Oh, gran Dios + RegeneraciĂłn

OH, GRAN DIOS – La IBI

REGENERACIÓN

La canciĂłn anterior fue inspirada en la siguiente oraciĂłn del Valley of Vision [Valle de la visiĂłn]:

Oh, Dios del cielo más alto,
ocupa el trono de mi corazĂłn,
toma entera posesiĂłn y reina supremamente,
derriba cada deseo rebelde,
que ninguna vil pasiĂłn resista tu santa guerra;
manifiesta tu enorme poder,
y hazme tuyo por siempre.
TĂş eres digno de ser
alabado con cada respiraciĂłn,
amado con cada facultad del alma,
servido con cada acciĂłn en vida.
Me has amado, desposado, recibido,
comprado, lavado, favorecido, vestido,
adornado,
cuando era indigno, vil, sucio, contaminado.
Estaba muerto en iniquidades,
sin ojos para verte,
sin oĂ­dos para escucharte,
sin gusto para saborear tus gozos,
sin inteligencia para conocerte;
Pero tu EspĂ­ritu me ha dado vida,
me ha traĂ­do a un nuevo mundo como una
nueva criatura,
me ha dado percepciĂłn espiritual,
ha abierto tu Palabra como luz a mĂ­, guĂ­a,
paz, gozo.
Tu presencia es un tesoro de paz sin fin para mĂ­;
Ninguna provocaciĂłn puede separarme de tu compasiĂłn,
porque me has atraĂ­do con cuerdas de amor,
y me perdonas cada dĂ­a, cada hora.
Oh, entonces, ayĂşdame a caminar digno de tu amor,
de mis esperanzas, y mi profesiĂłn.
Guárdame, porque no puedo hacerlo solo;
Protégeme para que ningún mal me acontezca;
Que deje a un lado cada pecado admirado por muchos;
AyĂşdame a caminar a tu lado, descansar en tu brazo,
mantener conversaciones contigo,
que de ahora en adelante pueda ser sal de la tierra
y una bendiciĂłn a todos.

Dios no olvida el pecado, hace algo mucho mejor.

En Isaías 43, Dios se describe a sí mismo como el Creador de Israel. Pero Él también se describe como el Redentor de Israel. Y como Redentor de Israel, éste último había pasado a ser pertenencia de Dios (v. 1). Como Redentor de Israel, Dios también estaría con Su pueblo y a favor de éste (v. 2).

Pero la gran bondad de Dios por Su pueblo se contrasta con el gran pecado del pueblo contra Dios: “Pero no me has invocado, Jacob, sino que te has cansado de mí, Israel” (v. 22). El pueblo no había invocado a Dios a pesar de ser posesión y dependiente de Dios. El pueblo se había cansado de Dios a pesar de que Él es el ser más maravilloso que existe. El pecado de Israel era serio.

Ahora, no nos apresuremos a apuntar nuestro dedo acusador contra Israel. ÂżNo pecamos nosotros hoy de formas similares? ÂżNo podrĂ­a catalogarse la falta de oraciĂłn como pecado de no invocar a Dios? ÂżNo podrĂ­a catalogarse el descuido de los medios de gracia (Biblia, oraciĂłn, adoraciĂłn) como pecado de cansarse de Dios?

Unas lĂ­neas más abajo Dios expresa que los pecados de Su pueblo son muchos con las siguientes palabras: “me has abrumado con tus pecados, y me has cansado con tus iniquidades” (v. 24). Ahora, las siguientes palabras que Dios dice no son las palabras que esperarĂ­amos –¡y que bueno que es asĂ­!–: “Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mĂ­ mismo, y no recordarĂ© tus pecados.” (v. 25). DespuĂ©s de describir el pecado de Su pueblo como muy grave, Dios se describe como perdonador. Y ese perdĂłn para pecadores fue comprado, años despuĂ©s, a precio de sangre en la cruz de Jesucristo. Continuar leyendo Dios no olvida el pecado, hace algo mucho mejor.

El Dios que perdona y castiga la iniquidad.

“Te ruego que me muestres tu gloria” –fue la petición de Moisés a Dios en Éxodo 33:18–. Dios, entonces, le respondió que Él pasaría con Su gloria y que Moisés vería Sus espaldas; pero no Su rostro, porque nadie podía verlo y vivir (Éx. 33:20-23).

Ya en el capítulo 34, se dice que Dios pasó por delante de Moisés y proclamó: “El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación” (vv. 6, 7). ¡Esa es la gloria de Dios! Y cuando Moisés la vio, él se inclinó y adoró (v. 8).

Dos de los atributos que Dios proclamĂł fueron Su clemencia y Su justicia. Clemencia, que tambiĂ©n se traduce como gracia, significa favor. Y cuando decimos que la gloria de Dios es ser clemente significamos que Dios se complace en mostrar Su favor hacia aquellos que lo necesitan y, al mismo tiempo, no lo merecen. Y es debido a esa gracia que Dios perdona la iniquidad, la transgresiĂłn y el pecado. Todo aquel que se vuelve a Dios e implora Su perdĂłn será atendido favorablemente, sin importar la gravedad de su pecado. Continuar leyendo El Dios que perdona y castiga la iniquidad.