La inmoralidad, un asunto serio.

La fornicación o inmoralidad sexual1 no es un asunto trivial, es serio2. La Palabra de Dios nos advierte con respecto a este pecado; advierte no sólo a los no creyentes, sino también a los que profesan serlo. Jesucristo, hablando acerca de la inmoralidad sexual, dijo: “Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno” (Mt. 5:29, 30). Sea que interpretes estas palabras como literales o no, es claro que Jesucristo nos llama a tomar este pecado en serio.

El apóstol Pablo (inspirado por Dios) dijo: “¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios” (1 Co. 6:9, 10). Después de la pregunta retórica (“¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?”), nótese cuán bueno es Dios al advertirnos para que no seamos engañados en un asunto tan importante como éste (“No os dejéis engañar”). Nótese también que los primeros en la lista de aquellos que no heredarán el reino de Dios son «los inmorales».

El mismo apóstol vuelve a repetir esto en Gálatas 5:19-21: “Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. En Efesios 5:5, 6 se dice algo similar: “Porque con certeza sabéis esto: que ningún inmoral, impuro, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con palabras vanas, pues por causa de estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” –nótese aquí que el apóstol dijo “con certeza sabéis esto” y vuelve a repetir “que nadie os engañe”–. Aun en los dos últimos capítulos de la Biblia leemos lo siguiente: “y jamás entrará en [la ciudad santa] nada inmundo, ni el que practica abominación y mentira, sino sólo aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero… Afuera están los perros, los hechiceros, los inmorales, los asesinos, los idólatras y todo el que ama y practica la mentira” (Ap. 21:27; 22:15).

Estos pasajes que hemos considerado son muy claros, no hay que saber griego antiguo para darnos cuenta de que: los inmorales no heredarán el reino de Dios; en el cielo no habrá ningún inmoral. Punto. Ahora te pregunto: ¿Has sido tú engañado con respecto a este asunto? ¿Vez a la inmoralidad sexual como algo “no tan serio”? ¿Tomas tú a la ligera este pecado?


1 Inmoralidad sexual incluye: masturbación, homosexualidad, relaciones sexuales fuera del matrimonio, adulterio, etc. Y ésta no es meramente un asunto de acciones, sino también del corazón.

2 Aunque en este artículo concentraremos nuestra atención en la inmoralidad, también la mentira, la cobardía y los demás pecados son serios.

1ra parte; 2da parte

Cielo – Dios = Tragedia.

Hace ya varios Sábados que un grupo de jóvenes y yo hemos estado estudiando el libro No desperdicie su vida, escrito por John Piper. En el día de ayer estudiábamos la primera parte del capítulo 3, allí hay un párrafo que llamó mi atención y me hizo reflexionar –lo citaré para que lo consideres detenidamente:

“Quizá no estemos seguros acerca de querer que nuestra vida se destaque. Quizá no nos importe mucho si logramos distinguirnos por algo grandioso. Solo queremos que la gente nos quiera. Nos sentimos satisfechos si a las personas les gusta estar con nosotros. O si tenemos un buen empleo, una buena esposa, o esposo, buenos hijos y un lindo automóvil, largos fines de semana, unos pocos buenos amigos, una buena jubilación, una muerte rápida y sin sufrimiento y nada de infierno. Si pudiéramos tener todo eso (aun sin Dios), nos sentiríamos satisfechos. Esta es una tragedia en potencia. Una vida desperdiciada” (p. 43).

Preguntaba, durante el estudio, tanto a mí mismo como a los demás: ¿Es eso cierto? ¿Pienso yo que estaría satisfecho si pudiera tener todo eso, pero sin Dios? Si agregáramos el dinero a la descripción, eso sería para muchos como «un cielo sin Dios». ¿Escogería yo «un cielo sin Dios»? Esas son preguntas que también tú, amigo lector, deberías hacerte a ti mismo. Sigue leyendo Cielo – Dios = Tragedia.

A Cristo crucificado.

No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

¡Tú me mueves, Señor!, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara,
y aunque no hubiese infierno te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
porque, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Anónimo del siglo XVI

Hasta los cielos.

«Jehová, hasta los cielos es tu misericordia; Tu verdad hasta las nubes» (Salmos 36:5; RVA).

Para descargar la imagen: (1) Haga clic en la imagen, (2) clic derecho sobre ésta y (3) seleccione “Guardar como…”. Si está desde una MAC, sólo basta con (1) hacer clic en la imagen y (2) arrastrarla a su escritorio.