El hombre miente y se arrepiente, Dios no [Sermón]

Dios no es como los hombres que mienten y se arrepienten. Y para no responder en incredulidad al Dios que nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, debemos mirar con ojos de fe no sólo a las promesas en sí mismas, sino también al carácter de Aquel que prometió: Dios es fiel e inmutable.

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Gilbert sobre “¿Qué es el evangelio?”.

DIOS –¿QUIÉN NOS HIZO Y A QUIÉN DEBEMOS RENDIR CUENTAS? 

Es a Dios a quién deben rendir cuentas. Después de sus puntos introductores en Romanos 1:1-17, Pablo comienza su presentación del evangelio declarando que “la ira de Dios ha sido manifestada desde el cielo” (v. 18). Con sus primeras palabras, Pablo insiste que la humanidad no es autónoma. No nos hicimos a nosotros mismos, y no somos auto-dependientes ni auto-justificables. No, es Dios quien creó el mundo y todo lo que hay en él, incluyendo a la humanidad. Y porque él nos creó, Dios tiene el derecho de demandar nuestra adoración hacia él. Mire lo que Pablo dice en el verso 21: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”.

Esta es la acusación de Pablo a la humanidad: Han pecado al no haber honrado ni dado gracias a Dios. Es nuestra obligación, como gente creada y adueñada por Dios, el darle el honor y la gloria que le pertenecen, y vivir, hablar, actuar, y pensar de una manera tal que reconozca y acepte su autoridad sobre nosotros. Somos hechos por él, le pertenecemos, dependemos de él, y por lo tanto debemos rendirle cuentas. Ese es el primer punto que Pablo elabora mientras explica las buenas nuevas del cristianismo.

HOMBRE –¿CUÁL ES NUESTRO PROBLEMA?

Su problema es que se han rebelado contra Dios. No honraron a Dios ni le dieron gracias como era debido. Su necio corazón fue entenebrecido “y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (v. 23). Esa es una imagen muy repugnante, ¿No es cierto? Que los seres humanos consideren a su Creador y después decidan que una imagen de madera o de metal de una rana o de un pájaro o inclusive de ellos mismos es más gloriosa, más satisfactoria, es el colmo del insulto y la rebelión contra Dios. Esta es la raíz y la esencia del pecado, y sus resultados son de igual manera horribles.

En los siguientes tres capítulos, Pablo enfatiza este punto constantemente, acusando a toda la humanidad como pecadores delante de Dios. En el capítulo 1 su enfoque es en los Gentiles, y luego en el capítulo 2 acusa con la misma fuerza a los judíos. Es como si Pablo supiera que el más santurrón de los judíos estaría aplaudiendo sus azotes a los Gentiles, así que da media vuelta y en Romanos 2:1 apunta su dedo acusador a los que aplauden: “Por lo cual eres inexcusable”. Así como los Gentiles, dice Pablo que los judíos han roto la ley de Dios y están bajo su juicio. Continuar leyendo Gilbert sobre “¿Qué es el evangelio?”.

No se entristezcan como los que no tienen esperanza.

Soldado ante tumba La muerte es algo que cada uno de nosotros experimentará a menos que Dios quiera otra cosa. Y una pregunta importante que debemos hacernos es cómo han de responder los cristianos ante la muerte de otros cristianos que ellos amaban (parientes o amigos). Podemos encontrar una respuesta a esta pregunta en 1 Tesalonisenses 4:13-18.

Antes de continuar es importante hacer algunas observaciones. Primero, cuando este pasaje nos habla acerca de “los que duermen” se está refiriendo a los que han muerto. Nótese que «los que durmieron en Jesús» (v. 14) es sinónimo a «los muertos en Cristo» (v. 16). Segundo, este pasaje bíblico, y en consecuencia este artículo, está dirigido a cristianos (“hermanos”, 1 Ts. 4:13), cuyos seres queridos ya muertos fueron cristianos (“los muertos en Cristo”, 1 Ts. 4:16).

El versículo 13 comienza de la siguiente manera: “Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza”. Nótese que Dios no está condenando la tristeza que viene por la muerte de un ser querido, ni está mandando a que se suprima ésta. La muerte de un ser querido ciertamente es triste. Entristecerse ante la muerte de un ser querido no es necesariamente pecado (véanse, por ejemplo, a Jesús en Juan 11:35 y a los hombres piadosos de Hechos 8:2). Lo que Dios sí quiere de nosotros es que aunque estemos tristes, no nos entristezcamos como «los demás que no tienen esperanza». Se entiende que un no-cristiano se entristezca de una manera excesiva –¡él no tiene esta esperanza!–, pero no así de un cristiano –quien tiene esta esperanza–. La ignorancia de esta esperanza hará que nos entristezcamos como los que no tienen esperanza (v. 13), pero el conocer y abrazar esta esperanza nos dará consuelo (v. 18).

La pregunta a responder ahora es: ¿En qué consiste esta esperanza que tenemos? Esta esperanza consiste en que Jesucristo vendrá por segunda vez; los muertos en Cristo resucitarán para vida eterna con cuerpos glorificados; a los que estén vivos se les darán cuerpos glorificados; y todos juntos estarán para siempre glorificando y gozando de la presencia del Señor. Todo eso se resume en la siguiente línea: “estaremos con el Señor siempre” (v. 17).

Así que, volveremos ver a nuestros seres queridos que han muerto en Cristo. Pero sobre todo, estaremos por siempre con Jesucristo, quien nos amó primero y «murió por nosotros, para que ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con El» (1 Ts. 5:10). Matthew Henry lo dijo de la siguiente manera: “Será una parte de su felicidad que todos los santos se reunirán y permanecerán juntos por siempre; pero la principal felicidad del cielo es eta: estar con el Señor, verle, vivir con él y gozar de Él por siempre”. Nos reuniremos con las personas que amamos, que por causa de la muerte ya no están con nosotros; y estaremos reunidos por toda la eternidad alrededor de Aquel que más amamos.

«Confortaos unos a otros con estas palabras». Comparte este artículo con otros cristianos, especialmente con aquellos cuyos seres queridos ya han muerto.

¿Por qué no casarme con un no-cristiano?

“Él es lindo, caballeroso, me escucha y me entiende. Pienso mucho en él. En una ocasión él me dijo que yo era alguien especial. Él no es cristiano… pero visita de vez en cuando la iglesia. ¿Por qué no debo casarme con él?”.

¿Qué razones bíblicas podemos darle a esta chica1, que profesa ser cristiana, para que no se case con un no-cristiano? A continuación consideraremos dos razones.

PORQUE ES PECADO

No debes casarte con un no cristiano porque hacerlo sería un pecado contra Dios. La voluntad de Dios revelada es que una cristiana se case con un cristiano, uno cuyo Salvador y Señor es Jesucristo. En 1 Corintios 7:39b se dice que la mujer «está en libertad de casarse con quien desee», pero después se agrega, «sólo que en el Señor». Y la primera parte de 2 Corintios 6:14 dice lo siguiente: “No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos”. Casarte con un no-cristiano sería ir en contra del mandamiento del Señor, ir en contra de la voluntad de Aquel que te amó tanto que dio Su vida por ti. Si tú verdaderamente le amas sobre todo –como Él es digno de ser amado–, tu amor se manifestará por tu gozosa obediencia (Mc. 12:30; Jn. 14:15). Continuar leyendo ¿Por qué no casarme con un no-cristiano?