Razones por las que no tienes lo que quieres.

“Me he encontrado a mí mismo queriendo cosas lícitas, pero al mismo tiempo no pidiéndoselas a Dios. Como si creyera inconscientemente que querer algo de por sí es igual a pedirlo a Dios. Pero no es así” –confesó un cristiano–. ¿Piensas que es imposible para un cristiano querer algo y al mismo tiempo no pedírselo a Dios? Santiago dice que tal cosa sí es posible:

“no tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Stg. 4:2. RVR1960).

Santiago da varias razones por las cuales no tenemos lo que queremos y una de ellas es que no pedimos a Dios en oración. Y tal vez tú no tienes lo que quieres porque nunca lo has pedido a Dios. Las personas que Santiago menciona estaban buscando obtener en peleas con otras personas lo que debían buscar obtener en oración con Dios.

¿Cuántos de nosotros hemos creído que por el simple hecho de desear mucho algo ya lo vamos a obtener? ¿Cuántos de nosotros hemos creído que nuestras añoranzas se convierten automáticamente en oraciones? ¿Cuántas cosas que deseamos no las hemos obtenido por el simple hecho de que no las hemos pedido en oración? ¿O en qué cosas estamos buscando obtener lo que deberíamos buscar obtener en oración con Dios?

Dios no ha dicho que responderá a simplemente los deseos que tengamos. Dios ha prometido que responderá a nuestras peticiones de oración:

  • “Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21:22);
  • “Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14:13);
  • “Y esta es la confianza que tenemos delante de El, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, El nos oye. Y si sabemos que El nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho” (1 Juan 5:14, 15);
  • “La oración eficaz del justo puede lograr mucho” (Santiago 5:16);
  • “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:7, 8).

Cuando no pedimos en oración lo que deseamos estamos siendo como aquel que le gustaría encontrar sin buscar y le gustaría que le abran la puerta sin tocar. No debemos esperar conseguir lo que no le pedimos a Dios en oración.

La siguiente pregunta parece demasiado obvia como para hacerla, pero Santiago me obliga a hacerla: ¿Ya pediste a Dios en oración eso que quieres? Si no, este es un buen momento para hacerlo.

1ra parte; 2da parte; 3ra parte

 

El Pastor no nos abandonará.

El Pastor no nos abandonará
“El Dios que nos hace descansar en delicados pastos y que nos pastorea junto a aguas de reposo no nos abandonará en medio del valle de sombra de muerte” –Misael Susaña (El Señor es mi pastor).

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Espiritualidad, prosperidad y salud.

La tercera epístola de Juan, como su nombre lo dice, es la tercera en una serie de cartas que llevan el nombre del apóstol Juan. El autor de esta carta (Juan) se describe a sí mismo como “el anciano” y el destinatario de esta carta fue Gayo (v. 1). En esta carta el apóstol reconoció la hospitalidad mostrada por Gayo, llamó a evitar el mal ejemplo de Diótrefes y también reconoció el buen testimonio de Demetrio. La salutación de Juan en esta carta fue la siguiente:

“Amado, ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas buena salud” (v. 2).

PROSPERIDAD DEL ALMA GARANTIZADA

En la salutación de Juan hay dos cosas por las que él rogó y una cosa que él dio por sentado. Juan dio como un hecho la prosperidad del alma de Gayo. Y él lo dio como un hecho porque la conducta de Gayo evidenciaba la prosperidad de su alma (vv. 3, 4). El alma de Gayo estaba bien en relación con Dios, Su relación con Dios era fuerte.

Sin minimizar la responsabilidad que tenemos de buscar la prosperidad de nuestra alma –especialmente a través del uso de los medios de gracia–, aquí veo una promesa de que el alma del cristiano verdadero prosperará. Y esa promesa no es exclusiva de este versículo: en 2 Tesalonicenses 3:4 el apóstol Pablo dice que confía en Dios en que los creyentes serán obedientes, en 1 Tesalonicenses 5:23 y 24 el apóstol dice que Dios guardará irreprensible a los Suyos para la venida de Jesucristo y en Filipenses 1:6 Pablo dice estar convencido de que Dios terminará la buena obra que comenzó en cada cristiano. Si tú eres un cristiano verdadero, tu alma prosperará. Garantizado por Dios. Continuar leyendo Espiritualidad, prosperidad y salud.

¿Qué nos recuerda la navidad? [II]

“Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:3, 4).

La navidad nos recuerda cuán débiles somos y cuán grande es nuestro pecado, pero eso no es todo. Dios no se quedó sentado en Su trono, de brazos cruzados, viendo desde el cielo como los hombres se dirigían a la condenación. El Hijo de Dios descendió del cielo a la tierra. Dios se encarnó. Obtuvo todo lo que hace que un hombre sea un hombre, con sus debilidades y limitaciones, excepto por el pecado. Adquirió humanidad sin perder Su deidad.

Y aunque padeció siendo tentado, Él nunca cedió a la tentación y nunca pecó. Él fue el único que nunca, nunca, nunca pecó y siempre, siempre, siempre obedeció.

Con Su vida, Jesucristo obedeció perfectamente la ley de Dios que nosotros no pudimos obedecer. Con Su muerte, Jesucristo sufrió el castigo que nosotros merecíamos para que nosotros no tengamos que sufrirlo. Y con Su resurrección, se confirmó que el pago efectuado fue aceptado.

Y así Dios, a través de Su Hijo encarnado, condenó al pecado. El pecado por el cual seríamos condenados es condenado por Dios en Jesucristo. Es como si cuando estábamos a punto de ser condenados por causa del pecado, Dios (en Jesucristo) lo condena primero. Y todo eso lo hizo en la carne, en semejanza de carne de pecado. “Pablo parece significar que en la crucifixión del encarnado Hijo de Dios el pecado fue juzgado y condenado. Ahora todos sus reclamos para que seamos condenados han sido invalidados” (Reformation Study Bible).

Nótese que no dice “para que el requisito de la ley se cumpliera por nosotros”, sino “… en nosotros”. Cuando Jesucristo vivió en perfecta obediencia a la ley de Dios es como si aquellos que están unidos a Él hubiesen siempre obedecido. Cuando Jesucristo murió es como si aquellos pecadores a quienes Él representa hubiesen sido castigados por Dios. Cuando Jesucristo resucitó es como si a los creyentes se les diera una nueva vida capaz de desear a Dios y hacer lo que a Él le agrada. Gracias a Jesucristo, quien recibió nuestra maldición (Gál. 3:13, 14), ahora hay bendición para todos aquellos pecadores que se arrepienten de todos sus pecados y tienen fe en Jesucristo como Salvador y Señor.

¿Qué nos recuerda la navidad?

  • La navidad nos recuerda cuán fuerte es Dios: Jesucristo nos dio la salvación que la ley no nos pudo dar. Su poder fue más grande que nuestra debilidad.
  • La navidad nos recuerda cuán grande es el amor de Dios: En vez de hacernos pagar por nuestro pecado, Dios hizo que Su Hijo pagara por ellos. Salvación para los pecadores, a expensas de la muerte del único y amado Hijo de Dios.

1ra parte; 2da parte