«Como un joven que se casa con una doncella, asĂ el que te edifica se casará contigo; como un novio que se regocija por su novia, asĂ tu Dios se regocijará por ti» (IsaĂas 62:5. NVI).
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Apreciando y aprovechando tu solterĂa.
Muchos ven la solterĂa como un monstruo del cual deben escapar. Por eso entran en relaciones románticas aun cuando no es el tiempo apropiado para ellos. Otros, despuĂ©s de mucho entrar y salir de relaciones románticas han abrazado su solterĂa como si fuera un mal necesario.
Este artĂculo no tiene la intenciĂłn de elevar la solterĂa por encima del matrimonio como algo más excelente. La intenciĂłn de este artĂculo es llamar a todos los cristianos solteros a apreciar y aprovechar su solterĂa durante todo el tiempo en el cual Dios los tenga en Ă©sta.
El llamamiento de Dios tanto para los casados como para los solteros es que vivan para Él (Ro. 14:8). Sin embargo, la obediencia a este mandamiento luce diferente en la vida del casado y en la vida del soltero. En 1 Corintios 7:32 y 33 vemos como luce la obediencia a este mandamiento en la vida del soltero:
“Mas quiero que estéis libres de preocupación. El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo puede agradar al Señor; pero el casado se preocupa por las cosas del mundo1, de cómo agradar a su mujer”.
APRECIANDO TU SOLTERĂŤA
Por “apreciar” significo estimar el valor que tiene algo. La solterĂa no es monstruo ni un mal necesario. La solterĂa es valiosa. Como soltero estás libre de muchas preocupaciones [lĂcitas] que los casados tienen. Ahora mismo tĂş no tienes un cĂłnyuge a quien debas dedicarle tiempo, para quien trabajar y en quien tengas que invertir tu dinero en vestido o alimento.
APROVECHANDO TU SOLTERĂŤA
Por “aprovechar” significo utilizar algo de tal forma que se obtenga el mayor provecho de Ă©ste. Si la solterĂa es valiosa –y la es–, ¡aprovĂ©chala! ÂżCĂłmo? Haz que el objetivo de tu solterĂa sea agradar al Señor –sin divisiĂłn, sin interrupciĂłn–. Agrada al Señor con tu tiempo, contempla por tanto tiempo como puedas la revelaciĂłn de la belleza de Jesucristo en las Escrituras hasta que tĂş tambiĂ©n puedas decir “¡con razĂłn te aman!” (Ca. 1:4). Agrada al Señor con tu trabajo, gasta tus fuerzas en el servicio a Él (por ejemplo, al evangelizar y servir a tu comunidad). Si la respuesta predeterminada del casado, para aquellos que solicitan su ayuda, es «PermĂteme pensarlo»; la respuesta predeterminada del soltero deberĂa ser «¡SĂ!». Agrada al Señor con tu dinero, dando dinero sacrificialmente (o una cantidad que no podrĂas dar si estuvieras casado) para la extensiĂłn de la obra de Dios y para suplir las necesidades de otros cristianos pobres.
1 La preocupaciĂłn «por las cosas del mundo», de la cual habla el versĂculo 33, no son cosas pecaminosas, sino que son preocupaciones lĂcitas en este mundo.
La fuerza y constancia del amor de Dios [II]
Jesed no se trata de una mera emociĂłn sin compromiso de parte de Dios. Jesed tampoco se trata de un mero compromiso sin afecto de parte de Dios. Jesed, en relaciĂłn con Dios, se trata del amor perpetuo de Dios por Su pueblo.
Y una vez nosotros mismos hemos gustado ese amor en Jesucristo, entonces veámoslo como el modelo para todo matrimonio. Y eso es adecuado ya que Dios constantemente ilustra Su amor por Su pueblo con el amor de un esposo por su esposa (Os. 2:19, 20) y, además, el matrimonio es una representaciĂłn de la relaciĂłn entre Jesucristo y Su iglesia (Ef. 5:23-33). Y antes de proseguir quiero dirigirme brevemente a los esposos: cuando Dios deje de relacionarse con Su pueblo con ese amor perpetuo –algo que nunca pasará– tĂş podrás dejar de relacionarte con tu esposa asĂ.
El matrimonio no se trata de una emociĂłn dĂ©bil, que va y viene, y que puede dejar de ser. Más bien se trata de una firme determinaciĂłn y acciĂłn de permanecer fiel al pacto, se trata de permanecer comprometidos a pesar de las debilidades y pecados del otro. Ahora, el matrimonio tampoco se trata de una determinaciĂłn sin afectos, que viene de un corazĂłn frĂo. Más bien se trata de una determinaciĂłn, un compromiso gozoso, con deleite, con un sincero deseo de agradar al otro (i.e. Amor real, sin fingimiento). Vuelvo a repetir que no se trata de una mera emociĂłn sin compromiso, ni tampoco de un mero compromiso sin afecto; se trata de un amor perpetuo.
Si Dios ama perpetuamente a Su pueblo, ¿cómo haremos nosotros algo menor a eso? ¿Acaso eres mayor que Dios para no amar perpetuamente a tu cónyuge? ¿Acaso las debilidades y pecados de tu cónyuge son más que tus debilidades y pecados para con Dios pero que aun asà Él te sigue amando? ¡Oh, que Dios haga abundar esta gracia en los matrimonios presentes, y en los futuros, para nuestro bien y Su gloria en y a través de nosotros! Amén.
1ra parte; 2da parte
El lugar más feliz de la historia.
En el libro sobre complementariedad cristiana titulado Good [Bueno], Marshall Segal hace una paradĂłjica declaraciĂłn: “en el lugar más feliz de la historia [el paraĂso] no habrá bodas, ni matrimonios ni sexo” (pp. 106, 107). No sĂ© si puedes ver por quĂ© digo que esa es una paradĂłjica declaraciĂłn (una declaraciĂłn que parece contradecirse). El asunto es que si hiciĂ©ramos una lista de las cosas más placenteras en este mundo, sin duda alguna las bodas, el matrimonio, y el sexo se encontrarĂan en los primeros lugares de la lista. Y a pesar de que Marchall Segal dice que esas buenas cosas no existirán en el cielo, Ă©l dice que el cielo seguirá siendo el lugar más feliz de la historia. ÂżConfirma o desmiente la Biblia esa declaraciĂłn?
En Marcos 12:25 Jesús dijo: “Porque cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio, sino que serán como los ángeles en los cielos”. Ya que la boda es la ceremonia en la que se celebra el matrimonio y ya que el sexo está supuesto a existir dentro del matrimonio, confirmamos que en el cielo no habrá bodas, matrimonios, ni sexo. Aunque estas cosas son buenas dádivas de Dios, son para el aquà y el ahora.
Ahora, ¿cómo describe la Biblia al cielo a pesar de la ausencia de esas buenas dádivas?
- “Me regocijarĂ© por JerusalĂ©n y me gozarĂ© por mi pueblo; no se oirá más en ella voz de lloro ni voz de clamor” (IsaĂas 65:19);
- “El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Apocalipsis 21:4);
- “Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre” (Salmos 16:11).
¿Cómo es esto posible? ¿Cómo puede ser el cielo el lugar más feliz a pesar de que allà no habrá algunas de las cosas que nos hacen más felices aquà y ahora? La respuesta es que nuestro gozo último no se encuentra en las bodas, el matrimonio y el sexo; nuestro gozo último se encuentra en Dios mismo. Las bodas, el matrimonio y el sexo no son más que sombras de algo más excelente; las bodas, el matrimonio y el sexo apuntan a la comunión que la iglesia tendrá con Dios en el cielo (véanse Ef. 5:31, 32; Ap. 19:7, 8). Dios es la razón por la cual el cielo será el lugar más feliz de la historia a pesar de la ausencia de bodas, matrimonios y sexo.