Etiqueta: Amor
¿Qué nos recuerda la navidad? [II]
“Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era dĂ©bil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenĂł al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al EspĂritu” (Romanos 8:3, 4).
La navidad nos recuerda cuán dĂ©biles somos y cuán grande es nuestro pecado, pero eso no es todo. Dios no se quedĂł sentado en Su trono, de brazos cruzados, viendo desde el cielo como los hombres se dirigĂan a la condenaciĂłn. El Hijo de Dios descendiĂł del cielo a la tierra. Dios se encarnĂł. Obtuvo todo lo que hace que un hombre sea un hombre, con sus debilidades y limitaciones, excepto por el pecado. AdquiriĂł humanidad sin perder Su deidad.
Y aunque padeció siendo tentado, Él nunca cedió a la tentación y nunca pecó. Él fue el único que nunca, nunca, nunca pecó y siempre, siempre, siempre obedeció.
Con Su vida, Jesucristo obedeciĂł perfectamente la ley de Dios que nosotros no pudimos obedecer. Con Su muerte, Jesucristo sufriĂł el castigo que nosotros merecĂamos para que nosotros no tengamos que sufrirlo. Y con Su resurrecciĂłn, se confirmĂł que el pago efectuado fue aceptado.
Y asĂ Dios, a travĂ©s de Su Hijo encarnado, condenĂł al pecado. El pecado por el cual serĂamos condenados es condenado por Dios en Jesucristo. Es como si cuando estábamos a punto de ser condenados por causa del pecado, Dios (en Jesucristo) lo condena primero. Y todo eso lo hizo en la carne, en semejanza de carne de pecado. “Pablo parece significar que en la crucifixiĂłn del encarnado Hijo de Dios el pecado fue juzgado y condenado. Ahora todos sus reclamos para que seamos condenados han sido invalidados” (Reformation Study Bible).
Nótese que no dice “para que el requisito de la ley se cumpliera por nosotros”, sino “… en nosotros”. Cuando Jesucristo vivió en perfecta obediencia a la ley de Dios es como si aquellos que están unidos a Él hubiesen siempre obedecido. Cuando Jesucristo murió es como si aquellos pecadores a quienes Él representa hubiesen sido castigados por Dios. Cuando Jesucristo resucitó es como si a los creyentes se les diera una nueva vida capaz de desear a Dios y hacer lo que a Él le agrada. Gracias a Jesucristo, quien recibió nuestra maldición (Gál. 3:13, 14), ahora hay bendición para todos aquellos pecadores que se arrepienten de todos sus pecados y tienen fe en Jesucristo como Salvador y Señor.
¿Qué nos recuerda la navidad?
- La navidad nos recuerda cuán fuerte es Dios: Jesucristo nos dio la salvación que la ley no nos pudo dar. Su poder fue más grande que nuestra debilidad.
- La navidad nos recuerda cuán grande es el amor de Dios: En vez de hacernos pagar por nuestro pecado, Dios hizo que Su Hijo pagara por ellos. Salvación para los pecadores, a expensas de la muerte del único y amado Hijo de Dios.
1ra parte; 2da parte
¿Qué nos recuerda la navidad?
“Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era dĂ©bil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenĂł al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al EspĂritu” (Romanos 8:3, 4).
La ley aquà se refiere a todos los mandamientos revelados por Dios y que el hombre está en la obligación de cumplir. Entre esos mandamientos se encuentran que no se debe robar, que no se debe adulterar y que no se debe tener otros dioses delante del Dios verdadero. ¿Qué es lo que la ley no pudo hacer? Salvar de la culpa del pecado y del dominio del pecado. Por medio de nuestra obediencia a la ley no podemos salvarnos de la condenación y no podemos romper las cadenas que nos esclavizan al pecado.
Ahora, el versĂculo aclara que la salvaciĂłn por medio de la obediencia a la ley es imposible no porque haya algĂşn defecto en la ley. La ley es santa, justa y buena (Ro. 7:12). Es imposible debido a que la ley es dĂ©bil por la carne. En otras palabras, el problema no está en la ley, el problema está en nosotros. El problema está en que la naturaleza humana ha sido debilitada tanto por el pecado que es incapaz de cumplir la ley.
La ley buena y justa de Dios nos dice “no codiciarás”, pero nuestro corazón rebelde nos hace codiciar. La ley buena y justa de Dios nos dice “no matarás”, pero nuestro corazón rebelde nos hace matar. La ley buena y justa de Dios nos dice “no cometerás adulterio”, pero nuestro corazón rebelde nos hace cometer adulterio. La ley buena y justa de Dios nos dice “honra a tu padre y a tu madre”, pero nuestro corazón rebelde nos hace deshonrarlos (véase Ro. 7:8-11). Recordemos que todos esos pecados pueden nunca exteriorizarse, pero siguen siendo pecados y dignos de condenación.
¿Qué nos recuerda la navidad?
- La navidad nos recuerda cuán débil somos: Somos incapaces de obedecer perfectamente la ley de Dios y asà salvarnos.
- La navidad nos recuerda cuán grande es nuestro pecado: Ningún pecado, por más insignificante que parezca a nuestros ojos, es tan pequeño como para que Dios simplemente lo ignore.
1ra parte; 2da parte
Â
Cristo te ama más de lo que piensas.
En Efesios 3, la Ăşltima parte, el apĂłstol Pablo hace pĂşblica su oraciĂłn por los efesios –y por cada creyente tambiĂ©n–. El apĂłstol pide por varias cosas y entre ellas está: “y [seáis capaces] de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios” (v. 19). ¡QuĂ© paradoja! ¡Conocer algo que sobrepasa el conocimiento! Pero precisamente por eso es que Pablo ora a Dios, quien es poderoso y puede fortalecernos. Sin Él no podrĂamos conocer ni un ápice de ese amor.
Debemos orar con Pablo, anhelar, esforzarnos en dependencia del EspĂritu Santo en conocer ese amor; especĂficamente al leer, meditar y estudiar la cruz de Jesucristo, pues allĂ fue donde se demostrĂł como en ningĂşn otro lugar ese amor. Pero no es menos cierto que este amor sobrepasa todo entendimiento. DespuĂ©s de hacer todo lo anterior, todavĂa quedará muchĂsimo de ese amor por conocer. Y es que este amor, como dijo Matthew Henry, es «más alto que los cielos, más profundo que el infierno, más largo que la tierra y más ancho que el mar».
Nosotros podemos equivocarnos al pensar que alguien nos ama cuando en verdad no es asĂ. O equivocarnos al pensar que alguien nos ama más de lo que en verdad nos ama. Esas son equivocaciones dolorosas. Pero es imposible que eso pase con Cristo. ÂżCuánto crees que Cristo te ama?
ÂżQuĂ© tanto? No importa que tanto hayas pensado, Cristo te ama muchĂsimo más. Su amor nunca se quedará corto a nuestro limitado entendimiento, más bien nuestro entendimiento siempre se quedará corto a Su gran amor. Y ese amor sincero que puede tener por ti un padre o una madre, un hijo o una hija, un novio o una novia o un cĂłnyuge, un amigo o una amiga no puede compararse al amor de Jesucristo por ti.
¡Qué Dios nos conceda conocer más de ese amor! Amén.
El profundo amor de Cristo es inmenso, sin igual;
Cual océano sus ondas en mà fluyen, gran caudal.
Me rodea y protege la corriente de su amor,
Siempre guiando, impulsando hacia el celestial hogar.El profundo amor de Cristo digno es de loor y prez;
¡Cuánto ama, siempre ama, nunca cambia, puro es!
¡Cuánto ama a sus hijos; por salvarlos Él murió!
Intercede en el cielo por aquellos que comprĂł.El profundo amor de Cristo, grande sin comparaciĂłn,
Es refugio de descanso, es mar de gran bendiciĂłn.
El profundo amor de Cristo es un cielo para mĂ;
Me levanta hasta la gloria; pues me atrae hacia Ti.1
1 El profundo amor de Cristo. Letra por Samuel Trevor Francis. Y traducciĂłn por Ellen de Eck.