La resolución que [más] importa.

Mientras nuestra fuerza es poca y nuestras resoluciones aparte de la gracia de Jesucristo están destinadas al fracaso, las resoluciones del Dios todopoderoso siempre son llevadas a cabo. En Filipenses 1:6 leemos lo siguiente: “estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús”. Nótese, en primer lugar, cuán seguro está el apóstol Pablo acerca de la afirmación que hace (inspirado por Dios). El apóstol no dijo: “tal vez”; ni tampoco dijo: “es muy probable”; más bien dijo: “estando convencido” –sin duda alguna–. Quiera Dios convencernos también a nosotros, ya que esa afirmación es cierta no sólo para los cristianos en Filipos, sino también para todo cristiano de todo lugar y de toda época (1 Co. 1:8, 9; 1 Ts. 5:23, 24).

¿Quién comenzó esta buena obra? Dios. ¿Qué es esta buena obra? La salvación. En Romanos 8:29, 30 se dice: “Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó”. Este pasaje bíblico nos dice que la salvación es obra de Dios, la cual comenzó en “la eternidad pasada” con el conocimiento relacional de parte Dios hacia nosotros y ésta terminará con nuestra conformidad, corporal y moral, a la imagen de Jesucristo (i. e. Glorificación). Este pasaje bíblico también nos dice que a todos los que Dios conoció, a esos Dios glorificará, sin que ninguno falte (“Porque a los que de antemano conoció… a ésos también glorificó”).

Si volvemos a Filipenses 1:6, leeremos que la última parte dice de nuestra salvación que Dios «la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús». Alguien podría preguntar: «¿no es nuestra salvación ya perfecta?». El pasaje que acabamos de considerar (Romanos 8:29, 30) nos ayuda a responder a esta pregunta. Nuestra salvación es perfecta en el sentido de que ya todos nuestros pecados han sido perdonados, ya el pecado no es nuestro amo y ya disfrutamos de una íntima comunión con Dios; todo gracias a la obra de nuestro Salvador Jesucristo. Ahora, nuestra salvación es perfeccionada hasta el día de Cristo Jesús en el sentido de que estamos siendo conformados a la imagen de Jesucristo. Dios está obrando en el cristiano hasta el día cuando la presencia del pecado sea erradicada total y definitivamente del cristiano.

Dios no ha acabado Su buena obra en mí, todavía no soy perfecto. Pero Dios está resuelto a terminar la buena obra que empezó en cada cristiano; y tan cierto como Dios comenzó Su buena obra, así también de cierto la perfeccionará –Él no la dejará a medias o sin concluir–. Paul Tripp dijo: “Dios no va a descansar de Su obra redentora hasta que de una vez y por todas Él haya presidido el funeral del pecado y la muerte”. Esta resolución de Dios de perfeccionar hasta el día de Jesucristo la buena obra que comenzó en todo cristiano, resolución que sin duda Él llevará a cabo, nos da esperanza incluso en las caídas más lamentables. Pero también, nos anima a levantarnos y a luchar contra el pecado, sabiendo que la victoria final sobre el pecado es segura.

Resoluciones destinadas a fracasar.

Resoluciones.Ya llegó el año nuevo –¡felicidades!–, y es común que en el inicio del año las personas hagan resoluciones1 que pretenden llevar a cabo. Sin embargo, es también común y lamentable, que tales resoluciones sean abandonadas más o menos a mitad de año. ¿Por qué? Porque nuestra fuerza es poca y nuestras resoluciones aparte de la gracia [que perdona y que capacita] en Jesucristo están destinadas al fracaso. Eso no es pesimismo, es una realidad. Charles Spurgeon acertadamente dijo: “¿Qué es la palabra del hombre? Una vasija de barro que se rompe con un pequeño golpe. ¿Qué es tu resolución? Un capullo que, con el cuidado de Dios, puede convertirse en fruto, pero que, dejada a sí misma, caerá en el suelo con el primer viento que mueva la rama”.

Consideremos a Pedro como ejemplo. Horas antes a la crucifixión de Jesucristo, Éste le dijo a Sus discípulos: “Esta noche todos vosotros os apartaréis [o, escandalizaréis, o, caeréis] por causa de mí, pues escrito está: “HERIRE AL PASTOR, Y LAS OVEJAS DEL REBAÑO SE DISPERSARAN”” (Mt. 26:31). A lo que Pedro respondió con la siguiente resolución: “Aunque todos se aparten por causa de ti, yo nunca me apartaré” (v. 33). Desde ya podemos notar cierto aire de superioridad en las palabras de Pedro. Más adelante leemos que a pesar de que el mismo Jesús le dijo: “En verdad te digo que… me negarás” (v. 34); Pedro insiste: “jamás te negaré” (v. 35). En esas palabras de Pedro no encontramos un: “Señor, que tal cosa no me acontezca”; ni ningún acogerse a la gracia de Dios.

Eso es una resolución aparte de la gracia Jesucristo; una resolución en la que no se reconoce la dependencia a la gracia divina, más bien se confía en la fuerza propia. El resultado ineludible de tales resoluciones es el fracaso. Y Pedro aprendió eso por experiencia: “todos los discípulos le abandonaron y huyeron… Pero él [Pedro] lo [a Jesús] negó delante de todos ellos, diciendo: No sé de qué hablas… Y otra vez él lo negó con juramento: ¡Yo no conozco a ese hombre!… Entonces él comenzó a maldecir y a jurar: ¡Yo no conozco a ese hombre! Y al instante un gallo cantó” (Mt. 26:56, 70, 72, 74).

Mi propósito con este artículo no es que se dejen de hacer todo tipo de resoluciones; sino que cuando se hagan, sean hechas en dependencia de la gracia de Jesucristo. ¿Qué si no has cumplido tus pasadas resoluciones? Confiesa tu pecado, dale la espalda y ve al Señor, pidiéndole confiadamente que perdone tu pecado y serás perdonado tal como Pedro lo fue (Mr. 16:7).


1 En este artículo hablo de las resoluciones dentro de nuestra relación con Dios; resoluciones de comenzar a hacer cosas que a Dios le agradan y resoluciones de dejar de hacer cosas que a Dios le desagradan.

El mejor regalo de todos.

El versículo que vamos a considerar a continuación no sólo es un resumen del evangelio, sino que también es uno de los versículos más conocidos, tanto por cristianos como por no cristianos, de toda la Biblia. Ahora, por ser este un versículo tan familiar, existe el peligro de que ya no nos asombremos ante el maravilloso mensaje de éste –algo terrible que no debe ser–. El versículo al que me refiero es Juan 3:16, el cual dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Es bueno para nosotros considerar este versículo en esta época, una época en la cual se dan y reciben muchos regalos, ya que este versículo nos habla del mejor regalo de todos.

Antes de considerar el regalo en sí, consideremos al dador del regalo y lo que le motivó a regalar: “Porque de tal manera amó Dios al mundo”. El dador es Dios Padre, Creador y Sustentador de todo el universo, y Su motivación fue amor, tanto por personas del continente Europeo como por personas del continente Africano; amor tanto por Americanos como por Haitianos. Su motivación fue amor por personas de distintas razas y naciones. Pero eso no es todo, según el versículo, ese amor no es pequeño, sino que es muy grande (“Pues Dios amó tanto al mundo”, NTV).

La grandeza de ese amor se confirma por el regalo que se dio: “que dio a su Hijo unigénito”. Dios dio, es decir, regaló. Es un regalo porque no es algo que compramos con nuestras obras pasadas, ni algo que intercambiamos con nuestras obras futuras. Es un regalo completamente gratuito que, una vez se ha soltado el pecado al que nos aferrábamos, ha de recibirse con las manos vacías y extendidas de la fe. Ahora, el regalo que Dios dio no fueron cosas con las que no podemos tener comunión y que se desgastan con el tiempo. El regalo que Dios dio fue una persona, y no a cualquier persona, sino la persona más importante: Su Hijo unigénito Jesucristo. Él es poseedor de todas las características esenciales de Dios, toda la creación está por debajo de Él. ¿Qué más, aparte de dar a Su Hijo único, podría Dios hacer para demostrar Su gran amor? Aun siendo Él (Jesucristo) lo más precioso y la persona de mayor estimación para Dios Padre, Él (Dios Padre) lo dio.

Dios dio a Su Hijo unigénito Jesucristo: “para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Dios no dejó que todos se perdieran por causa de sus pecados, sino que dio a Su Hijo unigénito Jesucristo para salvación de todo aquel que confía en Él como Salvador y Señor. Jesucristo con Su vida, muerte y resurrección obtuvo vida eterna para ellos, una vida plena de comunión con Dios que se extenderá por toda la eternidad.

Éste es el mejor regalo de todos –Jesucristo como nuestro Salvador y Señor–. Si tenemos este regalo, aunque no tengamos nada más, lo tenemos todo; pero si no lo tenemos, aunque tengamos todo lo demás, no tenemos nada.

Duck Dynasty: “No os dejéis engañar, los homosexuales no heredarán el reino de Dios”.

Phil RobertsonDuck Dynasty es tal vez la serie americana de televisión más grande de todos los tiempos, transmitida en A&E, la cual trata acerca de la vida de la familia Robertson, familia que se volvió rica debido a su negocio de fábrica de productos para cazadores de patos (Duck Commander), particularmente silbatos de pato. Aunque la serie en sí misma no es “cristiana”, los Robertson profesan ser «una familia arraigada en su fe en Dios y en la creencia de que la Biblia es Su palabra». El pasado 18 de Diciembre, A&E suspendió indefinidamente a Phil Robertson (llamado el “patriarca”) debido a los comentarios sobre la homosexualidad que él dio en una entrevista a la revista GQ. Cuando en esa entrevista se le preguntó a Phil qué era pecaminoso, parte de su respuesta fue parafrasear 1 Corintios 6:9, 10:

“¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios”.

Este pasaje bíblico es muy claro, no hay que saber griego antiguo para darnos cuenta de que: los homosexuales no heredarán el reino de Dios; en el cielo no habrá ningún homosexual. Punto. Ahora, cada vez que afirmamos esa verdad, los cristianos somos acusados de ser motivados por el odio y no por el amor. ¿Es eso cierto? Yo no sé qué hay en el corazón de cada cristiano al momento de afirmar que los homosexuales no irán al cielo, pero lo que sí sé es esto: esas palabras no vienen de un Dios que se complace en la muerte del impío (Ez. 18:23; 33:11), ni quien ahora les escribe está motivado por el odio. Continuar leyendo Duck Dynasty: “No os dejéis engañar, los homosexuales no heredarán el reino de Dios”.