Un atleta que corre en una carrera no puede darse el lujo de mirar hacia atrás. Aun cuando está cerca de la meta Ă©l no mira hacia atrás, sino que extiende su cuerpo hacia la meta. Mirar atrás, aunque sea por un segundo, podrĂa hacer que el atleta pierda la carrera.
Es muy probable que esa (un atleta corriendo en una carrera) sea la imagen que el apĂłstol Pablo tenĂa en mente cuando escribiĂł lo siguiente:
“No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14).
Pablo admitiĂł que Ă©l todavĂa no habĂa cruzado la meta. Él no era perfecto. Él todavĂa no habĂa llegado al cielo con Jesucristo, todavĂa no habĂa sido conformado a la imagen de Jesucristo –ni en cuerpo ni en espĂritu–. TodavĂa pecados y debilidades vivĂan en Ă©l. Pero Ă©l seguĂa corriendo y se dirigĂa a la meta. Y Pablo corrĂa bien: Ă©l olvidaba lo que quedaba atrás y se extendĂa hacia lo que estaba delante. Continuar leyendo CĂłmo correr bien la carrera cristiana.
