Dios, quien nos ha dado Su gracia en Jesucristo, quiere que como cristianos huyamos del peligro de las pasiones pecaminosas de la juventud como la fornicaciĂłn, el orgullo, la imprudencia y el amor al dinero. Pero tambiĂ©n, El quiere que procuremos con diligencia la justicia, la fe, el amor y la paz; no como personas aisladas, sino en compañĂa de otros cristianos.
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Cristo muriĂł por nosotros.
«Cristo muriĂł por nosotros» no es meramente un conjunto de palabras con sentido gramatical completo. Esto, más bien, expresa una maravillosa verdad que al ser contemplada con nuestros ojos espirituales –abiertos por el EspĂritu Santo, hinchará nuestros corazones para amar a Dios y nos hará caer de rodillas, sujetándonos asĂ a Su señorĂo. Es mi oraciĂłn que esto ocurra mientras lees este artĂculo.
Hermano mĂo, nunca trivialices la maravillosa verdad de que Cristo muriĂł por los impĂos. Consideremos juntos Romanos 5:7,8: “Porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno. Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aĂşn pecadores, Cristo muriĂł por nosotros”. Romanos 5:8 es un versĂculo muy citado y, por lo tanto, muy conocido; pero empezaremos desde el versĂculo 7, para asĂ ver de una manera un poco más amplia la hermosura de estas palabras (la belleza de Dios en la persona de Jesucristo). Continuar leyendo Cristo muriĂł por nosotros.
4 errores en el evangelismo de hoy.
1. NO HABLAR DEL PECADO Y SUS CONSECUENCIAS
Muchos evangelizan hoy en dĂa diciendo «JesĂşs te ama y quiere salvarte» o «Dios tiene un plan maravilloso para tu vida» sin hablar del pecado. Cuando esto sucede, cuando no se le muestra al hombre su pecaminosidad, no se evangeliza correctamente. Aquellas personas que escuchan decir que JesĂşs las ama y quiere salvarlas, sin antes estar conscientes de su pecado y de la consecuencia negativa de Ă©ste, pensarán de la siguiente manera: «¿De quĂ© JesĂşs quiere salvarme? ¡Yo no necesito ser salvado de nada!»; y asĂ rechazarán el evangelio de Jesucristo.
Dios en Su Palabra le habla al impĂo de su pecado y su consecuencia, y Dios nos llama a hacer lo mismo (hablarle al impĂo de su pecado y su consecuencia). En el más excelente tratado evangelĂstico, la epĂstola a los Romanos, antes de hablarnos de la justificaciĂłn que viene de Dios y de la paz con Él gracias a Jesucristo, se nos habla de la justa ira de Dios contra toda impiedad e injusticia de los hombres (Ro. 1:18). Y es despuĂ©s de que el apĂłstol Pablo (inspirado por Dios) deja claro que todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios (Ro. 3:23) que Ă©ste dice: «siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redenciĂłn que es en Cristo JesĂşs» (Ro. 3:24). El atalaya (centinela) que Dios habĂa puesto para amonestar de Su parte al pueblo, tenĂa la misiĂłn de decirle a impĂo: “Ciertamente morirás”; y asĂ apercibir, advertir, al impĂo de su mal camino con el fin o propĂłsito de que Ă©ste (el impĂo) viva (Ez. 3:18).
2. MINIMIZAR LA IMPORTANCIA DEL ARREPENTIMIENTO Y LA FE
SĂ, es cierto que tanto la fe como el arrepentimiento son dones de Dios (Hch. 11:18; Ef. 2:8) y que por sĂ mismos (aparte de Jesucristo) no salvan –sĂłlo Jesucristo salva–, pero estos dones son importantes porque Dios ha establecido que el arrepentimiento preceda al perdĂłn de los pecados (Pr. 28:13; 1 Jn. 1:9) y que la fe sea el cauce por donde corra la sobreabundante gracia de Dios, la mano vacĂa y extendida que recibe Su favor, el medio por el cual vamos a Jesucristo para recibir [de Él] salvaciĂłn, perdĂłn de los pecados, vida eterna (Jn. 6:35). Continuar leyendo 4 errores en el evangelismo de hoy.
¡Pecador, el evangelio es para ti!
JesĂşs estaba junto al lago de Genesaret, segĂşn Lucas 5, y por causa de la multitud que se agolpaba sobre Él para oĂr la palabra de Dios, tuvo que entrar en una de las barcas que estaban allĂ y separarse de tierra un poco. Desde la barca, enseñaba a las multitudes. La barca en la cual JesĂşs entrĂł le pertenecĂa a SimĂłn (posteriormente llamado Pedro), un pescador que habĂa trabajado toda la noche sin conseguir pescar nada. DespuĂ©s de terminar de hablar a la multitud, JesĂşs mandĂł a SimĂłn: “Sal a la parte más profunda y echad vuestras redes para pescar” (v. 4). Lo cual resultĂł en una pesca milagrosa segĂşn los versĂculos 6 y 7. DespuĂ©s de esto vemos a SimĂłn, quien habĂa estado junto a JesĂşs en la barca, ahora estaba de rodillas ante JesĂşs; SimĂłn, quien llamaba «maestro» a JesĂşs, ahora llamándole «Señor», mientras reconoce su pecaminosidad: “Al ver esto, SimĂłn Pedro cayĂł a los pies de JesĂşs, diciendo: ¡Apártate de mĂ, Señor, pues soy hombre pecador!” (v. 8).
Yo te pregunto: ÂżHas visto tĂş tambiĂ©n tus pecados y lo que eres (un pecador)? ÂżReconoces que eres y te sientes indigno de que el Señor JesĂşs estĂ© cerca de ti? Si tu respuesta es afirmativa, entonces tengo buenas noticias para ti. Algunos versĂculos más adelante, en el mismo capĂtulo 5 del evangelio segĂşn Lucas, los fariseos y sus escribas se quejaban con los discĂpulos de JesĂşs, con la siguiente pregunta: “¿Por quĂ© comĂ©is y bebĂ©is con los recaudadores de impuestos y con los pecadores?” (v. 30); a lo que JesĂşs respondiĂł: “Los sanos no tienen necesidad de mĂ©dico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (v. 31, 32). SĂ, es cierto que un pecador no merece el favor de Dios, no merece la salvaciĂłn –y nunca debemos olvidar eso–, pero no es menos cierto que a estos fue a quienes JesĂşs vino a llamar al arrepentimiento, a dar perdĂłn (Hch. 5:31), a acercarse para salvar. Esa es la gloria de su gracia que ha de ser alabada por toda la eternidad. Esta es la buena noticia: JesĂşs vino a llamar al arrepentimiento a, vino para dar perdĂłn a, vino a acercarse para salvar a personas como tĂş (pecadoras). ¡Pecador, el evangelio es para ti!