Cuando las buenas acciones no son suficientes.

ā€œTodos los caminos del ser humano son limpios a sus ojos, pero las intenciones las juzga el SeƱorā€ (Proverbios 16:2. NVI).

La primera parte de este versĆ­culo parece indicar que la tendencia natural del ser humano no es tener una percepción demasiado baja de sĆ­ mismo, sino demasiado alta. Esto contradice la idea popular de muchos psicólogos. FijĆ©monos en que el texto dice ā€œa sus [propios] ojosā€, es decir, segĆŗn su propia percepción. ĀæPercepción de quĆ©? De sus ā€œcaminosā€, que en este contexto se refiere a sus acciones.

ĀæCómo suele percibir el ser humano sus acciones? Como limpias, puras y buenas; y no solo algunas, sino todas. Creo que por eso, aun cuando hacemos lo malo, buscamos justificarlo (ā€œtuve que hacerlo porqueā€¦ā€), minimizarlo (ā€œno es para tantoā€) o culpar a otros (ā€œlo hice por culpa de Ć©l o de ellaā€¦ā€).

Creo que esa misma tendencia explica por quƩ muchas personas reconocen, en teorƭa, que son pecadoras, pero no sienten verdadero dolor por su pecado ni consideran necesario cambiar de rumbo.

Las intenciones del corazón

La segunda parte del versĆ­culo introduce un contraste marcado con la palabra ā€œperoā€. Es como si el proverbista estuviera diciendo: al final del dĆ­a, no importa tanto cómo te ves a ti mismo ni cómo evalĆŗas tus acciones; lo que realmente importa es cómo Dios te ve a ti y a tus obras.

Todos compareceremos algĆŗn dĆ­a delante de Dios para ser juzgados por Ɖl. Y, sin importar los argumentos o justificaciones que presentemos, Dios tendrĆ” la Ćŗltima palabra. La sentencia final viene de Ɖl.

La palabra que la Biblia NVI traduce como ā€œjuzgaā€ significa literalmente ā€œpesaā€. Podemos decir lo que queramos acerca del valor o del peso de nuestras acciones delante de Dios, pero al final Ɖl las tomarĆ”, las pondrĆ” en la balanza y determinarĆ” cuĆ”l es su verdadero peso. Y Su balanza no estĆ” manipulada: no aƱade peso de mĆ”s ni quita peso de menos. Su juicio es perfectamente justo.

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El embajador y su motivación.

En 2 Corintios 5 el apóstol Pablo habla de sĆ­ mismo como un ā€œembajador de Cristoā€. ĀæQuĆ© es un embajador? Es un oficial que representa a un gobierno en sus relaciones con el otro. El mensaje de un embajador puede ser una declaración de guerra; como fue el mensaje que los mensajeros de AmasĆ­as dieron a JoĆ”s (2 Re. 14:8). Pero el mensaje de Pablo no era de guerra, sino un mensaje de paz.

EL EMBAJADOR

Como embajador de Cristo, Pablo buscaba persuadir a los hombres y les rogaba: ā€œĀ”ReconcĆ­liense con Dios!ā€. Ese ruego de Pablo implica –al menos– tres cosas:

En primer lugar, el ruego de Pablo implica que el mundo no estÔ en paz con Dios. Si el mundo estuviera en paz con Dios, el ruego de Pablo no tuviera sentido. Dije que el mensaje del apóstol no es una declaración de guerra no porque no exista una guerra. De hecho, ahora mismo, hay una guerra entre la humanidad y Dios.

Los hombres (varones y hembras) se rebelan contra Dios al quitar a Dios del trono de sus corazones, pecan al vivir –en el mundo de Dios– a su propia manera y no a la manera de Dios, traspasan los lĆ­mites que Dios les ha puesto y van tras aquellas cosas que Ɖl prohĆ­be. Y Dios, en Su justicia, no puede simplemente ignorar eso; Ɖl estĆ” enojado contra los pecadores y los castiga.

En segundo lugar, el ruego de Pablo implica que la guerra puede acabar. Y es en este sentido que dije al principio que Pablo tiene un mensaje de paz. ĀæCuĆ”l es el mensaje de paz que Pablo tiene? En palabras del mismo apóstol: ā€œque Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Ɖl mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresionesā€ (2 Corintios 5:19). Nótese que Pablo no fue quien tomó la iniciativa de que el hombre y Dios hicieran las paces. Esto es lo asombroso: a pesar de que fue el hombre quiĆ©n inició la guerra con Dios, Dios es quien tomó la iniciativa para reconciliar al hombre consigo mismo.

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