Un joven que le gusta cantar himnos [III]

La verdad no es lo único en la alabanza a Dios, pero es esencial. Una de las razones por la que la verdad es esencial, es porque ésta servirá como fundamento para esas emociones que Dios espera que estén presentes en la alabanza. Continuemos viendo algunos de los himnos antiguos que me han ayudado a alabar a Dios como Él quiere y merece ser alabado.

Oíd un son en alta esfera, por Charles Wesley. Este himno nos presenta el misterio de la encarnación; Jesús, siendo 100% Dios en esencia, se hizo 100% hombre para la gloria de Dios al salvar a pecadores (Jn. 1:1-18):

“El Señor de los señores, el Ungido celestial,
Por salvar a pecadores toma forma corporal.
¡Gloria al Verbo encarnado, en humanidad velado!
¡Gloria a nuestro Redentor, a Jesús, Rey y Señor!
Canta la celeste voz: ¡En los cielos gloria a Dios!”.

Compadécete de mí, por Richard Redhead. Este himno nos ilustra un corazón que se acerca a Dios en arrepentimiento para ser perdonado de sus pecados (Salmo 51):

“En pecado yo nací,
nada bueno hay en mí;
Sólo en ti hay salvación,
Tú das luz al corazón.
Ven entonces a mi ser
y hazlo Tú resplandecer”.

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Un joven que le gusta cantar himnos [II]

Veamos algunos de los himnos antiguos que me han ayudado a alabar a Dios como Él quiere y merece ser alabado. Éstos tienen una buena teología en sus letras, que es el fundamento para ese espíritu o emoción que Dios espera que esté presente en la alabanza.

Cabeza ensangrentada, por Bernardo Claraval. Este himno presenta a Jesucristo como nuestro sustituto, quien sufrió el castigo a pesar de que fuimos nosotros que pecamos (Is. 53:4, 5):

“Pues oprimida tu alma fue por el pecador;
La transgresión fue mía, mas tuyo fue el dolor;
Hoy vengo contristado, merezco tu dolor,
Concédeme tu gracia; ¡oh! Dame tu favor”.

Tal como soy, por Charlotte Elliott. Este himno nos muestra cómo luce aquella persona que responde al llamamiento de Dios (Jn. 6:37):

“Tal como soy de pecador,
Sin más confianza que tu amor,
Ya que me llamas, acudí;
Cordero de Dios, heme aquí”.

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Un joven que le gusta cantar himnos.

Himnario

Crecí en una iglesia donde la mayoría de las alabanzas que se cantaban eran himnos antiguos. Y las veces que me ha tocado dirigir la adoración, siempre trato de cantar canciones contemporáneas e himnos antiguos (obviamente de alabanza a Dios). No hago eso porque esté obligado a seguir la tradición o porque tema ser sacado de la iglesia. Más bien, lo hago porque realmente me gusta cantar himnos antiguos –y sí, todavía estoy muy lejos de los 50–. Continuar leyendo Un joven que le gusta cantar himnos.

¿Malos, pero no para tanto?

Era sábado. Alrededor de la una de la tarde. Yo estaba en la clase de uno de los profesores más temperamentales de la universidad. Una breve lluvia cayó, dejando así más calor que frescura. Fue entonces cuando el profesor interrumpió la clase y dijo en voz alta: “yo sé que somos malos, pero no es para tanto”. Esa era una queja, dirigida hacia Dios. El profesor estaba diciendo que el hombre (varón y hembra) es malo, pero no tanto como para sufrir el calor de aquel momento.

Lamentablemente no pensé en la siguiente respuesta hasta que salí de la clase; sin embargo, he aquí mi respuesta al profesor (y también para todos aquellos que de alguna manera piensan como él):

Aunque usted afirma que somos malos, implícitamente lo que quiere decir es que “somos malos, pero no tan malos”. Pero permítame decirle que sí somos muy malos. Después de Génesis 3 (la caída) Dios vio «que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal». Este es el hombre aparte de la gracia salvífica de Dios: “NO HAY JUSTO, NI AUN UNO; NO HAY QUIEN ENTIENDA, NO HAY QUIEN BUSQUE A DIOS; TODOS SE HAN DESVIADO, A UNA SE HICIERON INÚTILES; NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO” (Véase Romanos 3:10ss).

El hombre no se ve “tan” malo porque su corazón no tan sólo es perverso, sino que también es engañoso (Jeremías 17:9). Dice que la total depravación del hombre es una exageración, llamando así mentiroso a Dios. Pero cada vez que hace así, confirma su gran pecado.

Entonces, si el hombre es tan malo, y lo es1, el castigo de éste debe ser terrible. Ahora, sepa que el calor que ha experimentado no es tan terrible como el calor del infierno. El infierno es el lugar donde los pecadores impenitentes serán castigados al estar separados de Dios (2 Ts. 1:8, 9), fuente de gozo pleno y deleites eternos (Sal. 16:11). Así que, aunque usted sí es muy malo –al igual que todos nosotros aparte de la gracia de Dios–, no está sufriendo tanto calor como merece (es decir, todavía no está en el infierno). Y toda esta bondad de Dios tiene el propósito de que se arrepienta sinceramente de todos sus pecados y confíe en Jesucristo como Salvador y Señor (Ro. 2:4), y sea salvo.


1 Alguien dijo que una persona no sabe qué tan mala es, hasta que se dispone con todas sus fuerzas a ser buena y se da cuenta de que no puede.