Mis tuits favoritos [4]

  • “Nuestra identidad última se encuentra no en las palabras de nuestro Acusador, Satanás, sino en la obra de nuestro Abogado, Jesús” –Bob Kauflin.
  • “Esto es muy cierto: “Cuando la ley de Dios sea escrita en nuestros corazones, nuestro deber será nuestro deleite” –Matthew Henry, tuiteado por Challies.
  • “No hay palabras desperdiciadas en la Escritura, sólo lectores apresurados de la Escritura” –C. J. Mahaney.
  • “Es un pensamiento consolador que Cristo está orando por nosotros, aun cuando somos negligentes en nuestra vida de oración” –Louis Berkhof, tuiteado por C. J. Mahaney.
  • “Tú nunca sabes lo mucho que crees en algo hasta que esa verdad o falsedad se convierte en un asunto de vida o muerte para ti” –C. S. Lewis.
  • “Si alguien te molesta hoy, pregúntate: ¿Estoy asombrado por lo bien que Dios me ha tratado cuando lo he molestado?” –John Piper.
  • “El aburrimiento es la manera en la que Dios dice: “¡Sólo yo puedo satisfacer!” –Mike Reeves.

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¿Por qué no casarme con un no-cristiano?

“Él es lindo, caballeroso, me escucha y me entiende. Pienso mucho en él. En una ocasión él me dijo que yo era alguien especial. Él no es cristiano… pero visita de vez en cuando la iglesia. ¿Por qué no debo casarme con él?”.

¿Qué razones bíblicas podemos darle a esta chica1, que profesa ser cristiana, para que no se case con un no-cristiano? A continuación consideraremos dos razones.

PORQUE ES PECADO

No debes casarte con un no cristiano porque hacerlo sería un pecado contra Dios. La voluntad de Dios revelada es que una cristiana se case con un cristiano, uno cuyo Salvador y Señor es Jesucristo. En 1 Corintios 7:39b se dice que la mujer «está en libertad de casarse con quien desee», pero después se agrega, «sólo que en el Señor». Y la primera parte de 2 Corintios 6:14 dice lo siguiente: “No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos”. Casarte con un no-cristiano sería ir en contra del mandamiento del Señor, ir en contra de la voluntad de Aquel que te amó tanto que dio Su vida por ti. Si tú verdaderamente le amas sobre todo –como Él es digno de ser amado–, tu amor se manifestará por tu gozosa obediencia (Mc. 12:30; Jn. 14:15). Continuar leyendo ¿Por qué no casarme con un no-cristiano?

Harris sobre “La habitación”.

En ese estado entre los sueños y el estar despierto, me hallé en medio de la habitación. No había nada en particular sobre esta habitación excepto una pared que estaba completamente cubierta por archivos con pequeñas tarjetas. Eran como las tarjetas que usan en la biblioteca donde aparecen escritos los títulos por el nombre del autor o por el tema del libro en orden alfabético. Pero estos archivos, que llenaban la pared desde el piso hasta el techo, y aparentemente se extendían sin fin hacia los lados, estaban clasificados con diferentes encabezamientos. Al acercarme a esta pared, el primer archivo que me llamó la atención fue uno que decía: “Chicas que me han gustado”. Lo abrí y comencé a leer las tarjetas. Rápidamente lo cerré, al reconocer con asombro que todos los nombres escritos me eran conocidos.

Fue ahí cuando supe exactamente dónde me encontraba. Esta habitación sin vida, y llena de pequeños archivos era un ordinario fichero que representaba toda mi vida. Aquí estaban escritas todas las acciones de cada momento de mi vida, grandes y pequeñas, donde se mencionaban los más insignificantes detalles que ni yo mismo podía corroborar.

Un sentimiento de asombro y curiosidad, mezclado con horror, se agitó dentro de mí, cuando al azar comencé a abrir los archivos y explorar su contenido. Algunos me llenaron de gozo y dulces recuerdos, mientras que otros me produjeron vergüenza y pena, pero fue tan intenso que en ocasiones miraba sobre mi hombro para ver si alguien me estaba observando. Otro archivo con el encabezamiento “Amigos” estaba al lado de uno titulado “Amigos que he traicionado”.

Los rótulos era muy variados: desde lo común y corriente, hasta lo extraño; “Libros que he leído”, “Mentiras que he dicho”, “Consuelo que he dado”, “Chistes de los cuales me he reído”. Algunos eran comiquísimos por su exactitud: “Cosas que le he gritado a mis hermanos”. Había también otros de los cueles no me podía reír: “Cosas que he hecho en ira”, “Cosas que le he dicho a mis padres entre dientes”. El contenido de las tarjetas no dejaba de asombrarme. A menudo había más tarjetas de las que yo esperaba, y en otras ocasiones que pensaba encontrar muchas, había menos. Continuar leyendo Harris sobre “La habitación”.

¿Somos todos hijos de Dios?

Esta es una pregunta controversial, pero no difícil de responder correctamente. Es controversial porque muchos no cristianos responden afirmativamente a esta pregunta –“sí, todos somos hijos de Dios”–, mientras muchos cristianos responden negativamente a esta pregunta –“no, no todos son hijos de Dios”–. Pero esta pregunta no es difícil de responder correctamente si atendemos a las palabras de Dios, quien no es injusto para negar a Sus hijos: “Porque tú eres nuestro Padre, aunque Abraham no nos conoce, ni nos reconoce Israel. Tú, oh SEÑOR, eres nuestro Padre, desde la antigüedad tu nombre es Nuestro Redentor”.

Consideremos un pasaje bíblico que nos ayudará a responder correctamente la pregunta, Juan 1:10-13 dice lo siguiente: “En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de El, y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios”. Por el contexto sabemos que este pasaje comienza hablando de Jesucristo, el Verbo o Palabra encarnada de Dios. Él fue quien estaba en el mundo que había hecho, y éste no le conoció. Él fue quien vino a los suyos (Su pueblo, Su gente; los Judíos), y no fue recibido. Dios mismo, entonces, marca un contraste entre los que no conocieron a Jesucristo, los que no le recibieron y los que sí le recibieron, los que creyeron en Su nombre –lo cual es fruto de la regeneración o el nuevo nacimiento–. Una vez marcado este contraste, Dios pasa a decir acerca del segundo grupo (los que recibieron a Jesucristo, los que creen en Su nombre), y sólo de este segundo grupo, que se «les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios». Los del primer grupo son criaturas de Dios (vv. 10, 11), los del segundo grupo son hechos hijos de Dios (vv. 12, 13). Continuar leyendo ¿Somos todos hijos de Dios?