Del coronavirus al evangelio.

En Lucas 13 se relata como Jesús aprovechó dos acontecimientos (“los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios” y los “dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató”) de Su época para llamar a los pecadores al arrepentimiento.

Estamos en un tiempo particular: el Covid-19 se ha convertido en una pandemia y, como ha de esperarse, todo el mundo está hablando de esto. Como Jesús, aprovechemos la oportunidad que tenemos para predicar el evangelio –partiendo de nuestra situación actual–. He aquí tres de muchas maneras en las que podemos hacerlo:

SI NO TE ARREPIENTES, PERECERÁS

Volviendo a Lucas 13, Jesús dejó claro que ni los galileos que murieron ni los dieciocho sobre los que cayó la torre eran más pecadores que los demás y que si los demás no se arrepentían, iban también a perecer.

Cuando ocurren cosas como esas –o como las que estamos viviendo actualmente–, muchas personas opinan sobre el porqué cierta persona murió o cierto grupo de personas murieron. Yo particularmente he escuchado a personas dar razones de por qué es un juicio de Dios que el Covid-19 haya afectado tanto a China e Italia. Pero que esos países fueran más afectados o que ciertas personas hayan muerto no es necesariamente debido a que ellos eran más pecadores que los demás. Continuar leyendo Del coronavirus al evangelio.

Haz esto y serás salvo.

El confesar con la boca y el creer en el corazón no son actos desconectados uno de otro. El confesar con la boca confirma el creer en el corazón y el creer en el corazón lleva a confesar con la boca.

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Las promesas de Dios son para ser usadas.

En 2 Samuel 7, Dios –a través del profeta Natán– le recordó a David como Él lo escogió y lo hizo un rey grande sobre Israel. Dios también le prometió que Él levantaría a uno de su familia que edificaría una casa para el Señor y la casa y el trono de David serían establecidos para siempre.

¿Cuál fue la respuesta de David? “Y ahora, oh Señor Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado acerca de tu siervo y acerca de su casa, y haz según has hablado” (v. 25). David respondió: “afirma mi casa, afirma mi reino para siempre, tal como has dicho”. Un par de versículos más abajo, David dijo: “Porque tú, oh Señor de los ejércitos, Dios de Israel, has revelado a tu siervo, diciendo: «Yo te edificaré casa»; por tanto, tu siervo ha hallado ánimo para elevar esta oración a ti” (v. 27).

David sabía que hacer una oración como esa era un acto muy presuntuoso… a menos que Dios le hubiera abierto esa puerta. Y eso fue lo que Dios hizo: Dios fue quien tuvo la iniciativa, Él le prometió a David establecer su reino; y, entonces, David tuvo el valor para pedir de la manera que lo hizo: “Y ahora, ten a bien bendecir la casa de tu siervo, a fin de que permanezca para siempre delante de ti; porque tú, oh Señor Dios, has hablado y con tu bendición será bendita para siempre la casa de tu siervo” (v. 29).

La promesa que Dios hizo a David encuentra su cumplimiento último en Jesús, quien es el Rey-Salvador de todos los que se arrepienten de sus pecados y confían en Él. Jesús es la promesa más grande de todas y la razón por la cual Dios puede dar justamente buenas cosas a quienes merecen sólo castigo. Continuar leyendo Las promesas de Dios son para ser usadas.

¿Qué consejo Jesús le daría a los que usan redes sociales?

En el tiempo en el cual Jesús caminó sobre esta tierra no existían redes sociales como Facebook, Youtube, Instagram y Twitter. Pero si hubieran existido, ¿las hubiera usado Jesús? O al menos: ¿qué consejo Jesús les hubiera dado a aquellos que la usan?

En Juan 6 se relata como Jesús alimentó a más de cinco mil personas después de multiplicar cinco panes y dos pescados. “La gente entonces, al ver la señal que Jesús había hecho, decía: Verdaderamente este es el Profeta que había de venir al mundo” (v. 14). La intención de esa gente era derrocar al imperio romano y hacer a Jesús rey. Pero esa no era la misión de Jesús en Su primera venida, por eso se retiró y se fue al otro lado del mar. La gente siguió a Jesús hasta el otro lado del mar. Allí, Jesús le dijo que ellos no lo estaban buscando por la razón correcta.

Jesús aprovechó el momento y les dijo que Él era «el pan de Dios… que baja del cielo, y da vida al mundo» (v. 33). Un pan superior no sólo al que ellos acababan de comer, sino también superior al maná que Moisés les había dado. Y lo que la gente tenía que hacer era comer de ese pan para no tener más hambre o, en otras palabras, creer en Jesús para tener vida eterna.

Al escuchar las palabras de Jesús, muchos de sus discípulos dijeron: “Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla?” (v. 60). Y como resultado se apartaron de Jesús, ya no andaban con Él. Pero, después, Jesús ni se arrepintió ni alegó que lo habían mal entendido; sino que les preguntó a los doce discípulos: “¿Acaso queréis vosotros iros también?” (v. 67). A lo que ellos respondieron, en palabras de Pedro, que ellos no tenían a donde más ir, que Él (Jesús) es el Santo de Dios con palabras de vida eterna.

Entonces, ¿qué consejo Jesús les hubiera dado a aquellos que usan redes sociales? Él hubiera dicho algo como lo siguiente: “No negocies la verdad, el evangelio, por más ‘likes’/popularidad/seguidores. No te disculpes de lo que la Biblia dice. La fidelidad seguramente te costará muchos seguidores, pero los verdaderos seguidores permanecerán”.