Tripp sobre “Aclarando la responsabilidad”.

Cita

Una de las preguntas más importantes en la vida es: “¿Quién es responsable de qué?”. Al tratar con esta cuestión en el ministerio, usted encontrará tres clases de personas.

El primer grupo está formado por personas que son irresponsables. Ellas fallan en reconocer y asumir las responsabilidades que Dios les ha dado. A continuación, se encontrará con aquellos que son demasiado responsables. Estas personas asumen la responsabilidad de cosas que Dios no les ha asignado o preparado para hacer. La tercera clase de personas son, probablemente, la mayor de las tres. Estas personas están genuinamente confundidas acerca de qué tareas Dios les ha dado y qué cosas se les pueden confiar a Él. Éstas algunas veces son mini-mesías, que tratan de hacer cosas que sólo Dios puede hacer. En otras ocasiones le piden a Dios que se haga cargo de responsabilidades que Él claramente les ha encargado. Los tres grupos tienen que comprender sus responsabilidades con el fin de aplicar el cambio de manera significativa a sus vidas diarias. Sigue leyendo

Pero Él sufrió por nosotros.

Sustitución

Isaías 53 relata los sufrimientos del siervo del Señor, Jesucristo; sufrimientos a los que Él se sometió para salvar a pecadores como tú y como yo. El profeta Isaías transmite esa verdad de una manera peculiar, específicamente en los versículos 4b-5 que dicen:

“nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados”.

Nótese que dice: “nosotros le tuvimos”. Es como si nosotros estuviéramos siguiendo de cerca los sufrimientos de Jesucristo. Vemos que es despreciado y desechado, es quebrantado, es azotado, es herido, es afligido. Lo escuchamos gritar de dolor. Y concluimos que esto es más que un grupo de hombres castigando a otro, es Dios mismo castigando a Jesucristo (“azotado, por herido de Dios y afligido”).

Mientras miramos todos Sus sufrimientos, nos preguntamos con curiosidad cuáles son los crímenes de Jesucristo, qué tan grande es su pecado para que Dios lo castigue con tal severidad. Es aquí donde entra el profeta con un “mas” (sinónimo de “pero”, expresa contraste), corrigiendo nuestra línea de pensamiento: “Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados” (v. 5). Es como si el profeta nos dijera: “Sí, Jesucristo está siendo castigado y sí, está siendo castigado por Dios mismo (“Pero quiso el Señor quebrantarle, sometiéndole a padecimiento”, v. 10a). Pero no, no es por Sus propios pecados ya que Él nunca pecó (“aunque no había hecho violencia, ni había engaño en su boca”, v. 9). Él está siendo castigado, como tu sustituto, debido a tus pecados”.

Nuestras son las transgresiones, Suyas son las heridas. Nuestras son las iniquidades, Suyo es el ser molido. Nuestra es la paz, Suyo es el ser castigado. Nuestra es la sanidad, Suyas son las llagas.

¡Con razón te aman!

Instrucciones sobre la oración en Getsemaní.

Poco antes de los clavos y la cruz, Jesucristo ya estaba muy afligido hasta el punto de la muerte; porque sabía que pronto bebería toda la copa de la ira de Dios para que pecadores como tú y yo hoy tengamos salvación. En Getsemaní, encontramos a nuestro Salvador Jesucristo –100% hombre y 100% Dios– orando: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras” (Mt. 26:39). Esa oración de nuestro Salvador es muy instructiva para nosotros.

PIDE CLARAMENTE LO QUE QUIERES

Jesús en GetsemaníNótese que Jesucristo no oró meramente: “Padre mío, no sea como yo quiero, sino como tú quieras”; la oración de Jesucristo tampoco fue una oración vaga o imprecisa: “Padre mío, tú sabes lo que yo quiero, pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras”. La oración de Jesucristo fue precisa, Él expresó claramente lo que quería en ese momento: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa” (v. 39). Son muchas las veces que he escuchado a cristianos orar de una manera que termino preguntándome qué fue lo que oraron; no porque hayan expresado deseos ilícitos, sino porque en verdad no pidieron nada claro –sus oraciones fueron muy vagas–. Esto no tiene porqué ser así. Podemos pedir claramente lo que queremos, podemos expresar claramente deseos lícitos.

PIDE HASTA QUE DIOS RESPONDA

No fue una ni dos veces que Jesucristo pidió al Padre que si era posible pasara de Él aquella copa, Jesucristo oró con las mismas palabras tres veces (vv. 42, 44). Pero, una vez que Jesucristo vio la respuesta del Padre, dejó de orar con esas palabras (véanse vv. 45-46). Asimismo debemos hacer nosotros, orar pidiendo claramente lo que queremos y hacerlo con insistencia hasta que veamos la respuesta de Dios (aun si es un “no”).

SOMÉTETE A LA VOLUNTAD DE DIOS

Aun Jesucristo siendo el Hijo de Dios, vemos que Él se sometió a Dios Padre. En la misma oración que Jesucristo pidió claramente lo que quería, Él concluyó de la siguiente manera: “pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras” (v. 39). Asimismo nosotros, más que agregar “no como yo quiero, sino como tú” al final de nuestras oraciones, debemos tener un corazón dispuesto a someterse a cualquiera que sea la voluntad de Dios para nuestras vidas. Que Su voluntad prevalezca sobre la nuestra. Y esa sumisión es gozosa, ya que Dios es nuestro Padre –sabe lo que es mejor para nosotros–, Su voluntad es perfecta –no podemos mejorarla– y todas las cosas cooperan para nuestro bien –Dios hace lo mejor para nosotros–.