nos damos cuenta como se presenta, a cristianos, una y otra vez el evangelio de Jesucristo. Por ejemplo, no creo que sea coincidencia que tengamos no una epístola, sino dos (Romanos y Gálatas), cuyo tema central es la justificación por la fe en Jesucristo.

El evangelio es la buena noticia de salvación, en Jesucristo, para el pecador (1 Co. 15:3, 4). Aunque el cristiano ciertamente ha sido salvado, Dios no ha terminado Su buena obra en él (Flp. 1:6; 1 P. 1:5, 9). El cristiano ha sido salvado de la culpa del pecado, pero todavía está siendo salvado del poder del pecado (santificación), hasta que la presencia del pecado sea eliminada total y definitivamente (glorificación). Ahora, mientras el día de la glorificación no llegue, habrá una lucha contra el pecado y muchas veces tropezaremos, pecaremos (1 Jn. 1:8, 10). Y es porque, aunque redimidos, todavía somos pecadores que pecan, que debemos predicarnos a nosotros mismos y a otros el evangelio de Jesucristo siempre. Predicar que Dios perdona todos nuestros pecados en Jesucristo, quien cargó y apaciguó la justa ira de Dios: “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad… Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero” (1 Jn. 1:9; 2:1, 2). Predicar que por la gracia de Dios no sólo somos perdonados, sino también salvados del pecado: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente” (Ti. 2:11, 12).

En nuestro pecado, seremos tentados constantemente a olvidar el evangelio de Jesucristo; seremos tentados a que, habiendo comenzado por el Espíritu, terminemos por la carne (Gal. 3:3); seremos tentados a pensar que con nuestras obras podemos hacer a Dios deudor nuestro y que con nuestra obras podemos comprar Su favor. Pero debemos contraatacar, predicándonos a nosotros mismos y a otros el evangelio una y otra vez. Predicar que fuimos redimidos y bendecidos por la obra de Jesucristo sola: “Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente, porque EL JUSTO VIVIRA POR LA FE. Sin embargo, la ley no es de fe; al contrario, EL QUE LAS HACE, VIVIRA POR ELLAS. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO), a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe” (Gal. 3:11-14). Predicar que ya que nuestra salvación está basada en la obra perfecta de Jesucristo, somos salvos por gracia y vivimos por la misma gracia: “para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado… no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 1:6; 2:9).

1ra parte; 2da parte