Respuestas a las tres causales del aborto [II]

En el artículo anterior vimos que la vida es sagrada, en el sentido de que ésta es digna de veneración y respeto. Y concluimos que, aunque dentro de una mujer, desde la concepción una vida diferente a la vida de la madre comienza. En este artículo voy a responder a las tres causales bajo las cuales muchos demandan que se modifique la Constitución para así despenalizar parcialmente el aborto.

1. CUANDO EL EMBARAZO ES FRUTO DE VIOLACIÓN O INCESTO

Es cierto que una violación sexual es algo muy traumático para la mujer. Nuestros ojos deberían llenarse de lágrimas y deberíamos apretar nuestros puños cada vez que sabemos de una mujer que ha sido violada. Y exigimos que todo el peso de la ley caiga sobre el culpable. Y vuelvo a repetir, sobre el culpable. Si no se hace así, entonces se estará tratando de solucionar un mal con otro mal.

¿Qué pensarías si después de testificar acerca de un robo que alguien hizo a otra persona el juez termina sentenciándote a treinta años de prisión? Algo similar pasa cuando se practica el aborto fundamentado en este primer argumento. La violación sexual es un crimen que debe ser castigado. Pero cuando se practica un aborto, porque el embarazo fue fruto de una violación, se está castigando a la persona incorrecta.

¡La criatura en el vientre es inocente! ¿Por qué castigar con una sentencia de muerte a quien no ha hecho nada malo?

2. CUANDO EXISTE MALFORMACIÓN CONGÉNITA DEL FETO

Una malformación congénita o una enfermedad que se manifiesta desde antes del nacimiento es algo duro tanto para la criatura que va a nacer como para los padres de ésta. Pero eso tampoco es una razón válida para abortar, recordemos que estamos hablando de la vida de una persona –aunque en desarrollo, sigue siendo una vida–. Por lo tanto, debemos cuidarla y defenderla.

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No te olvidaré ni dejaré de amar.

Las madres reflejan de una manera especial el tierno amor de Dios por Sus hijos. Al mismo tiempo, el amor de Dios por Su pueblo excede infinitamente el amor de todas las madres por sus hijos.

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Madres, un hermoso regalo de un Dios más hermoso.

En este mes (Mayo) en el cual muchos celebran el día de las madres quiero honrar a las madres, en particular a la mía, como un hermoso regalo y honrar al Dios aún más hermoso que nos ha dado a las madres. Consideremos juntos a Isaías 49:15, que dice:

“¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaré”.

Bebe y madreEsa fue la respuesta de Dios a Su pueblo, el cual decía: “El SEÑOR me ha abandonado, el Señor se ha olvidado de mí” (v. 14). Dios quería asegurarle a Su pueblo que independientemente de las circunstancias en las cuales ellos se encontraran, Él no los había abandonado ni olvidado. Y para lograr eso Dios tomó como ejemplo la compasión que tiene una madre por su hijo. ¿Por qué este ejemplo y no otro? Porque el amor de una madre por sus hijos si no es el más grande, es uno de los más grandes que puede tener una persona que habita en esta tierra para con otra persona de esta tierra.

Volvamos a la pregunta: “¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas?”. Respuesta: A duras penas una madre se olvidaría de sus hijos y no tendría compasión de ellos –difícilmente haga tal cosa, es casi imposible–. No es de extrañar que los compañeros hagan tal cosa, tal vez los amigos e incluso algunos familiares hagan eso, pero no una madre. Así es una madre: a ella misma le atormenta ver a sus hijos atormentados, busca el beneficio de sus hijos a expensas del suyo o como si el beneficio fuera directamente de ella1, se goza como ninguna otra persona de esta tierra al hacer bien a sus hijos. Pasa un día y pasa otro, mas sus hijos aún están en su memoria y su amor por ellos no se ha extinguido. Una madre no puede desprenderse fácilmente de sus hijos (en el sentido de olvidarlos y no amarlos), su corazón está atado fuertemente a ellos. Así que, mamá, por tu hermoso corazón y por manifestar tu amor de diversas maneras, hoy te digo: No ignoro tu mucho amor… ¡Gracias, sabe que yo también te amo!

Ahora, si el regalo es bueno, mucho más Aquel que lo dio; si el corazón de una madre es hermoso, aún más el corazón de Aquel que es bueno por naturaleza. Eso se confirma con lo que dice la segunda parte del versículo (Isaías 49:15b): “Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaré”. La compasión divina excede con creces a la compasión de una madre. Aunque a duras penas una madre se olvidara de sus hijos y no tuviera compasión de ellos, Dios nunca olvidará a los Suyos –aunque a veces parezca así a nuestros sentidos–. Si lo primero (que una madre olvide a su hijo) es casi imposible que suceda, lo segundo (que Dios olvide a los Suyos) es absolutamente imposible que suceda. Dios, por Su gracia en Jesucristo, nunca dejará de tener compasión o de amar a los Suyos. ¡Oh Dios nuestro, cuánto te amamos!


1 Véase Mateo 15:21-28, donde la mujer cananea cuya hija estaba endemoniada no dijo: “Ten misericordia de mi hija… socorre a mi hija”; sino: “Señor, Hijo de David, ten misericordia de … ¡Señor, socórreme [a mí]!”. Su bienestar era el bienestar de su hija.