Cómo correr bien la carrera cristiana.

CorredoresUn atleta que corre en una carrera no puede darse el lujo de mirar hacia atrás. Aun cuando está cerca de la meta él no mira hacia atrás, sino que extiende su cuerpo hacia la meta. Mirar atrás, aunque sea por un segundo, podría hacer que el atleta pierda la carrera.

Es muy probable que esa (un atleta corriendo en una carrera) sea la imagen que el apóstol Pablo tenía en mente cuando escribió lo siguiente:

“No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14).

Pablo admitió que él todavía no había cruzado la meta. Él no era perfecto. Él todavía no había llegado al cielo con Jesucristo, todavía no había sido conformado a la imagen de Jesucristo –ni en cuerpo ni en espíritu–. Todavía pecados y debilidades vivían en él. Pero él seguía corriendo y se dirigía a la meta. Y Pablo corría bien: él olvidaba lo que quedaba atrás y se extendía hacia lo que estaba delante. Continuar leyendo Cómo correr bien la carrera cristiana.

María, la sierva del Señor.

María no fue muchas de las cosas que algunos le atribuyen hoy en día (p. ej. ella no es mediadora entre nosotros y Jesús, ella tampoco permaneció virgen), pero ella sí fue una sierva verdadera del Señor.

El ángel Gabriel se le apareció a María, mientras ella todavía era virgen y se encontraba desposada con José, para decirle que daría a luz un hijo –Jesús–. Y después de que el ángel le explicara –aunque no en detalle– el cómo sucedería eso, ella respondió: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). Y a partir de esas palabras podemos definir un siervo de Dios como aquel en cuya vida y a través de quien se hace la voluntad de su Señor.

Es muy probable que la explicación del ángel no haya respondido a todas las preguntas de María; pero en vez de insistir en recibir una explicación que respondiera a todas sus preguntas, ella dijo «hágase conmigo conforme a tu palabra». Al quedar embarazada en ese momento, ella pudo haber perdido a su prometido –en Mateo 1:19 se relata que José llegó a pensar en abandonarla–; pero aun así ella dijo «hágase conmigo conforme a tu palabra». Al quedar embarazada en ese momento, la reputación de María fue manchada (véase Juan 8:41); pero aun así ella dijo «hágase conmigo conforme a tu palabra».

Todo este universo no se trata acerca de nosotros, sino de Dios. Y esta vida no se trata acerca de hacer nuestra voluntad; sino que esta vida se trata acerca de hacer la voluntad de Dios, aun cuando eso aparentemente1 nos perjudique. ¿Eres tú un siervo del Señor?


1 Digo “aparentemente” porque ya que nuestro Señor es bueno, todo lo que Él demanda de Sus siervos es tanto para Su gloria como para el bien de ellos. Ahora, al final es Dios –y no nosotros– quien define lo que es bueno, quien sabe lo que es bueno para nosotros.

Gloria a Dios, paz a los hombres.

La noche en la cual Jesús nació, un grupo de pastores de ovejas presenciaron una multitud de ángeles que alababan a Dios con las siguientes palabras: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes El se complace” (Lucas 2:14). El nacimiento de Jesús significó «gloria a Dios» y «paz entre los hombres en quienes Él se complace». Ningún otro evento hizo realidad ambas cosas al mismo tiempo.

La venida del Hijo de Dios (Jesús) al mundo dio gloria a Dios o demostró las virtudes de Dios como nunca antes. Atributos como la sabiduría, la justicia y la bondad de Dios se demostraron al Jesús vivir la vida en perfecta obediencia a la ley de Dios –que nosotros no vivimos–, al sufrir la muerte como castigo por el pecado –para que nosotros no tengamos que sufrirla– y al resucitar como evidencia de que el pago efectuado fue recibido.

La venida del Hijo de Dios (Jesús) al mundo también dio paz a los hombres en quienes Dios se complace, a los Suyos, a los que se arrepienten y creen. Debido al pecado de los hombres, existe una separación entre los hombres y Dios. Pero Jesús vino a hacer que el hombre esté bien con Dios, a crear una relación armoniosa (sin conflicto) entre Dios y el hombre. Y eso Él lo hizo al tomar el castigo que nosotros merecíamos y darnos la paz que Él obtuvo.

La gloria es de Dios porque Él es el autor de esta gran salvación y el beneficio es del hombre porque él es el receptor de esta gran salvación:

“Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes El se complace”.

Que todos vean tu progreso.

Debido a que el pecado todavía mora en el cristiano, y debido a la fuerza que el pecado todavía tiene, el cristiano tropieza y su progreso en la vida cristiana es lento. Ahora, eso no quiere decir que no haya victorias y que el progreso sea irreal. En 1 Timoteo 4:15 leemos: “Sé diligente en estos asuntos; entrégate de lleno a ellos, de modo que todos puedan ver que estás progresando” (NVI).

EL PROGRESO ES POSIBLE

El versículo (1 Timoteo 4:14) tiene una buena noticia implícita y es que el progreso en la vida cristiana es posible. El cristiano ha sido unido espiritualmente a Jesucristo: cuando Jesucristo murió, el cristiano murió al pecado y cuando Jesucristo resucitó, al cristiano se le dio vida para con Dios. Las cadenas que te ataban al pecado han sido rotas, ya eres libre para amar a Dios y hacer lo que a Él le agrada.

¡Anímate! Si eres un cristiano verdadero, es seguro que en el futuro conocerás más a Dios de lo que le conoces hoy, amarás más a Dios de lo que le amas hoy y obedecerás a Dios con más prontitud de lo que le obedeces hoy.

EL PROGRESO ES TU DEBER

Sí, el progreso en la vida cristiana es posible gracias a la obra de Jesucristo. Ahora, no es menos cierto que debes ser diligente y entregarte de lleno. Y lo primero no es un obstáculo para lo segundo, sino el combustible.

Ahora, ¿en qué debes ser diligente? ¿a qué debes entregarte de lleno? El contexto nos responde (vv. 12, 13): debes ser diligente y entregarte de lleno a que tu manera de hablar, tu conducta, tu amor, tu fe y pureza sean un ejemplo a los demás; también debes ser diligente y entregarte de lleno a leer la Biblia, a enseñarla y a animar a tus hermanos (tareas que son principalmente de un pastor, aunque no exclusivamente de éste).

EL PROGRESO EN MESES Y AÑOS

Según la Biblia, la santificación progresiva se parece más a un maratón que dura horas que a una carrera de unos segundos. El cambio toma su tiempo, no ocurre de la noche a la mañana. Por eso Hebreos 12:1 nos llama a correr la carrera que tenemos por delante con perseverancia. Y 1 Tesalonicenses 5:4 nos llama a ser pacientes con todos.

Kevin DeYoung dice: “no deberías tomar tu temperatura espiritual cada día. Necesitas buscar el progreso en meses y años, no en minutos y horas”. Aunque eso no significa que debemos descuidar los minutos y horas, ya que estos son los que llevan a meses y años. DeYoung sigue diciendo: “Por lo tanto, no te enredes a ti mismo preguntándote si el martes fue más piadoso que el miércoles. Mira a tu trayectoria en los últimos cinco meses, o mejor aún, en los últimos cinco años” (The hole in our holiness, p. 138).

CONCLUSIÓN

¿Estás progresando? ¿Pueden verlo tu esposa, tus hijos, tus amigos y tus hermanos en la iglesia? Debido a que el progreso es posible, sé diligente y entrégate de lleno. Ora confiadamente a Dios para que Él te haga progresar, sumérgete en Su Palabra, medita en la belleza de Jesucristo que ésta revela hasta que tu corazón rebose de amor por Él y obedécele con diligencia para que todos puedan ver que estás progresando.