¿Es perdonar igual a olvidar? [2]

En el artículo anterior vimos: que debido a la omnisciencia de Dios, nada escapa de Su conocimiento –ni siquiera nuestros pecados–; y que aunque el término “olvidar” no se aplica a Dios, la realidad de Su perdón no es minimizada ya que cuando Él dice que no recordará nuestro pecado está significando que no traerá a Su mente nuestro pecado para nuestro perjuicio.

Perdonar, por lo tanto, no es sinónimo de olvidar. Perdonar es, aun sabiendo lo que hizo el ofensor, no hacerle pagar externa ni internamente. Dicho de otra manera, perdonar es no buscar venganza ni guardar rencor contra el ofensor, aun cuando la ofensa venga a nuestra mente.

LIBERADOR, PERO NO MÁS FÁCIL

Entender esto es muy liberador para aquellos cristianos que pensaron que perdonar era sinónimo a olvidar, pero no podían evitar que la ofensa viniera a su mente. Ahora, perdonar (en el sentido de no vengarse ni guardar rencor) no es más fácil que olvidar la ofensa. Perdonar de esa manera es algo imposible aparte de la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones. Y siempre será difícil si primero no sabemos, comprendemos y confiamos en que nosotros (los ofensores) somos perdonados por Dios (el ofendido) en Jesucristo.

1ra parte; 2da parte

¿Es perdonar igual a olvidar?

Muchos cristianos piensan que perdonar es sinónimo de olvidar y, por lo tanto, no se ha perdonado realmente hasta que se olvida completamente la ofensa de la otra persona. Ese pensamiento viene de una malinterpretación de versículos como Isaías 43:25 (“Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados”) y Jeremías 31:34 (“perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado”).

Sí, es cierto que en esos versículos se conecta el perdón que viene de Dios o el borrar las transgresiones con el no recordar más el pecado. Pero, recordemos que Dios es omnisciente, Él sabe absolutamente todo, nada escapa de Su conocimiento –ni siquiera nuestros pecados (véanse Jeremías 31:32; e Isaías 43:27)–. Por lo tanto, el término “olvidar” no se aplica a Dios, aunque esto no minimiza para nada la realidad del perdón que viene de Dios.

LA CORRECTA INTERPRETCIÓN

¿Cómo interpretar, entonces, cuando se dice que Dios no recordará el pecado? La clave está en (1) entender la diferencia entre “olvidar” y “no recordar”; y (2) notar que Dios no dice que olvidará, sino que no recordará el pecado. Jay Adams nos ayuda aquí: “Olvidar es pasivo y algo que nosotros, como seres humanos, no omniscientes, hacemos. “No recordar” es activo; es la promesa mediante la cual una persona (en este caso Dios) decide no recordar las faltas de alguien cometidas contra ella. “No recordar” es simplemente la manera gráfica de decir: “no volveré a mencionar este asunto ni a ti ni a nadie más en el futuro” (From forgiven to forgiving [De perdonado a perdonador], p. 18).

Dicho de otra manera, cuando Dios dice que no recordará nuestro pecado está significando que Él no traerá a Su mente nuestro pecado para nuestro perjuicio, está significando que Él intencionalmente no recordará nuestro pecado para condenarnos.

1ra parte; 2da parte

¿Qué dice la Biblia sobre el dinero y las posesiones?

  • Absolutamente todo es de Dios (Salmos 24:1; Hageo 2:8).
  • Dios controla todo, incluso la economía de una nación (2 Reyes 6:33ss; Santiago 4:13-16).
  • Dios se ha comprometido a suplir todas las necesidades de los Suyos y puede hacerlo aun sin nuestro dinero (Salmos 23:1; Mateo 6:25-34).
  • Dios es quien da los medios (fuerzas) por los cuales conseguimos el dinero, el dinero mismo y la capacidad de disfrutarlo (Deuteronomio 8:18; Eclesiastés 5:19).
  • Dios ha establecido que el trabajo diligente y honesto es el medio por el cual conseguimos el dinero y las posesiones. Ahora, y no es menos cierto que, Dios advierte a quienes buscan hacerse ricos (Proverbios 10:4; 1 Timoteo 6:10).
  • Debemos cuidarnos de la avaricia, Dios nos llama a estar contentos con lo que ya tenemos (1 Timoteo 6:8; Hebreos 13:5).
  • Dios espera que paguemos a tiempo a quienes le debemos dinero (Deuteronomio 24:14, 15; Romanos 13:7, 8).
  • Dios ve bien el ahorrar y el gastar sabiamente el dinero (Proverbios 6:6-8; 21:21).
  • Si ponemos al dinero en el centro de nuestra vida no seremos satisfechos y se multiplicaran nuestros dolores. Sin embargo, con Dios en el centro de nuestra vida sí seremos satisfechos totalmente y en Su soberanía Él puede prosperarnos (Proverbios 11:28; Eclesiastés 5:10, 11).
  • Dios nos invita a acumular tesoros en el cielo, donde los tesoros son mejores (Mateo 6:19; Hebreos 10:34-36).
  • Dios espera que compartamos con los pobres, principalmente con aquellos que están en la familia de la fe (Romanos 12:13; 1 Corintios 16:1, 2).
  • Hay una conexión entre lo que damos o dejamos de dar y lo que Dios nos da o no nos da (Proverbios 19:17; 2 Corintios 9:6).
  • Más que cuánto ofrendamos, Dios está interesado en cómo ofrendamos –con fe, alegremente, regularmente y proporcionalmente– (1 Corintios 16:2; 2 Corintios 9:7).
  • Tanto la riqueza como la pobreza vienen de Dios. Riqueza no es necesariamente sinónimo de tener el favor de Dios y pobreza no es necesariamente sinónimo de no tener el favor de Dios (1 Samuel 2:7; Santiago 5:1-6).
  • Son pocos los ricos que confían en Dios, la mayoría confían en sus riquezas (Salmos 49:6; Marcos 10:23-27).
  • Nuestra alma, en un buen estado delante de Dios por Jesucristo, es nuestra más valiosa posesión (Mateo 16:26).

Este artículo no pretende ser un estudio detallado sobre el tema. Para una lista más extensas de versículos sobre este tema vea el libro Todo lo que la Biblia dice sobre el dinero.

El ladrón en la cruz.

Predicador: Bob Gonzales.
Pasaje bíblico: Lucas 23:32-43.

Quisiera que consideráramos una pregunta muy básica: ¿qué es un cristiano?; o siendo más exactos: ¿en qué se diferencia un cristiano de otras personas?

Esa es una pregunta tan básica que inicialmente podemos sentir que es demasiado elemental para nuestra consideración. Pero debemos considerarla debido a que (1) somos criaturas olvidadizas que necesitamos que se nos recuerde lo básico; (2) no debemos asumir que todos conocen la respuesta a esta pregunta; y (3) es una pregunta de vital importancia.

Escogeremos a un individuo en la Biblia que fue un cristiano genuino y marcaremos las características que lo distinguen de otros hombres. El ejemplo que he escogido es el ladrón en la cruz –el hombre que de acuerdo a este pasaje está hoy con Cristo en el paraíso.

He escogido al ladrón en la cruz porque en el cristianismo de este hombre vemos la diferencia más básica entre un cristiano y un no-cristiano. Frecuentemente describimos a los cristianos en términos de su carácter piadoso o sus buenas obras. Algo que aunque es apropiado, puede ser engañoso ya que se enfoca en el fruto del cristianismo antes que en la raíz.

EN QUÉ MANERAS EL CRISTIANO ES COMO LOS OTROS HOMBRES

  • En que por naturaleza es un pecador y es digno de condenación: «Y llevaban también a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos con El» (v. 32).
  • En que no ama naturalmente/inicialmente a Cristo, sino que lo rechaza: «Y uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultos, diciendo: ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!» (v. 39; Cf. Mt. 27:45).

EN QUÉ MANERA EL CRISTIANO ES DIFERENTE DE LOS OTROS HOMBRES

En que un cristiano es todo hombre, mujer, chico o chica que ha experimentado un cambio de corazón con respecto a Jesucristo (v. 40). Consideremos como este pasaje describe esta conversión:

  • Un cristiano es aquel que comienza a pensar seriamente sobre Dios y el juicio: «Pero el otro le contestó, y reprendiéndole, dijo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena?» (v. 40).
  • Un cristiano es aquel que reconoce su pecado y culpabilidad: «Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos» (v. 41).
  • Un cristiano es aquel que ya no encuentra falta en Jesús: «pero éste nada malo ha hecho» (v. 41).
  • Un cristiano es aquel que busca misericordia en Jesús: «Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino» (v. 42).

Y como resultado de la oración de fe de este hombre, el ladrón recién convertido murió con la siguiente promesa de Cristo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso» (v. 43).

APLICACIONES

Creo que Jesús salvó a este miserable hombre para asegurarnos que no hay pecador tan pecaminoso que Él no pueda salvar. Si tú sinceramente pides a Jesús que tenga misericordia, puedo asegurarte que algún día estarás con Él en el paraíso.

Pero si continuarás en tu pecado, y entonces cuando seas viejo y estés muriendo, pedirás al buen Señor que se acuerde de ti: no seas presuntuoso. No pienses que puedes ir a Cristo en el momento que tú quieras. J. C. Ryle dijo que «un ladrón fue salvado para que ningún pecador desespere, pero sólo uno, para que ningún pecador presuma». ¡Hoy es el día de salvación!

Estas anotaciones fueron tomadas del sermón, predicado por Robert Gonzales, titulado The Thief on the Cross: Portrait of a True Christian. Traducción de Misael Susaña. Usado con permiso.