7 verdades que aprendemos de la resurrecciĂłn.

1. DIOS ES FIEL.
2. JESĂšS ES DIOS.
3. JESĂšS ES JUEZ.
4. JESĂšS ES PRINCIPE Y SALVADOR.
5. JESÚS ES LA GARANTÍA DE JUSTIFICACIÓN.
6. JESĂšS ES LIBERTADOR.
7. JESÚS ES GARANTÍA DE NUESTRA RESURRECCIÓN.

Admira y aprende del Amigo de pecadores.

Los escribas y los fariseos eran dos de los grupos religiosos más importantes en la época en la que Jesús vivió. Los escribas eran expertos en la ley que trabajaban copiando manuscritos y enseñando la ley judía. Y los fariseos eran una secta judía que buscaba cumplir rigurosamente la ley mosaica.

Una de las acusaciones de los escribas y fariseos hacia la persona de Jesús fue que éste último era “amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores” (Mt. 11:19; Lc. 7:34). Y aunque es necesario resaltar que esa no fue una descripción que Jesús se dió a sí mismo; no es menos cierto que Jesús no se avergonzó de ésta –al contrario, pareció afirmarla–.

Ahora veamos en qué sentido Jesús fue amigo de pecadores, en qué sentido Él no fue amigo de pecadores y cómo se aplica eso a nosotros.

¿EN QUÉ SENTIDO JESÚS FUE AMIGO DE PECADORES?

Los escribas y los fariseos se creían los más santos y se apartaban de los que ellos consideraban pecadores. Pero a diferencia de los escribas y los fariseos, Jesús estaba rodeado de pecadores. ¡Y Él no se avergonzaba de ser visto con ellos!

En Mateo 9 leemos que uno de los discípulos de Jesús era –antes de convertirse en Su discípulo– un publicano o recaudador de impuestos; allí también vemos a Jesús sentado a la mesa junto a publicanos y pecadores, comiendo con ellos (vv. 9-11).

En Lucas 7, justo después de repetir la acusación de los escribas y los fariseos (“amigo de pecadores”), una mujer pecadora de la ciudad (posiblemente una prostituta) ungió los pies de Jesús con perfume. Jesús no se lo impidió, aunque el dueño de la casa no hubiera dejado que esa mujer lo tocara a él (quien era fariseo).

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La Navidad se trata de recibir.

Sé que el título de este artículo suena muy extraño para la mayoría de los que lo leen –o posiblemente para todos–. Y suena muy extraño porque nuestros padres, las películas de Navidad e incluso los comerciales de Coca-Cola nos han enseñado que la Navidad se trata de dar. Pero ¿y si la navidad no se trata de dar –al menos no como algo principal–? Y antes de que me acusen de ser egoísta, permítanme explicarme:

La palabra “Navidad” significa nacimiento. Y aunque la mayoría de las personas hoy en día festejan sin Jesucristo, el nacimiento de Jesucristo es la razón principal de celebración en la Navidad. Jesucristo es el centro de la Navidad.

Y cuando la Biblia habla del nacimiento o la primera venida de Jesús lo hace en términos de un regalo de Dios para la humanidad. Leamos tres versículos:

“Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado, y la soberanĂ­a reposará sobre Sus hombros. Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, PrĂ­ncipe de Paz” (IsaĂ­as 9:6).

“porque les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11).

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

¿Lo notaron? El profeta Isaías dice que un Hijo “nos ha sido dado”. Lucas registra que un Salvador “les ha nacido hoy”. Y Juan el evangelista dice que Dios “dio a Su Hijo unigénito”. ¡Jesucristo, como Salvador y Señor, es el regalo de Dios para ti y para mí!

¿Cómo podemos recibir a Jesucristo? Por medio del arrepentimiento y la fe. Arrepintiéndonos sinceramente de todos nuestros pecados y pidiéndole con confianza a Jesús que nos salve y sea nuestro Señor. Alguien ilustró el arrepentimiento y la fe de la siguiente manera: el arrepentimiento es la mano que suelta todos esos pecados a los que antes nos aferrábamos; la fe es la mano vacía que se extiende a Dios para recibir todo lo que Él ha prometido darnos en Jesucristo.

Y esa es la razón por la que sostengo que la Navidad se trata principalmente de recibir. Está bien dar y compartir lo que tenemos en está época, después de todo: ¿se puede responder de otra manera ante el Dios que ha dado tanto a pecadores que no lo merecen? Pero nunca olvidemos que la Navidad se trata principalmente de recibir el regalo de Jesús que Dios nos ha dado.

Y tú, ¿ya recibiste ese regalo? Si es así, ¡no lo sueltes! Celebra, festeja por el regalo que Dios te ha dado. Y a medida que pasen los años, aférrate más y más a Jesucristo. Y si todavía no lo has recibido, no dejes que pase esta Navidad sin hacer tuyo el regalo de Jesús como tu suficiente Salvador y tu único Señor.