De Ăşltima hora: ¡MoisĂ©s ha muerto!

El libro de Josué comienza con noticias abrumadoras (muy preocupantes): “después de la muerte de Moisés” (Josué 1:1). ¿Por qué digo noticias abrumadoras? Porque Dios utilizó a Moisés para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto y llevarlos a la tierra prometida, «una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (Éx. 3:7, 8). Moisés era el líder del pueblo, era un profeta único a quien el Señor conocía cara a cara; a través de él, Dios hizo señales y prodigios ante los egipcios, y hechos grandiosos y terribles ante los ojos de todo Israel (Dt. 34:10-12). Pero antes de que el muy numeroso pueblo de Israel poseyera la tierra prometida, Moisés muere.

Quietos, sepan
«Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra» (Salmos 46:10).

Entonces, Dios dijo lo siguiente a JosuĂ©: “Mi siervo MoisĂ©s ha muerto; ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tĂş y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel… tĂş darás a este pueblo posesiĂłn de la tierra que jurĂ© a sus padres que les darĂ­a” (vv. 2, 6). Dios estaba consciente de que MoisĂ©s habĂ­a muerto, sin embargo, Él no le preguntĂł a JosuĂ© quĂ© harĂ­an ahora que MoisĂ©s no estaba, Él no le dijo al pueblo que “regresaran a sus casas” porque ya no valĂ­a la pena seguir adelante. Dios no entrĂł en pánico ante la muerte de Su siervo MoisĂ©s. NĂłtese que inmediatamente despuĂ©s de decir que MoisĂ©s habĂ­a muerto, Dios le dice a JosuĂ©: “levántate, cruza…  tĂş darás a este pueblo posesiĂłn de la tierra”. Es como si Dios hubiera dicho: “¿MuriĂł MoisĂ©s? Bien, ¡JosuĂ©, manos a la obra!”. MoisĂ©s, “el gran lĂ­der” segĂşn muchos, habĂ­a muerto, pero no la obra de Dios.

No creamos que somos “la gran cosa” (dicho de otra manera: lo máximo; la última Coca-Cola del desierto), ni creamos que otro hombre es “la gran cosa”. Dios es un gran Dios, cuya gloria es ser el [único] indispensable; y nuestro privilegio es formar parte, como Sus instrumentos, de lo que Él está haciendo.

Él vive hoy – La IBI & SGM

LETRA

¿Por qué buscas en la tumba
A aquel que vivo está?
Recuerda su promesa: «¡Me levantaré!»
La piedra removida
Su cuerpo no se hallĂł
Ha llegado el tercer dĂ­a
El Señor resucitó!

Coro:
Bendito sea el Dios
Y Padre del Señor Jesús
Quien vive hoy
Esperanza viva tengo
Vida junto a Él me dio
Y de la muerte me resucitĂł

Perfecto sacrificio
El Padre recibiĂł
Segura garantĂ­a de nuestra justificaciĂłn
Cuando vuelva por su iglesia
Las tumbas se abrirán
Y los que han dormido en Cristo
Con Él resucitarán

Puente:
¿Dónde está oh muerte tu aguijón
Sepulcro dĂłnde tu victoria?
Si Cristo con su muerte te venciĂł
Del pecado Él nos liberó
Y ha reclamado su victoria
La tumba no lo pudo retener
Él vive hoy, Él vive hoy

DeclaraciĂłn final:
¡Glorioso el día que de la muerte Él resucitó!

© 2014 Integridad & Sabiduría Worship (Una división de Ministerios Integridad & Sabiduría) (ASCAP)/Sovereign Grace Worship (ASCAP)

ÂżQuĂ© implica que JesĂşs se haya afligido y angustiado en GetsemanĂ­?

Es común que un enfermo, al cual le acaban de decir que le queda poco tiempo de vida, experimente tristeza, angustia, dolor, temor. Todo eso porque sabe que tendrá que enfrentarse inevitablemente a lo desconocido: la muerte y lo que hay después de ésta. ¿Entiende Jesús a los que están en esa situación? Sí (con respecto a enfrentarse inevitablemente a lo desconocido), porque Él fue «tentado en todo como nosotros, pero sin pecado» (Heb. 4:15).

Poco tiempo antes de Su crucifixión, en Getsemaní, se dice acerca de Jesús: “tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse mucho” (Mc. 14:33); Jesús dijo acerca de sí mismo: “Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quedaos aquí y velad” (v. 34); y oraba una y otra vez: “¡Abba, Padre! Para ti todas las cosas son posibles; aparta de mí esta copa, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieras” (v. 36). Los eruditos en griego que participaron en la traducción de la Biblia Textual comentan en el versículo 33 lo siguiente: “El verbo griego ekthambeîsthai [afligirse] expresa una intensa emoción, mezcla de asombro y horror… El verbo griego ademoneîn [angustiarse] expresa un sentimiento de molestia extrema, como de encontrarse desvalido, extraño del hogar paterno”. Todo eso no tan solo porque Jesús sabía que moriría, sino también porque sabía que sufriría toda la ira de Dios debido a nuestro pecado. El Hijo de Dios (Jesús) había visto a Su Padre derramar Su ira sobre muchos, pero ahora por primera [y única] vez estaba a punto de convertirse en el objetivo de Su ira.

¿Qué implica todo esto para el cristiano que le queda poco tiempo de vida? Implica no tan solo que Jesús entiende tu tristeza, angustia, dolor y temor (con respecto a enfrentar inevitablemente lo desconocido); sino que también implica que puedes enfrentar la muerte con la seguridad de que lo que hay después de ésta no es un Dios con un rostro fruncido listo para condenarte, sino un Dios alegre que te invita a entrar en Su gozo con Sus brazos abiertos de par en par.