Es triste cuando alguien que conoces no recibe a Jesús como Salvador y Señor. Y esa tristeza se multiplica –o triplica– cuando ese que no recibe a Jesús es un ser querido como tu mejor amigo, o la hija que tuviese en tu vientre por nueve meses, o la madre que te dio la vida o ese esposo de quien te enamoraste.
Sabes por experiencia que Jesús es “el pan de la vida” que quita el hambre y sacia la sed del alma (Jn. 6). También sabes que todos aquellos que rechazan a Jesús “sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de Su poder” (2 Ts. 1:9).
Le predicas el evangelio, “pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree” (Ro. 1:16). Oras a Dios por esa persona, porque estás convencido que “la salvación es del Señor” (Jo. 2:9). Pero después de hacer eso repetidas veces nada parece cambiar. Y te sientes como si te atravesaran el corazón con un puñal.
ÂżTe has sentido asĂ? Yo sĂ. En este artĂculo quisiera dar cuatro verdades que debemos recordarle a nuestra alma cuando Dios no salva –o parece no salvar– a tu ser querido:
1. MIENTRAS HAYA VIDA, HAY ESPERANZA
Deja que el siguiente versĂculo sea como gasolina a tu fuego evangelĂstico. EclesiastĂ©s 9:4 dice: “Para cualquiera que está unido con los vivos, hay esperanza; ciertamente un perro vivo es mejor que un leĂłn muerto”. Tal vez le has predicado el evangelio mil veces y tal vez has orado por ese ser querido dos mil veces y todavĂa no se convierte. Pero que Dios no lo haya salvado todavĂa no significa que Él nunca lo hará.
El ladrĂłn de la cruz que le pidiĂł a JesĂşs que se acordara de Ă©l es un ejemplo de eso. Dios cambio su corazĂłn en un instante: Ă©l pasĂł de ser uno que se burlaba de JesĂşs a uno que reconociĂł a JesĂşs como Rey (Mr. 15:32; Lc. 23:42). Él fue salvado estando al borde de la muerte. Estoy seguro que muchos se sorprenderán al ver a este hombre en el paraĂso con JesĂşs.
¡Sigue predicando! ¡Sigue orando!
2. DIOS ES SOBERANO
El apĂłstol Pablo en Efesios 1:4, 5 escribiĂł lo siguiente: “Porque Dios nos escogiĂł en Cristo antes de la fundaciĂłn del mundo, para que fuĂ©ramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinĂł para adopciĂłn como hijos para sĂ mediante Jesucristo, conforme a la buena intenciĂłn de Su voluntad”. En los versĂculos anteriores se habla de la elecciĂłn y predestinaciĂłn que Dios hizo para salvar a un grupo de personas. Eso fue hecho “antes de la fundaciĂłn del mundo” o en la eternidad pasada porque esta obra de Dios no está basada en lo absoluto en las buenas obras de los hombres.
Si la salvaciĂłn no está basada en las buenas obras de los hombres, Âżen quĂ©, entonces, está basada? Al final del versĂculo 5 se responde a esa pregunta: “conforme a la buena intenciĂłn de Su voluntad”. ÂżNotaste las dos Ăşltimas palabras? “Su voluntad”. Dios eligiĂł, Dios predestinĂł, Dios salva a quien Él quiera.
Como Rey soberano, a Él nadie le da Ăłrdenes, Él no necesita consejo de nadie y Él no tiene que dar cuentas a nadie por Sus actos. ¡PostrĂ©monos ante Su soberanĂa!
3. DIOS ES JUSTO
ÂżEs Dios injusto cuando no salva a alguien? ¡De ninguna manera! Como alguien dijo acertadamente: Dios trata a algunos con misericordia, a otros los trata con justicia; pero a ninguno con injusticia. En Romanos 9 el apĂłstol Pablo comenzĂł este capĂtulo expresando la “gran tristeza y el profundo dolor” (Ro. 9:2) que tenĂa por sus compatriotas judĂos no salvos. Y más adelante, en el mismo capĂtulo, Ă©l dijo: “¿QuĂ© diremos entonces? ÂżQuĂ© hay injusticia en Dios? ¡De ningĂşn modo! Porque Él dice a MoisĂ©s: «TendrĂ© misericordia del que Yo tenga misericordia, y tendrĂ© compasiĂłn del que Yo tenga compasiĂłn». AsĂ que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (vv. 14-16).
Dios no está tratando con injusticia a aquellos a quienes Él no salva porque Él no le debe Su misericordia a nadie. Dios es libre de tener misericordia de quien Él quiera. Dios es justo incluso en la condenación de los pecadores impenitentes porque ese es el castigo que merecen nuestros pecados.
4. DIOS ES BUENO
En 1 Pedro 2:7-10 el apĂłstol contrastĂł a aquellos que creen en JesĂşs con aquellos que no creen en El: “Este precioso valor es, pues, para ustedes los que creen; pero para los que no creen, «La piedra que desecharon los constructores, esa, en piedra angular se ha convertido», y, «Piedra de tropiezo y roca de escándalo». Pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban tambiĂ©n destinados. Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, naciĂłn santa, pueblo adquirido para posesiĂłn de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquel que los llamĂł de las tinieblas a Su luz admirable. Ustedes en otro tiempo no eran pueblo, pero ahora son el pueblo de Dios; no habĂan recibido misericordia, pero ahora han recibido misericordia”.
Me llama la atenciĂłn que al final del versĂculo 8 se dice que esos que no creen, o los que tropiezan y son desobedientes a la palabra, fueron destinados para ello. Inmediatamente despuĂ©s se marca un contraste con aquellos que creen: “Pero ustedes… en otro tiempo no eran pueblo, pero ahora son el pueblo de Dios; no habĂan recibido misericordia, pero ahora han recibido misericordia” (vv. 9, 10).
Dios es bueno. Él pudo haber enviado a todo el mundo a la condenaciĂłn eterna en el infierno –lo cual serĂa justo–. Pero en vez de eso decidiĂł tener misericordia no de uno, sino de millones de personas a lo largo de la historia. Una sola persona salva es una clara evidencia de la bondad de Dios. Millones de personas salvas son evidencia clara de Su suprema bondad.
AsĂ que, aun si Dios decidiera no salvar a nuestros seres queridos, tenemos razĂłn suficiente para estar agradecidos con el buen Dios que tenemos –quien nos salvĂł a ti y a mĂ. ¡Bendito sea Su nombre!
ÂżQuĂ© otra verdad nuestra alma deberĂa recordar? ¡EscrĂbela en la caja de comentarios!