¡Dios está con nosotros! [II]

En Mateo 1:23 leemos lo siguiente: “HE AQUÍ, LA VIRGEN CONCEBIRÁ Y DARÁ A LUZ UN HIJO, Y LE PONDRÁN POR NOMBRE EMMANUEL, que traducido significa: DIOS CON NOSOTROS”. ¿En qué sentido Jesucristo (como Dios en esencia) está con nosotros? Ya hemos visto que Él está con nosotros para salvarnos y en nuestra humanidad; ahora, Él está con nosotros en dos sentidos más:

CON NOSOTROS EN NUESTROS SUFRIMIENTOS

Jesucristo conoce nuestros sufrimientos, tanto físicos como emocionales; no tan solo por Su omnisciencia, sino también por Su experiencia:

  • Él conoce lo que es tener hambre: “después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre” (Mat. 4:2).
  • Él conoce lo que es tener sed: “Jesús le dijo: Dame de beber” (Jn. 4:7).
  • Él conoce lo que es estar cansado: “Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo” (Jn. 4:6).
  • Él conoce lo que es ser menospreciado por su propia familia: “ni aun sus hermanos creían en El” (Jn. 7:5).
  • Él conoce lo que es ser la burla de los hombres: “La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy enfermo” (Sal. 69:20).
  • Él conoce lo que es perder a un ser querido: “Jesús lloró. Por eso los judíos decían: Mirad, cómo lo amaba” (Jn. 11:35, 36).
  • Él conoce lo que es estar profundamente triste: “Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte” (Mat. 26:38).
  • Él conoce lo que es ser traicionado por alguien que pasó varios años a tu lado: “Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” (Lc. 22:48).
  • Él conoce lo que es ser abandonado por amigos en el momento que más se necesitan: “Entonces todos los discípulos le abandonaron y huyeron” (Mat. 26:56).
  • Él conoce el sufrimiento físico hasta la muerte: “Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu” (Mat. 27:50).

Tú puedes decirle a muchas personas: “Tú no sabes por lo que yo estoy pasando”; pero no puedes decirle eso a Jesús –Él sí sabe–.

CON NOSOTROS EN NUESTRAS TENTACIONES

Jesucristo fue tentado, pero sin pecado: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado” (Heb. 4:15). Jesucristo experimentó todas las tentaciones que tú y yo experimentamos, pero Él nunca cedió, Él nunca sucumbió. Pero también Jesucristo está dispuesto y es poderoso para socorrer a todos los que son tentados: “Pues por cuanto El mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. ¡Corramos a Él en medio de la tentación!

1ra parte; 2da parte

¡Dios está con nosotros!

Nosotros nos alejamos de Dios, pero Él no esperó a que nosotros en nuestras propias fuerzas volviéramos a Él. Nosotros no fuimos a Dios, Él vino a nosotros. Y esa es la buena noticia que leemos en Mateo 1:23 –hablando acerca del nacimiento de Jesús–: “HE AQUÍ, LA VIRGEN CONCEBIRÁ Y DARÁ A LUZ UN HIJO, Y LE PONDRÁN POR NOMBRE EMMANUEL, que traducido significa: DIOS CON NOSOTROS”.

CON NOSOTROS PARA SALVARNOS

Dios está con nosotros para salvarnos, para salvar a todos aquellos que se arrepienten de sus pecados y confían en Jesucristo. Esto lo vemos claramente dos versículos antes: “Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados” (v. 21). Jesucristo (Dios mismo en esencia) dejó Su gloria en el cielo y ensució sus pies con el polvo de la tierra para salvarnos del pecado y de la condenación eterna en el infierno debido a éste.

Confiemos en que Aquel que nos salvó de la pena del pecado estará con nosotros hasta salvarnos total y definitivamente de la presencia del pecado. Como dice Judas 24, 25: “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo, y ahora y por todos los siglos. Amén”.

CON NOSOTROS EN NUESTRA HUMANIDAD

Jesús tiene todas las características esenciales de Dios. Pero también, Jesús adquirió en Su encarnación todas las características esenciales de un ser humano. Sin embargo, Él es una sola persona. Con razón el apóstol Pablo dice en 1 Timoteo 3:16: “indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne” (RVR1960). El Dios no creado, ahora es engendrado. El que sustenta toda Su creación, ahora es sostenido en los brazos de María; el Auto-suficiente, ahora es alimentado por una mujer.

1ra parte; 2da parte

Juez justo absuelve a culpable.

JusticiaEs un grave pecado delante de Dios cuando se justifica a un criminal (no haciendo que se pague el delito) o cuando se condena a aquel que es justo (haciendo que se pague un delito que no existe). Proverbios 17:15 lo dice claramente: “El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación al SEÑOR”. Hacer tal cosa no tan solo es aborrecible para Dios, sino también para aquellos que portamos Su imagen: “Al que dice al impío: Justo eres, lo maldecirán los pueblos, lo aborrecerán las naciones” (Pro. 24:28).

Sin embargo, en la última parte de Romanos 3:26 leemos lo siguiente: “a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús”. Aquí tenemos a Dios gloriándose en ser justo y, también, ser el que justifica a los pecadores (véase v. 23). Como un juez que antes de empezar el juicio anuncia que él es justo y termina dejando libre al criminal sin que éste pague por sus crímenes.

¿Se contradice Dios a sí mismo? ¡De ninguna manera! ¿Cómo puede Dios justificar a los pecadores y seguir siendo justo? ¿Cómo puede Dios salvar a los pecadores y al mismo tiempo oír a Su justicia clamar a gritos contra el pecador: “¡Condenado! ¡Maldito! ¡Sangre! ¡Muerte!”? La respuesta se encuentra en Romanos 3:25 –poniendo a Jesucristo como propiciación–: “a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente”. Jesucristo (el único que nunca pecó y siempre obedeció) se ofreció voluntariamente de acuerdo a la voluntad del Padre para que Su sangre fuera derramada en lugar de la nuestra. Sobre Él cayó toda la furia de Dios que debió haber caído sobre nosotros. Dios puede justificar a los pecadores y seguir siendo justo al pasar por alto sus pecados, pero castigarlos en Jesucristo. Así las demandas de la justicia de Dios son atendidas y los pecadores que confían en Jesucristo son perdonados y declarados (vistos y tratados como) justos por Dios.

El Rey [ofendido] hace las pases.

El Rey trabaja para convertir la enemistad a amistad con un mundo que lo ha ofendido. ¿Cómo Dios puede hacer eso y seguir siendo justo? Tomando en cuenta nuestros pecados, pero en Jesucristo.

► ESCUCHAR | ▼ DESCARGAR