Día de la Reforma Protestante ’13

He aquí dos artículos relacionados que pueden leer:

Aquí hay dos sermones relacionados que pueden escuchar:

Y, para finalizar, una imagen relacionada que pueden descargar:

"A menos que sea convencido por el testimonio de las Escrituras o por la clara razón, estoy atado por las Escrituras que he citado y mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo y no quiero retractarme de nada, ya que ni es seguro ni es correcto ir en contra de la conciencia. Que Dios me ayude. Amén", MARTÍN LUTERO.
«A menos que sea convencido por el testimonio de las Escrituras o por la clara razón, estoy atado por las Escrituras que he citado y mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo y no quiero retractarme de nada, ya que ni es seguro ni es correcto ir en contra de la conciencia. Que Dios me ayude. Amén», MARTÍN LUTERO.

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“Castillo fuerte”: el himno.

Castillo fuerte es nuestro Dios,
defensa y buen escudo;
Con su poder nos librará
en este trance agudo.
Con furia y con afán
acósanos Satán;
Por armas deja ver
astucia y gran poder;
Cual él no hay en la tierra.

Nuestro valor es nada aquí,
con él todo es perdido;
Mas por nosotros pugnará
de Dios el Escogido.
Es nuestro Rey Jesús,
el que venció en la cruz,
Señor y Salvador,
y siendo él solo Dios,
Él triunfa en la batalla.

Aunque estén demonios mil
prontos a devorarnos,
No temeremos, porque Dios
sabrá cómo ampararnos.
Que muestre su vigor
Satán, y su furor;
Dañarnos no podrá,
pues condenado es ya
Por la Palabra Santa.

Esa palabra del Señor,
que el mundo no apetece,
Por el Espíritu de Dios
muy firme permanece.
Nos pueden despojar
de bienes y hogar,
El cuerpo destruir,
mas siempre ha de existir
De Dios el Reino eterno.

Letra y música: Martín Lutero, 1529, trad. Juan B. Cabrera, 1886.

1ra parte; 2da parte; 3ra parte

 

La perseverancia de los santos.

Todos aquellos cristianos verdaderos serán preservados por Dios y, entonces, perseverarán hasta el fin en la salvación por gracia. Aunque los cristianos tropiezan y pecan, nunca caerán total y definitivamente de esta salvación, perdiendo así la salvación que el fiel e inmutable Dios les ha dado.

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Es el evangelio sólo para los no cristianos: Otros autores responden.

Jerry Bridges dice: “no puedo enfatizar lo suficiente la importancia de vivir nuestras vidas cristianas cada día en la atmósfera del evangelio. El evangelio no es sólo para incrédulos. Es también para nosotros, porque todavía somos pecadores –pecadores ciertamente salvados, pero aún pecadores en necesidad de seguridad diaria del perdón de Dios por medio de Cristo” (El gozo de temer a Dios, p. 135). 

Timothy Keller dice: “La creencia en el evangelio no es sólo el camino para entrar en el reino de Dios; es el camino para hacer frente a todo obstáculo y crecer en todos los aspectos. El evangelio no es el “ABC”, sino el “A-hasta-Z” de la vida cristiana… El evangelio de la justificación por la fe significa que mientras los cristianos son, en ellos mismos todavía pecadores y pecan, sin embargo en Cristo, a la vista de Dios, ellos son aceptados y justos. Así que podemos decir que somos más malos de lo que nos atrevemos a creer, pero más amados y aceptados en Cristo de lo que nos atrevemos a esperar –al mismo tiempo” (Paul’s Letter to the Galatians: Living in Line with the Truth of the Gospel).

Tullian Tchividjian dice: “una vez que Dios rescata pecadores, Su plan no es dirigirlos más allá del evangelio, sino moverlos más profundamente hacia él. El evangelio, en otras palabras, no es sólo el poder de Dios para salvarte, es el poder de Dios para hacerte crecer una vez eres salvado. Después de todo, el único antídoto para el pecado es el evangelio –y ya que los cristianos continúan siendo pecadores aun después de que son convertidos, el evangelio debe ser la medicina que un cristiano toma cada día” (Fifteen Books On “The Gospel For Christians”).

C. J. Mahaney: “En las Escrituras descubrimos una profunda urgencia por concentrar todo lo que somos y todo lo que hacemos en derredor del evangelio de la cruz. Porque esta buena nueva no solo es lo primero en términos cronológicos en nuestra experiencia cristiana, sino que también permanece como prioridad, de importancia esencial para crear y sostener nuestro gozo y productividad… La actividad y el hábito diario más importante que podemos tener es recordarnos el evangelio a nosotros mismos” (Vivamos centrados en la cruz, pp. 15, 122).

1ra parte; 2da parte