Etiqueta: Sustitución
El amor y la amistad de Dios.
Sabemos que el amor de Dios es mĆ”s grande que cualquier otro amor porque amó a pecadores y porque Ćl dio a Jesucristo para que muriera como sustituto, reconciliĆ”ndonos asĆ consigo mismo.
De primera importancia āĀæQuĆ© es el evangelio?
El evangelio es la buena noticia de salvación para el pecador que tiene fe y se arrepiente, salvación gracias a que Jesucristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer dĆa.
¿Qué implica que Jesucristo haya sido abandonado en ira?
āDIOS MIO, DIOS MIO, ĀæPOR QUE ME HAS ABANDONADO?ā āfue la exclamación con fuerte voz de Jesucristo mientras se encontraba en la cruz (Mc. 15:34); Ć©sta expresa que para Jesucristo, el ser abandonado por Dios Padre fue el sedimento mĆ”s agrio de la copa de la ira divina que bebió (Mc. 14:36). Y todo por nosotros, en nuestro lugar, como nuestro sustituto. Ćl paga por nuestros pecados (1 P. 2:24) y a nosotros se nos regala en Ćl toda bendición espiritual (Ef. 1:3). Consideremos brevemente quĆ© implica, para nosotros como cristianos, que Jesucristo haya sido abandonado en ira, pero antes consideremos lo que esto no significa.
Que Jesucristo haya sido abandonado en ira no significa que tendremos una vida libre de todo sufrimiento en este mundo. El mismo Jesucristo dijo claramente a sus discĆpulos: āEn el mundo tenĆ©is tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundoā (Jn. 16:33). Y la experiencia de los discĆpulos de Jesucristo confirma esas palabras.
¿Qué implica, entonces, que Jesucristo haya sido abandonado en ira? Implica que en nuestros sufrimientos, incluso en los mÔs dolorosos, no hemos sido abandonados en ira por Dios (Ro. 8:1). Aunque nos sintamos abandonados, no hemos sido abandonados (Jos. 1:5). Que Jesucristo haya sido abandonado en ira implica que en nuestros sufrimientos, incluso en los mÔs dolorosos, Dios estÔ con nosotros y por nosotros (Is. 41:10; Ro. 8:28, 31). Dios abandonó en ira a Su Hijo una vez, para no abandonar a Sus hijos nunca.
Sean, pues, las siguientes palabras nuestra certeza en medio del sufrimiento: ā[en sufrimiento], pero no abandonadosā (2 Co. 4:9a). Esta verdad enciende nuestro gozo aun en medio de los sufrimientos mĆ”s dolorosos.