Jesucristo se goza sobremanera.

A muchas personas les resulta difícil imaginarse a Jesucristo alegre; les es casi imposible ver al «varón de dolores y experimentado en aflicción» con gozo. Sin embargo, y sin negar Sus sufrimientos, Jesucristo fue una persona gozosa. ¿Cómo llego a esa conclusión? Parte del fruto del Espíritu es gozo (Gl. 5:22) y ya que Jesucristo vivió toda Su vida por el Espíritu, entonces Jesucristo fue una persona gozosa.

Pero eso no es todo, en Lucas 10:21 se relata lo siguiente: “En aquella misma hora El se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado”. En este versículo se relata explícitamente que Jesucristo se gozó, y más aún, se gozó sobremanera. El verbo griego que se utiliza aquí para regocijar(se), usado pocas veces en el Nuevo Testamento, es “agaliáo”; compuesto por “ágan” que significa mucho y “jálomai” que significa saltar. El verbo en español que mejor transmite esa idea es exultar (i.e. Saltar de mucha alegría). ¡Mira a Jesucristo lleno de gozo! ¡Míralo gozarse sobremanera! ¡Mira como borbotaron alabanzas a Dios Padre desde el gozoso espíritu de Jesucristo! Continuar leyendo Jesucristo se goza sobremanera.

¿Cómo sé si fui elegido?

La doctrina de la elección afirma que Dios por el puro afecto de Su voluntad, desde la eternidad, ha elegido para salvación a un grupo definido de personas. La doctrina de la elección, en última instancia, no es de los bautistas reformados ni de Calvino, sino de la misma Biblia (1 Ts. 5:9; 2 Ts. 2:13). Ahora, al hablar de la doctrina bíblica de la elección hay una pregunta que, si no siempre, casi siempre surge: ¿cómo sé si fui elegido?

Las palabras del apóstol Pablo a la iglesia de los tesalonicenses son muy interesantes: “sabiendo, hermanos amados de Dios, su elección de vosotros” (1 Ts. 1:4). En este versículo Pablo no sólo hizo referencia a la elección, sino que también afirmó saber que los cristianos en la iglesia de los tesalonicenses habían sido elegidos por Dios. “Pablo, ¿no es muy osada esa afirmación? ¿cómo puedes saber aquello que Dios solo hizo en la eternidad? ¿recibiste alguna revelación directa de Dios por ser apóstol?” –preguntamos–. ¿Por qué Pablo está tan seguro de saber que Dios había elegido para salvación a la iglesia de los tesalonicenses? La respuesta de Pablo, que inicia con un “pues”, se encuentra en los versículos 5 al 10 del mismo 1 Tesalonicenses 1. Pablo conocía la elección de la iglesia de los Tesalonicenses porque: Continuar leyendo ¿Cómo sé si fui elegido?

Pon tu delicia en el SEÑOR.

Las palabras del Salmo 37:4 pueden parecer a muchos una promesa de que se le concederá, a aquel que profese ser cristiano, absolutamente todo lo que a éste se le antoje; pero eso está muy lejos de la realidad. El Salmo 37:4 dice lo siguiente:

“Pon tu delicia en el SEÑOR, y El te dará las peticiones de tu corazón”.

El versículo comienza con el siguiente llamamiento: “Pon tu delicia en el SEÑOR”. Eso es lo primero, está antes que todo. Se nos llama a gozarnos, amar, apreciar sobre todas las cosas, encontrar placer en el Señor –no en lo que podría darnos, sino en El mismo–. Y es entonces que se promete: “El te dará las peticiones de tu corazón”. ¿Para quién es esa promesa? Para todo aquel cuyo deleite es el Señor. ¿Cuáles son las peticiones del corazón de esta persona? Es importante saber que el corazón pide aquello en lo cual se deleita. Así que, las peticiones del corazón de esta persona es el Señor mismo, lo que a El le agrada, lo que está acorde a Su voluntad y nada fuera de El. “Más de ti, Señor” –es la petición de aquel que se deleita en el Señor–; y esta petición es concedida por el Señor.

Poner nuestra delicia en el Señor es, como dijo Matthew Henry, tanto un deber como un privilegio. Ya que el Señor es bueno en Su esencia, el poner nuestra delicia en El no es un trabajo gravoso –¡contempla la cruz!–. Ya que fuimos creados para la gloria del Señor (Is. 43:3) y sólo en Su presencia hay plenitud de gozo, delicias para siempre (Sal. 16:11); ni los hombres, ni el dinero, ni el sexo, ni ninguna otra cosa creada es mejor que el Señor ni [ninguna cosa creada] tiene la capacidad de satisfacernos perfectamente. Sólo el Señor. Sea, pues, nuestra profesión el deleitarnos más y más en el Señor.

¿A qué persona de la Trinidad debemos orar?

TABLA

Persona Mandamiento Ejemplo
El Padre
El Hijo
El Espíritu Santo

DESARROLLO 

En la Biblia encontramos mandamientos de orar a Dios Padre. El mismo Jesucristo enseñó a Sus discípulos a orar a Dios Padre con las siguientes palabras: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mt. 6:9). Más adelante, en Mateo 7:7, Jesús dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”; y por el contexto sabemos que este pedir es al Padre que está en los cielos (Mt. 7:11). En Efesios 5:20 se nos manda a dar gracias, por medio de la oración, a Dios Padre: “dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre”.

En la Biblia también encontramos ejemplos de oraciones a Dios Padre. En Hechos 4:24 se relata acerca de la iglesia primitiva que los cristianos unánimes alzaron la voz a Dios Padre (nótese en vv. 27, 30 la frase: “tu santo siervo Jesús”). El apóstol Pablo oró a Dios Padre por los cristianos en Éfeso: “Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef. 3:14). Continuar leyendo ¿A qué persona de la Trinidad debemos orar?