Lane sobre «Las reglas de interpretación bíblica».

Tales reglas como no interpretar un pasaje de la Escritura de una manera que contradiga la clara enseñanza de otra parte son vitales. Una lista completa de tales principios de interpretación excede los límites del propósito de este libro. Una cosa, sin embargo, quisiera decir. Encuentro que muchos laicos vienen a la Biblia con un sentimiento consciente o inconsciente de que porque es la Palabra de Dios inspirada por su Espíritu, de alguna manera las reglas ordinarias del lenguaje no son de aplicación. Si, por tanto, les pregunto qué dice un versículo concreto sobre algún tema, a menudo ignoran el significado claro de las palabras y salen con alguna frase segura que recuerdan acerca del Evangelio, tal como: “Todos debemos creer en Jesús”. El versículo puede no decir nada en ese sentido, pero parece haber un sentimiento innato en cuanto a que no es posible que las palabras corrientes signifiquen lo que realmente dicen y que debe de haber algún significado más profundo conocido solamente por aquellos que han estudiado para el ministerio. Los predicadores han sido a veces responsables de este triste hecho, porque han dibujado cuadros algo fantasiosos a partir de pasajes que nunca pretendieron decir tales cosas. Debido a que la congregación no puede ver la relación entre el pasaje y el cuadro, asumen que debe haber algo erróneo en su consideración de la Biblia, en lugar de algo muy erróneo en el predicador. Nuestra tarea, sin embargo, no es hacer que parezca difícil el claro significado, sino hacer más claro aquello que es ya claro y enviar la congregación a casa sintiendo que quieren mirar ese pasaje de nuevo, porque se les ha vuelto tan claro.

Este artículo es un extracto tomado de: Denis Lane. Predica la Palabra (España: Editorial Peregrino, 1989), p. 78.

La solución de Dios.

En Juan 11 se relata la enfermedad, muerte y resurrección de Lázaro; pero también cómo Dios se glorifico en todo esto. En este artículo veremos una de las muchas aplicaciones prácticas que pueden extraerse de este interesante capítulo.

EL PROBLEMA

“Y estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos” (vv. 1, 2).

El problema era que Lázaro estaba enfermo. Una enfermedad que más adelante lo llevaría a la muerte –Lázaro aún no había muerto cuando sus hermanas llamaron a Jesús.

UNA POSIBLE SOLUCIÓN

“Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: Señor, mira, el que tú amas está enfermo” (v. 3).

Es obvio que Marta y María no habían enviado personas a Jesús solamente para que éste tuviera la información de que Lázaro estaba enfermo. Las hermanas de Lázaro enviaron personas a Jesús para que Él fuera y sanara a Lázaro mientras aún estaba enfermo. Así que, una posible solución al problema o la solución sugerida por Marta y María fue que Jesús sanara a Lázaro mientras éste aún estaba enfermo (véase el versículo 21).

LA SOLUCIÓN TOMADA

“Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba… Dijo esto, y después de esto añadió: Nuestro amigo Lázaro se ha dormido; pero voy a despertarlo” (vv. 6, 11).

La solución tomada por Jesús no fue ir inmediatamente a sanar a Lázaro mientras éste estaba enfermo, sino esperar a que Lázaro muriera; para, entonces, glorificar a Dios por medio de la resurrección de Lázaro (vv. 43, 44) y la salvación de muchos que creyeron en Él aquel día (v. 45).

APLICACIÓN

Muchas son las veces que vamos delante de Dios, en oración, haciéndole saber nuestras peticiones y problemas, y a la vez le presentamos o sugerimos una posible solución. Ahora, si Dios no actúa según la posible solución que nosotros le sugerimos, esto no significa necesariamente que algo está fallando con la fe, ni mucho menos que Dios falló. La pregunta que debemos hacernos es si estamos queriendo trazar la manera en la que Dios debe trabajar. Ciertamente lo que Dios prometió, Dios lo cumplirá; pero no quieras obligar a Dios a que cumpla Sus promesas según lo que tú crees que es mejor, no quieras obligar a Dios a que la solución a tu problema venga según tus términos y condiciones.

Al hacer saber a Dios tus peticiones y problemas, en vez de querer trazar la manera en la que Dios debe trabajar, di sinceramente que se haga Su voluntad. Recuerda que Dios es soberano (v. 6) y más sabio que tú (v. 4). Confía en Aquel que siempre actuará para Su gloria (v. 4) y tu beneficio (vv. 44, 45).

3 verdades sobre las ofrendas.

Al hablar en este artículo de “las ofrendas” me refiero al dinero que los cristianos dan, generalmente en el contexto de su iglesia local, para suplir las necesidades de la iglesia y para la gloria de Dios. Aquí les dejo con tres verdades sobre las ofrendas:

SEGÚN LAS POSIBILIDADES

“Porque yo testifico que según sus posibilidades… dieron” (2 Corintios 8:3).

Dios no espera de nosotros que ofrendemos más de lo que ganamos, más bien Él espera que ofrendemos según nuestras posibilidades. Dios no ha establecido la cantidad exacta de dinero que hay que dar. Más bien, Él ha establecido que las ofrendas deben ser proporcionales –Él tampoco ha establecido en el N. T. qué por ciento dar–: “Que el primer día de la semana, cada uno de vosotros aparte y guarde según haya prosperado, para que cuando yo vaya no se recojan entonces ofrendas” (1 Cor. 16:2).

Eso significa que la ofrenda variará de persona a persona. Pero Dios se agrada tanto del que puede dar mucho como del que puede dar poco.

SACRIFICIALMENTE

“Porque yo testifico que… aun más allá de sus posibilidades, dieron” (2 Corintios 8:3).

Esta acción de las iglesias de Macedonia, producida por la gracia de Dios, es digna de imitar: ellos dieron según sus posibilidades, pero la cantidad que dieron fue considerado como un sacrificio. Para ofrendar de esa manera necesitamos la gracia de Dios. Para ofrendar de esa manera necesitamos fe en Dios y Sus promesas (Pro. 3:9,10; Mar. 12:41-44 ).

COMO SE PROPUSO

“Porque yo testifico que… dieron de su propia voluntad” (2 Corintios 8:3).

Las ofrendas no deben ser dadas de mala gana ni por obligación, tales actitudes no agradan a Dios. Las ofrendas deben ser dadas de nuestra propia voluntad y con alegría: “Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).

Si estás interesado en conocer más acerca de las ofrendas, te invito a escuchar el sermón «Pobres en extremo, ricos en generosidad«.

La gracia en los Macedonios.

El apóstol Pablo (quien fue inspirado por Dios el Espíritu Santo) dedica los capítulos 8 y 9 de 2 Corintios al tema de las ofrendas. En el primer versículo del capítulo 8 (de 2 Corintios) podemos notar como Pablo buscó hacer saber, más que de las iglesias de Macedonia, de la gracia de Dios dada a las iglesias de Macedonia. En 2 Corintios 8:1-5 dice:

“Ahora, hermanos, deseamos haceros saber la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia; pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad. Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aun más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad, suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos; y esto no como lo habíamos esperado, sino que primeramente se dieron a sí mismos al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios”.

El versículo 2 nos da algunas descripciones o características de las iglesias de Macedonia:

  1. Estaban en medio de una gran prueba de aflicción.
  2. Eran profundamente pobres.
  3. Tenían abundante gozo.
  4. Se expresaron con abundante riqueza de su liberalidad o abundante riquezas de su generosidad (RVR1960).

Las iglesias de Macedonia no estaban en medio de una simple prueba, sino en medio de una gran prueba de aflicción; no eran simplemente pobres, sino profundamente pobres. Pero a pesar de su gran prueba de aflicción y de su profunda pobreza, las iglesias de Macedonia tenían abundante gozo y todo esto sobreabundó en la riqueza de su liberalidad. Continuar leyendo La gracia en los Macedonios.