CĂłmo no aconsejar a quien sufre.

Aconsejar a alguien que sufre no es una tarea fácil, sin embargo, muchos se apresuran a hacerlo como si fuera una tarea fácil. Y tratando de ayudar al que sufre, lo desayudan. Aconsejar a alguien que sufre requiere sabiduría de lo alto; requiere no sólo tener una teología correcta en la cabeza, sino también saber aplicarla correctamente a la persona que sufre.

En ocasiones, lo más sabio que podemos hacer es decir que Dios tiene un buen propósito y, después, acompañar en silencio a la persona que sufre.

La buena noticia es que Dios está dispuesto a darnos de Su sabiduría. Y como parte de eso tenemos en los amigos de Job un ejemplo de cómo no se debe aconsejar a quien sufre.

NO OLVIDES EL JUICIO FINAL

Elifaz le hizo a Job las siguientes preguntas: “Recuerda ahora, ¿quién siendo inocente ha perecido jamás? ¿O dónde han sido destruidos los rectos? Por lo que yo he visto, los que aran iniquidad y los que siembran aflicción, eso siegan” (4:8, 9). Básicamente, él le dijo a Job que Dios recompensa a los justos y castiga a los impíos.

ÂżEs eso cierto? ¡Claro que sĂ­! Pero no siempre vemos eso en el aquĂ­ y el ahora. Es en el juicio final de Dios en donde todos los justos serán recompensados y todos los impĂ­os serán castigados. Ten eso en cuenta al momento de aconsejar. Continuar leyendo CĂłmo no aconsejar a quien sufre.

“Conocido & Amado” + pulsera gratis

¿Cuál es tu miedo más grande? Algunos de los miedos más comunes que las personas tienen son al hablar en público, a las alturas, a los insectos, etc. Pero uno de los miedos que todos o casi todos tenemos y que casi nunca lo exteriorizamos es a ser totalmente conocidos. O para ser más específico: tememos ser totalmente conocidos, pero no ser amados por las personas que nos importan.

Tal vez ahora estés negándolo, pero piénsalo por un momento. ¿Cuál sería la reacción de ese amigo que confía tanto en ti, de ese hijo que tanto te admira, de esa novia o esposa que está tan enamorada de ti si supiera absolutamente todo de ti? Y cuando digo “absolutamente todo de ti” incluyo tu pasado, tu presente y tu futuro; sí, incluso tus pensamientos. Y ese miedo es razonable ya todos somos pecadores que pecamos muchas veces.

Algunos tienen miedo porque ya han experimentado el ser abandonados por personas tras conocer ciertos detalles de su vida. Otros tienen miedo de que les pase en el futuro. Timothy Keller dijo: “Ser amado pero no conocido es consolador, pero superficial. Ser conocido y no amado es nuestro miedo más grande. Pero ser completamente conocido y sinceramente amado es en verdad como ser amado por Dios. Y es lo que necesitamos más que cualquier cosa”. Continuar leyendo “Conocido & Amado” + pulsera gratis

La homosexualidad no es el pecado.

Aunque la homosexualidad es un pecado, no es el Ăşnico pecado que excluye del reino de Dios y no es el pecado imperdonable. Jesucristo muriĂł por los pecados de los heterosexuales y de los homosexuales que se arrepienten.

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“Te perdonĂ© toda aquella deuda”.

Cuando Pedro le preguntó a Jesús cuántas veces debía perdonar a su hermano que pecara contra él, Pedro pensaba que siete veces era una cantidad generosa. Pero Jesús le dijo que setenta veces siete. Y el punto de Jesús no es que debemos perdonar hasta 490 veces, el punto de Jesús es que siempre debemos estar dispuestos a perdonar a aquel que viene a nosotros pidiendo perdón, arrepentido.

El perdón de nosotros hacia nuestros semejantes está basado o motivado por el perdón de Dios hacia nosotros. Eso es lo que Jesús nos enseña en la parábola de los dos deudores (Mateo 18:23-35). Si Dios me ha perdonado una deuda tan grande a mí, ¿qué me detiene de perdonar una deuda tan pequeña a mi semejante?

El rey, por compasión, perdonó la deuda del siervo que le debía 10,000 talentos, pero éste último no perdonó la deuda del consiervo que le debía 100 denarios. En aquel tiempo, 100 denarios equivalían a 100 días de trabajo. ¿Piensas que esa era una deuda grande? No en comparación con la deuda del siervo para con el rey –y que le fue perdonada–. Un solo talento equivalía al trabajo de 15 a 20 años; es decir, que la deuda que el rey le perdonó al siervo era equivalente a 150,000 ó 200,000 años de trabajo. ¡Eso sí era mucho!

El rey de la parábola es Dios. Y la deuda perdonada es el perdón de todos nuestros pecados –algo que nosotros no hubiéramos podido lograr con nuestro propio esfuerzo–. Es cierto que nuestro pecado es grave, pero nunca será más que Su perdón. Tristemente pecamos diariamente, pero Su perdón es más que suficiente para toda una vida de pecado. Es imposible que tus pecados sequen el océano del perdón de Dios que fluye desde la cruz de Jesús.

Termino volviendo a repetir lo siguiente: si Dios me ha perdonado una deuda tan grande a mí, ¿qué me detiene de perdonar una deuda tan pequeña a mi semejante?