En Jonás 4 vemos como Dios manifiesta Su gracia tanto para la ciudad inmoral de NĂnive como tambiĂ©n para el profeta que se estaba comportando como un moralista, Jonás.
Etiqueta: Arrepentimiento
El ruego del Rey.
Un ruego no es lo mismo que un mero llamamiento. Un ruego va más allá que una mera peticiĂłn. No sĂ© a ti, pero el tĂ©rmino “ruego” trae a mi mente: fuerte deseo desde lo más profundo del ser, sĂşplica repetitiva, voz quebrada e incluso, en ocasiones, lágrimas. Nos resulta raro que aquellos que están supuestos a mandar, rueguen. Es por todo eso que a muchos predicadores del evangelio les resulta difĂcil la idea de rogar a los pecadores y, más aun, la idea de Dios rogándole a los pecadores:
“Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!” (2 Corintios 5:20).
ÂżCĂłmo es posible que el Rey del universo le ruegue a simples criaturas? ÂżCĂłmo es posible que un Dios santo le ruegue a pecadores?
A esos predicadores a quienes esta idea les resulta difĂcil dicen que 2 Corintios 5:20 es el Ăşnico pasaje bĂblico en el cual se presenta a Dios rogando y que por lo tanto… Pero son interrumpidos por Lucas 15:28, en donde se presenta un padre (que representa a Dios) rogando a su hijo mayor que entrara a la celebraciĂłn de misericordia. Ellos, entonces, van rápidamente al griego para confirmar su temor: “AsĂ que, somos embajadores en nombre del MesĂas, como si Dios rogara [llamamiento cerca y personal] por medio de nosotros: ¡Rogamos [desear, anhelar] en nombre del MesĂas, reconciliaos con Dios!” (2 Co. 5:20. Biblia textual). Ellos, entonces, dicen que quien ruega aquĂ no es Dios, sino nosotros. Pero el versĂculo dice que somos embajadores de Cristo; un embajador representa al rey en el lugar donde está y transmite el mensaje del rey tal como Ă©ste lo ha pronunciado. Continuar leyendo El ruego del Rey.
El Pade prĂłdigo.
En esta parábola JesĂşs presenta a un hijo menor siendo prĂłdigo al disipar, malgastar, desperdiciar todo lo que tenĂa; pero su padre fue más prĂłdigo aĂşn al dar sobreabundantemente a quien no lo merecĂa. Este padre tambiĂ©n muestra su bondad a su hijo mayor, el cual no está tan bien como parece.
Predica el evangelio… con palabras.
El evangelio son las buenas noticias de que por la vida, muerte y resurrecciĂłn de Jesucristo hay salvaciĂłn para todo pecador que se arrepiente y confĂa en Él como Salvador y Señor. Hablando en el sentido estricto del tĂ©rmino (“evangelio” significa buenas noticias), nosotros no vivimos el evangelio, nosotros anunciamos el evangelio. La Biblia no habla de vivir el evangelio, sino de testificarlo, anunciarlo, predicarlo.
ÂżPor quĂ© esto es importante? Esto es importante porque nadie será salvo con tan solo mirar la buena conducta de los cristianos si el evangelio no es predicado con palabras. En Romanos 10:14 el apĂłstol Pablo hace las siguientes preguntas: “¿CĂłmo, pues, invocarán a aquel en quien no han creĂdo? ÂżY cĂłmo creerán en aquel de quien no han oĂdo? ÂżY cĂłmo oirán sin haber quien les predique?”. En cierto sentido, el Ăşnico que viviĂł el evangelio fue Jesucristo (Mc. 1:1). Todos los demás deben predicarlo con palabras.
Ahora, el evangelio de Jesucristo no son sĂłlo noticias que informan nuestra mente; sino que «es el poder de Dios para la salvaciĂłn de todo el que cree» (Ro. 1:16). SalvaciĂłn no tan solo del castigo debido al pecado, sino tambiĂ©n salvaciĂłn del pecado mismo. El evangelio de Jesucristo son las buenas noticias con las que el EspĂritu Santo transforma a los hombres (1 Ts. 1:5). La manera en la que vivimos sĂ es importante: una buena conducta como cristianos abre puertas para predicar el evangelio; una mala conducta como cristianos cierra puertas para predicar el evangelio.
En conclusión, predica el evangelio con palabras y adórnalo con una buena conducta (Ti. 2:5, 10). Nadie será salvo solamente mirando tu buena conducta, pero también es una contradicción predicar el evangelio con palabras y no vivir acorde a éste.