Jesucristo se goza sobremanera.

A muchas personas les resulta difícil imaginarse a Jesucristo alegre; les es casi imposible ver al «varón de dolores y experimentado en aflicción» con gozo. Sin embargo, y sin negar Sus sufrimientos, Jesucristo fue una persona gozosa. ¿Cómo llego a esa conclusión? Parte del fruto del Espíritu es gozo (Gl. 5:22) y ya que Jesucristo vivió toda Su vida por el Espíritu, entonces Jesucristo fue una persona gozosa.

Pero eso no es todo, en Lucas 10:21 se relata lo siguiente: “En aquella misma hora El se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado”. En este versículo se relata explícitamente que Jesucristo se gozó, y más aún, se gozó sobremanera. El verbo griego que se utiliza aquí para regocijar(se), usado pocas veces en el Nuevo Testamento, es “agaliáo”; compuesto por “ágan” que significa mucho y “jálomai” que significa saltar. El verbo en español que mejor transmite esa idea es exultar (i.e. Saltar de mucha alegría). ¡Mira a Jesucristo lleno de gozo! ¡Míralo gozarse sobremanera! ¡Mira como borbotaron alabanzas a Dios Padre desde el gozoso espíritu de Jesucristo! Continuar leyendo Jesucristo se goza sobremanera.

¿A qué persona de la Trinidad debemos orar?

TABLA

Persona Mandamiento Ejemplo
El Padre
El Hijo
El Espíritu Santo

DESARROLLO 

En la Biblia encontramos mandamientos de orar a Dios Padre. El mismo Jesucristo enseñó a Sus discípulos a orar a Dios Padre con las siguientes palabras: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mt. 6:9). Más adelante, en Mateo 7:7, Jesús dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”; y por el contexto sabemos que este pedir es al Padre que está en los cielos (Mt. 7:11). En Efesios 5:20 se nos manda a dar gracias, por medio de la oración, a Dios Padre: “dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre”.

En la Biblia también encontramos ejemplos de oraciones a Dios Padre. En Hechos 4:24 se relata acerca de la iglesia primitiva que los cristianos unánimes alzaron la voz a Dios Padre (nótese en vv. 27, 30 la frase: “tu santo siervo Jesús”). El apóstol Pablo oró a Dios Padre por los cristianos en Éfeso: “Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef. 3:14). Continuar leyendo ¿A qué persona de la Trinidad debemos orar?

¿Cómo se ama a Dios?

¿Cómo se ama a Dios? Practicando gozosamente Sus mandamientos; pues éste es el punto cumbre del afecto, fruto del nuevo nacimiento por el Espíritu, que encuentra su deleite supremo en Dios.

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La lengua y las palabras.

 

En la epístola universal de Santiago, éste (inspirado por Dios) tomó una parte de la carta para tratar el tema de la lengua y las palabras que ofenden1 (Stg. 3:1-12). El capítulo 3, versículo 2 de la carta dice: “Porque todos tropezamos de muchas maneras. Si alguno no tropieza en lo que dice, es un hombre perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”. Santiago dice: “todos tropezamos” o “todos ofendemos” (RVR1960) –incluyéndose; no importa en qué país estés, no importa cuál es tu sexo, no importa cuál es tu personalidad, si eres honesto, debes reconocer junto con el apóstol Santiago que todos nosotros hemos ofendido a otras personas con nuestra lengua, con nuestras palabras, y así hemos pecado. Aunque es cierto que algunos tienden a ser más ofensivos que otros, Santiago dice que todos ofendemos «de muchas maneras». Por causa del pecado, la lengua, aunque es un pequeño miembro de nuestro cuerpo, tiene gran influencia, gran poder, particularmente para el mal; por eso se ilustra como un pequeño fuego capaz de incendiar un gran bosque (v. 5) y como «un fuego, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, es encendida por el infierno e inflama el curso de nuestra vida» (v. 6). ¡Terrible descripción!

En Mateo 12:35 Jesús hizo una advertencia que deberíamos considerar antes de abrir nuestra boca, soltar la lengua y expresar palabras: “Y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio”. Los hombres darán cuenta, a Dios el Juez justo, de toda palabra vana (lo cual abarca palabras que ofenden).

Volvemos a Santiago 3 y nos encontramos con la siguiente declaración: “pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno mortal” (v. 3); lo mismo leemos en Mateo 19:26a: “Para los hombres eso es imposible”. Ningún hombre puede domar la lengua, excepto Jesucristo (en quien somos aceptos); Jesucristo es descrito como en quien no «había engaño en su boca» (Is. 53:9). Ningún hombre puede domar la lengua, sin la gracia de Dios: “Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible” (Mateo 19:26). ¡Oh, cuánto necesitamos del Señor y Salvador Jesucristo! Necesitamos desesperadamente de Él para que nuestras ofensas (tropiezos) sean perdonadas y, con Su gracia seamos capacitados, para controlar nuestra lengua. Pidamos con confianza Su ayuda y dispongámonos a, siendo llenos Su Espíritu, hablar «entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor; dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre» (Ef. 5:19,20). Entonces, nuestra lengua y palabras ya no serán veneno mortal, sino que serán la verdad en amor (Ef. 4:15; 1 Co. 16:14), para edificación (1 Co. 14:26) y para la gloria de Dios (1 Co. 10:31).


1 Palabras que ofenden porque no son verdad o son verdad sin amor.