La realidad del juicio.

La segunda parte de Hebreos 9:27 dice: “y después de esto [la muerte], el juicio”. Después de la muerte, vendrá el juicio. Como todos experimentarán la muerte –a menos que el soberano Dios decida otra cosa para alguien, así también todos (sean dominicanos o haitianos, hablen ingles o francés, sean ricos o pobres, sean jóvenes o ancianos) se enfrentarán al juicio que viene después de la muerte (2 Co. 5:10; Ap. 20:11-15). En ese juicio los hombres darán cuentas a Dios por todo lo dicho y hecho. A diferencia de aquellos jueces injustos, Dios es el juez justo que pagará a cada uno conforme a lo que se merece; la vida eterna (cerca de Dios) para el justo y la condenación eterna (lejos de Dios) para el injusto.

CÓMO DEBES RESPONDER A ESTO: YENDO A JESUCRISTO CON ARREPENTIMIENTO Y FE.

ÂżPiensas tĂş que eres justo? Âżeres tĂş bueno ante los ojos de Dios el juez justo? Dios, el juez justo, dice en Su Palabra que NO HAY JUSTO, NI AUN UNO… NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO (Ro. 3:10-18); tambiĂ©n dice que cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos (Stg. 2:10). ÂżHas mentido? (p. ej. “¡Profesora, no traje el cuaderno de matemáticas!” –cuando la verdad fue que sĂ­ lo llevaste, pero no hiciste la tarea); ÂżHas robado? (p. ej. Al tomar dinero sin permiso del bolso de tu madre o al tomar y no devolver el lápiz que se le cayĂł a tu compañero); ÂżHas mirado y codiciado a alguien que no te pertenece? (p. ej. Al ver imágenes o vĂ­deos de personas desnudas en Internet). TĂş no eres justo, sino transgresor de la ley (pecador). Como transgresor de la ley, mereces el castigo de Dios.

Pero, hay una esperanza para el pecador. Hay una buena noticia y es que Dios, el juez justo, bondadosamente proveyó en la persona de Jesucristo el perdón de todos nuestros pecados, la comunión con Él, la vida eterna. Dice Hebreos 9:28: “así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan”. Jesucristo es el Cordero de Dios, ofrecido para llevar los pecados de todos aquellos que viendo su pecaminosidad, van arrepentidos sinceramente ante Él y confiando únicamente en Él como su Salvador. Jesucristo es fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen (Heb. 5:9). Él fue quien predicó: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio” (Mc. 1:15); y quien también dijo: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28). Jesucristo fue el sustituto de todos aquellos que van a Él con arrepentimiento y fe. Él vivió una vida de perfecta obediencia a los mandamientos de Dios para salvarnos y sufrió en la cruz el castigo que merecíamos (pagando así la deuda que teníamos para con Dios). Jesucristo fue el único que nunca pecó y siempre obedeció. Aparte de Jesucristo, tú no tienes la más mínima oportunidad de salir airoso en el juicio final; pero con Jesucristo, sabe que todos tus pecados son perdonados, estás a salvo de la condenación eterna y disfrutarás de la eterna comunión con Él.

1ra parte; 2da parte

¡Esto es incomparable amor!

EL REGALO DE DIOS

Romanos 8:32 dice: “El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas?”. En ese versículo, Pablo (inspirado por Dios) quiere hacernos entender esta maravillosa verdad: Si Dios nos dio lo más preciado que tenía (Su Hijo Jesucristo), Él nos dará todo lo demás que realmente necesitemos. Como dijo Henry T. Mahan: “Si Dios amó de tal manera que dio a Cristo, y Cristo amó de tal manera que vino a este mundo y llevó todo nuestro pecado y vergüenza, ¿no nos va a dar el Padre gratuitamente todo lo que Cristo adquirió para nosotros?”. El Regalo que Dios dio fue Su propio Hijo Jesucristo, quien desde antes de la fundación del mundo tenía una íntima relación con Dios Padre (Jn. 17:5,11,23); y cuando Jesucristo se encarnó, Dios Padre públicamente declaró: “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido” (Mt. 3:17). Todo esto nos muestra que no hay nada ni nadie más preciado que Jesucristo; a Éste fue quien Dios dio.

LOS RECEPTORES DEL REGALO

Romanos 5:7 dice: “Porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno”. Si eso es asĂ­, ÂżquĂ© posibilidad tiene una persona mala e injusta de que alguien (pague su deuda) muera por ella? LĂłgicamente responderĂ­amos: “Ninguna posibilidad, ya que difĂ­cilmente alguien muera por un justo y no es seguro que alguien muera por el bueno”. Ahora, Romanos 3:10,12 dice: “NO HAY JUSTO, NI AUN UNO… TODOS SE HAN DESVIADO, A UNA SE HICIERON INĂšTILES; NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO”. Cristiano, sabe que tĂş no eras el justo por el cual difĂ­cilmente alguien morirĂ­a, tampoco el bueno por el cual tal vez alguien morirĂ­a. TĂş eras el pecador (injusto y malo) por el cual nadie morirĂ­a. “Pero Dios”, asĂ­ Romanos 5:8 comienza marcando un maravilloso contraste, “demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aĂşn pecadores, Cristo muriĂł por nosotros”. Nosotros somos los receptores del Regalo de Dios, somos los receptores de Su grandĂ­simo amor demostrado, somos quienes disfrutan de la salvaciĂłn que Dios da gratuitamente en Jesucristo. ¡Esto es incomparable amor!

¿Qué es el arrepentimiento?

Al recorrer el Antiguo Testamento nos encontraremos una y otra vez con el llamamiento de Dios al arrepentimiento. Desde el comienzo de Su ministerio, Jesucristo llamó al arrepentimiento (Marcos 1:15). Y los apóstoles también predicaron que el hombre debía arrepentirse (Marcos 6:12). El arrepentimiento es importante porque Dios ha establecido que éste –junto a la fe– preceda a la salvación de las personas.

Arrepentirse es la responsabilidad de todo hombre, por eso Dios manda a todos a que se arrepientan (Hechos 17:30). También es cierto que el arrepentimiento es un regalo de Dios, por lo que cada vez que un pecador está sinceramente arrepentido podemos concluir que Dios le ha concedido el arrepentimiento (Hechos 11:18).

El arrepentimiento es un cambio de pensar con respecto al pecado y a Dios, el cual resulta en un alejamiento del pecado y un acercamiento a Dios. ÂżCĂłmo luce ese alejamiento del pecado y acercamiento a Dios?

  • Tristeza y odio por el pecado: “Hazme oĂ­r gozo y alegrĂ­a; que se regocijen los huesos que has quebrantado” (Salmos 51:8; 2 Corintios 7:10).
  • ConfesiĂłn para el perdĂłn del pecado: “Ten piedad de mĂ­, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasiĂłn, borra mis transgresiones” (Salmos 51:1; Juan 1:9).
  • PropĂłsito y esfuerzo1, en dependencia del EspĂ­ritu, para dejar el pecado y obedecer a Dios: “LĂ­brame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvaciĂłn; entonces mi lengua cantará con gozo tu justicia” (Salmos 51:14; 1 Tesalonisenses 1:9).

1 “Al menos dos errores se evitan aquí. El primer error es el autoengaño: alguien clama estar arrepentido, pero no tiene un abandono genuino del pecado. Debe haber un ´propósito y esfuerzo´ para una nueva obediencia. El segundo error es el legalismo o, siendo más precisos, el perfeccionismo: este error asedia a cristianos con tendencia introspectiva. Ellos cuestionan la legitimidad de su arrepentimiento si éste produce algo menos que un perfecto abandono del pecado. Abandonar el pecado no es lograr una perfecta o impecable obediencia para siempre. Mas bien, es un genuino ´propósito y esfuerzo´ con ese fin” (Samuel E. Waldron).

“Estoy bien”: la meditaciĂłn.

¿Por qué Horatio Spafford pudo decir: “Estoy bien, tengo paz, ¡Gloria a Dios!”; aun cuando su senda estaba cubierta por un mar de aflicción? Porque –como cristiano– su paz en última instancia no dependía de las circunstancias, su paz estaba basada en Jesucristo (Su persona y Su obra). Cristiano, sabe tú también que tu paz está basada en Jesucristo.

El principal problema de Horatio no fue su pĂ©rdida econĂłmica ni fue la pĂ©rdida de sus hijos; el principal problema que de Horatio [antes de ser cristiano] era que Ă©l no estaba bien con Dios, era enemigo de Dios, era hijo de ira y estaba muerto en sus pecados. Pero el misericordioso Dios habĂ­a provisto en Jesucristo la soluciĂłn para el principal problema de Horatio –y el nuestro tambiĂ©n: “Y todo esto procede de Dios, quien nos reconciliĂł consigo mismo por medio de Cristo” (2 Co. 5:18). Dios (el ofendido) por medio de Jesucristo nos reconciliĂł a nosotros (los ofensores) consigo mismo, eso es lo que dice 2 Corintios 5:19: “a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliaciĂłn”. Dios no tomĂł en cuenta nuestras transgresiones porque «al que no conociĂł pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuĂ©ramos hechos justicia de Dios en El» (2 Co. 5:21). Continuar leyendo “Estoy bien”: la meditaciĂłn.