Roca de la eternidad.

Roca de la eternidad,
fuiste abierta Tú por mí.
Sé mi Escondedero fiel,
sólo encuentro paz en Ti.
Rico, limpio manantial,
en el cual lavado fui.

Aunque sea siempre fiel,
aunque llore sin cesar,
del pecado no podré
justificación lograr;
sólo en Ti teniendo fe
el perdón podré alcanzar.

Nada traigo para Ti,
mas tu cruz es mi sostén,
desprovisto y en escasez,
hallo en Ti la paz y el bien;
sucio y vil acudo a Ti,
a ser puro y limpio al fin.

Mientras haya de vivir,
y al instante de expirar;
cuando vaya a responder
en tu augusto tribunal,
sé mi escondedero fiel,
Roca de la eternidad.

Letra: Augustus M. Toplady, 1775, trad. T. M. Westrup. Música: Thomas M. Hastings, 1830.

¿Cómo sé si fui elegido?

La doctrina de la elección afirma que Dios por el puro afecto de Su voluntad, desde la eternidad, ha elegido para salvación a un grupo definido de personas. La doctrina de la elección, en última instancia, no es de los bautistas reformados ni de Calvino, sino de la misma Biblia (1 Ts. 5:9; 2 Ts. 2:13). Ahora, al hablar de la doctrina bíblica de la elección hay una pregunta que, si no siempre, casi siempre surge: ¿cómo sé si fui elegido?

Las palabras del apóstol Pablo a la iglesia de los tesalonicenses son muy interesantes: “sabiendo, hermanos amados de Dios, su elección de vosotros” (1 Ts. 1:4). En este versículo Pablo no sólo hizo referencia a la elección, sino que también afirmó saber que los cristianos en la iglesia de los tesalonicenses habían sido elegidos por Dios. “Pablo, ¿no es muy osada esa afirmación? ¿cómo puedes saber aquello que Dios solo hizo en la eternidad? ¿recibiste alguna revelación directa de Dios por ser apóstol?” –preguntamos–. ¿Por qué Pablo está tan seguro de saber que Dios había elegido para salvación a la iglesia de los tesalonicenses? La respuesta de Pablo, que inicia con un “pues”, se encuentra en los versículos 5 al 10 del mismo 1 Tesalonicenses 1. Pablo conocía la elección de la iglesia de los Tesalonicenses porque: Continuar leyendo ¿Cómo sé si fui elegido?

Mis tuits favoritos [3]

Está es la tercera parte de los tuits que he marcado como favoritos desde mi cuenta de Twitter, @MisaelSusana:

  • “Cristiano, los pecados que tú no puedes olvidar, Dios no los puede recordar (véase Salmos 103:12; Hebreos 8:12)” –LIBERATE.
  • “Si vives para la aceptación de las personas, morirás de su rechazo” –Lecrae.
  • “El legalismo sólo dice: obra. El anti-nomianismo nunca dice: obra. La Biblia dice: obra, porque Dios es quien obra en vosotros” –Kevin DeYoung.
  • “El don de la providencia es para creer en todo momento que el Padre está haciendo algo bueno para Sus hijos” –Kevin DeYoung.
  • “La música congregacional es música para que la congregación cante, no para que escuche” –Spurgeon, tuiteado por Mark Dever.
  • “¿Cristo pagó mis deudas y yo soy arrestado por ellas? ¿Él murió por mí y yo pereceré? ¿Dónde, entonces, está la expiación?” –Spurgeon, tuiteado por Mark Dever.

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Pon tu delicia en el SEÑOR.

Las palabras del Salmo 37:4 pueden parecer a muchos una promesa de que se le concederá, a aquel que profese ser cristiano, absolutamente todo lo que a éste se le antoje; pero eso está muy lejos de la realidad. El Salmo 37:4 dice lo siguiente:

“Pon tu delicia en el SEÑOR, y El te dará las peticiones de tu corazón”.

El versículo comienza con el siguiente llamamiento: “Pon tu delicia en el SEÑOR”. Eso es lo primero, está antes que todo. Se nos llama a gozarnos, amar, apreciar sobre todas las cosas, encontrar placer en el Señor –no en lo que podría darnos, sino en El mismo–. Y es entonces que se promete: “El te dará las peticiones de tu corazón”. ¿Para quién es esa promesa? Para todo aquel cuyo deleite es el Señor. ¿Cuáles son las peticiones del corazón de esta persona? Es importante saber que el corazón pide aquello en lo cual se deleita. Así que, las peticiones del corazón de esta persona es el Señor mismo, lo que a El le agrada, lo que está acorde a Su voluntad y nada fuera de El. “Más de ti, Señor” –es la petición de aquel que se deleita en el Señor–; y esta petición es concedida por el Señor.

Poner nuestra delicia en el Señor es, como dijo Matthew Henry, tanto un deber como un privilegio. Ya que el Señor es bueno en Su esencia, el poner nuestra delicia en El no es un trabajo gravoso –¡contempla la cruz!–. Ya que fuimos creados para la gloria del Señor (Is. 43:3) y sólo en Su presencia hay plenitud de gozo, delicias para siempre (Sal. 16:11); ni los hombres, ni el dinero, ni el sexo, ni ninguna otra cosa creada es mejor que el Señor ni [ninguna cosa creada] tiene la capacidad de satisfacernos perfectamente. Sólo el Señor. Sea, pues, nuestra profesión el deleitarnos más y más en el Señor.