Aunque la homosexualidad es un pecado, no es el Ăşnico pecado que excluye del reino de Dios y no es el pecado imperdonable. Jesucristo muriĂł por los pecados de los heterosexuales y de los homosexuales que se arrepienten.
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“Te perdoné toda aquella deuda”.
Cuando Pedro le preguntĂł a JesĂşs cuántas veces debĂa perdonar a su hermano que pecara contra Ă©l, Pedro pensaba que siete veces era una cantidad generosa. Pero JesĂşs le dijo que setenta veces siete. Y el punto de JesĂşs no es que debemos perdonar hasta 490 veces, el punto de JesĂşs es que siempre debemos estar dispuestos a perdonar a aquel que viene a nosotros pidiendo perdĂłn, arrepentido.
El perdĂłn de nosotros hacia nuestros semejantes está basado o motivado por el perdĂłn de Dios hacia nosotros. Eso es lo que JesĂşs nos enseña en la parábola de los dos deudores (Mateo 18:23-35). Si Dios me ha perdonado una deuda tan grande a mĂ, ÂżquĂ© me detiene de perdonar una deuda tan pequeña a mi semejante?
El rey, por compasiĂłn, perdonĂł la deuda del siervo que le debĂa 10,000 talentos, pero Ă©ste Ăşltimo no perdonĂł la deuda del consiervo que le debĂa 100 denarios. En aquel tiempo, 100 denarios equivalĂan a 100 dĂas de trabajo. ÂżPiensas que esa era una deuda grande? No en comparaciĂłn con la deuda del siervo para con el rey –y que le fue perdonada–. Un solo talento equivalĂa al trabajo de 15 a 20 años; es decir, que la deuda que el rey le perdonĂł al siervo era equivalente a 150,000 Ăł 200,000 años de trabajo. ¡Eso sĂ era mucho!
El rey de la parábola es Dios. Y la deuda perdonada es el perdón de todos nuestros pecados –algo que nosotros no hubiéramos podido lograr con nuestro propio esfuerzo–. Es cierto que nuestro pecado es grave, pero nunca será más que Su perdón. Tristemente pecamos diariamente, pero Su perdón es más que suficiente para toda una vida de pecado. Es imposible que tus pecados sequen el océano del perdón de Dios que fluye desde la cruz de Jesús.
Termino volviendo a repetir lo siguiente: si Dios me ha perdonado una deuda tan grande a mĂ, ÂżquĂ© me detiene de perdonar una deuda tan pequeña a mi semejante?
Al cristiano cansado: espera un poco más.
En una entrevista hecha en el 2005 a John Piper, Ă©l dijo que habĂa tratado con más personas a punto de renunciar a su fe cristiana debido a la lentitud de su santificaciĂłn, más que debido a algĂşn daño fĂsico o alguna herida que haya venido a su vida. Ellos estaban cansados: cansados de la labor diaria de negarse a sĂ mismos, cansados de avanzar dos pasos y retroceder uno, cansados de pecar, cansados de pedirle a Dios que los perdone otra vez. Si tĂş estás entre ese grupo de cristianos, el Salmo 130 tiene algo que decirte.
En el versĂculo 5, el salmista dice que Ă©l espera. Aunque Ă©l se encuentra en una situaciĂłn que lo tienta a desesperarse totalmente, Ă©l no pierde la fe, Ă©l espera. Él espera en Dios, que Él haga algo. Su alma espera en Su Palabra, que se cumpla lo prometido.
En el versĂculo 6, el salmista compara su espera a la espera de los centinelas o vigilantes. Y Ă©l espera a Dios muchĂsimo más que los vigilantes a la mañana. Él espera ansiosamente que Dios cumpla Su promesa.
En el versĂculo 7 vemos que el salmista no sĂłlo espera en Dios, sino que tambiĂ©n llama al pueblo de Dios a esperar en Él. Porque Ă©l sabe que Dios actuará, que Su Palabra se cumplirá.
Y es en el versĂculo 8 donde vemos lo que Dios ha prometido hacer: “El redimirá a Israel de todas sus iniquidades”. Dios ha prometido liberaciĂłn de absolutamente todos los pecados. Y eso fue exactamente lo que paso años despuĂ©s de esa declaraciĂłn: Dios mismo descendiĂł del cielo y, en la persona de JesĂşs, naciĂł como hombre para salvar, a travĂ©s de Su vida, muerte y resurrecciĂłn, a un pueblo que se hundĂa en pecado (Mat. 1:21). Jesucristo nos liberĂł de la culpa del pecado al pagar por nuestros pecados para que nosotros seamos perdonados.
Ahora, tan cierto como que Jesucristo vino y liberĂł a Su pueblo de la culpa del pecado, asà Él vendrá por segunda vez y liberará a Su pueblo de la presencia del pecado: “a fin de presentársela a sĂ mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada” (Ef. 5:25). Se acerca el dĂa en el cual amarás a Dios completa y supremamente. Se acerca el dĂa en el cual siempre harás lo que a Dios le agrada. Se acerca el dĂa en el cual ya no habrá más tentaciĂłn, no habrá más lucha, no habrá más pecado. Se acerca el dĂa en el cual ya no tendrás que pedirle a Dios que te perdone otra vez, porque serás perfectamente como Jesucristo.
Asà que, como dice el viejo himno, “en Dios esperaré, luchando en todo tiempo”. Sigue orando, sigue arrepintiéndote, sigue luchando; y sigue esperando en Dios. Aun cuando pienses que tu pecado es demasiado, sigue esperando en Dios.
¿Tocando fondo? ¡Hay esperanza!
Por lo que vemos en el Salmo 130, el autor de este salmo pasó por una experiencia de angustia que lo llevó a «tocar fondo». Pero aun allà él encontró esperanza.