Dos ingredientes importantes en la predicación.

En Salmos 51, un salmo de arrepentimiento después de haber cometido adulterio y homicidio, David dice: “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti” (v. 13). David expresa su deseo de enseñar a los transgresores (aquellos que se han rebelado contra Dios y Su ley) el camino de vuelta con el propósito de que ellos se conviertan a Dios. En otras palabras, David quería predicar para que los pecadores se volvieran de sus caminos pecaminosos a Dios.

David no sólo está pidiendo ser perdonado de sus pecados, él también está pidiendo ser un instrumento de Dios para la salvación de otros pecadores. David busca dar la gracia que ha recibido. Y lo mismo debemos anhelar nosotros.

Ahora, el versículo 13 está conectado al versículo 12: el versículo 13 parece ser el resultado del versículo 12. En el versículo 12, David pide a Dios: “Restitúyeme el gozo de tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder”. David está pidiendo experimentar el gozo de la salvación y tener un espíritu dispuesto para Dios y así entonces predicar para la conversión de los pecadores. Es decir que lo primero (el gozo de la salvación y un espíritu dispuesto) es combustible para lo segundo (la predicación a los pecadores). Cuando lo primero disminuye, también lo hace lo segundo.

¿Quieres predicar con pasión a los pecadores? ¿Quieres persistencia para predicar a los pecadores hasta que se conviertan? Entonces necesitas experimentar el gozo de la salvación y tener un espíritu dispuesto para Dios. Ahora, ¿cómo podemos conseguir esto? Primero, pidiéndoselo a Dios en oración. Eso fue lo que hizo el salmista y es lo mismo que nosotros debemos hacer. Pero también hay otra cosa que podemos hacer y es meditar siempre en la obra de Jesucristo en la cruz: la cruz de Jesús es la fuente de nuestro gozo ya que allí es donde todos nuestros pecados son perdonados; y es en la cruz de Jesús en donde al ver todo lo que ha sido hecho por nosotros, somos constreñidos a vivir para Él.

Tu empleo es un campo misionero.

Chico caminando

Una vez apliqué para trabajar en una organización cristiana que trabajaba en comunidades pobres, supliendo sus necesidades físicas y predicando el evangelio de Jesucristo. No fui contratado debido a que en ese entonces no tenía algo que se necesitaba para la posición a la cual aplicaba. Unos cuantos años después, me topé con el director de la organización, quien me preguntó si estaba trabajando. Yo le respondí que sí, que era maestro en una escuela. La siguiente cosa que él me dijo me dejó marcado. Esto fue lo que él me dijo: “¡Qué buen campo misionero!”.

Esa respuesta me marcó porque generalmente vemos a África o a Asia como campos misioneros, pero muy pocas veces vemos nuestros empleos como campos misioneros. ¿Será que Dios espera que seamos testigos de Jesucristo en todo lugar excepto en nuestros empleos?

QUÉ NO QUIERO DECIR

Antes de continuar quiero dejar claro dos cosas:

Primero, estoy consciente de que no todos los empleos presentan las mismas oportunidades para testificar de Jesucristo. Yo soy un maestro en una escuela que ha dado a conocer su creencia en Dios públicamente. Y en este país no está prohibido compartir tu fe públicamente. Este artículo no quiere decir que todos tienen esa misma libertad. Continúa leyendo Tu empleo es un campo misionero.

Evangelismo 101: palabras finales.

La Biblia dice que «la salvación es del Señor» (Jonás 2:9), Él es quien concede «el arrepentimiento que conduce a la vida» (Hch. 11:18) y la fe «es don de Dios» (Ef. 2:8). Eso nos debe llevar a confesar que nosotros no podemos salvar a nadie y, por lo tanto, debemos orar para que Dios salve a muchos. Ahora, no es menos cierto que Dios salva a los que creen únicamente «mediante la necedad de la predicación» (1 Co. 1:21). Es decir, no podemos esperar que Dios salve a muchos si no les predicamos el evangelio. No es orar o predicar, es orar y predicar.

La Biblia dice que dos son mejores que uno: “Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo” (Ec. 4:9). Y en el evangelismo no hay una excepción: cuando Jesús envió a los setenta a predicar, Él «los envió de dos en dos delante de El». Continúa leyendo Evangelismo 101: palabras finales.

Evangelismo 101: errores en el evangelismo.

Al momento de evangelizar hay cuatro errores que se cometen comúnmente y que debemos evitar:

1. NO HABLAR DEL PECADO Y SUS CONSECUENCIAS

Dios en Su Palabra le habla al impío de su pecado y su consecuencia, y Dios nos llama a hacer lo mismo. Por ejemplo, el centinela que Dios había puesto para amonestar al pueblo, tenía la misión de decirle a impío: “Ciertamente morirás”; y así apercibir al impío de su mal camino con el fin o propósito de que éste (el impío) viva (Ez. 3:18). Y en el más excelente tratado evangelístico (la epístola de Romanos), antes de hablarnos de la justificación que viene de Dios y de la paz con Él gracias a Jesucristo, se nos habla de la justa ira de Dios contra toda impiedad e injusticia de los hombres (Ro. 1:18).

2. MINIMIZAR EL ARREPENTIMIENTO Y LA FE

Sí, es cierto que el arrepentimiento y la fe por sí mismos (aparte de Jesucristo) no salvan –¡sólo Jesucristo salva!–. Sin embargo, éstas gracias de Dios ejercidas por el hombre son importantes porque son el medio establecido por Dios por el cual recibimos la salvación. A. W. Pink ilustró el arrepentimiento y la fe de la siguiente manera: “El arrepentimiento es la mano liberando esos sucios objetos a los cuales anteriormente se había aferrado con mucha tenacidad, mientras que la fe es la mano vacía y extendida a Dios para recibir Su regalo de gracia”. Jesucristo comenzó su ministerio predicando de la siguiente manera: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio” (Mc. 1:15); y nosotros no deberíamos hacer nada menos.

3. DEJAR A JESUCRISTO MUERTO

Al evangelizar, comúnmente escuchamos hablar de las sufrimientos de Jesucristo y Su muerte en la cruz; pero pocas veces escuchamos hablar de Su resurrección tres días después. La resurrección de Jesucristo es parte esencial del evangelio: “que [Cristo] fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Co. 15:4). La obra de Jesucristo no terminó con su cuerpo colgado en una cruz o encerrado en una tumba; la Biblia dice, y la historia lo confirma, que Jesucristo resucitó. Y es esa resurrección la que hace que el cristianismo sea mucho más que una religión entre muchas (Ro. 1:4; 4:25; 1 Co. 15).

4. LIMITAR LOS BENEFICIOS SÓLO AL FUTURO

La salvación que Jesucristo da no solamente tiene beneficios para el futuro, sino también para el aquí y el ahora. No, esos beneficios no son tener mucho dinero, o mucha salud, o muchas mujeres. Pero, sin duda, son beneficios mucho mejores: desde ya disfrutamos del perdón de nuestros pecados, desde ya disfrutamos el ser tratados como justos, desde ya disfrutamos la paz con Dios, desde ya disfrutamos la liberación del dominio del pecado, desde ya disfrutamos el que no haya más ira de Dios sobre nosotros, sino Su amor.

CONCLUSIÓN

Predica el evangelio: habla del pecado y de su consecuencia; llama al arrepentimiento y la fe en Jesucristo, quien ha resucitado; y recuérdale a quien te escucha los beneficios en el aquí y el ahora que la salvación en Jesucristo trae consigo.

1ra parte; 2da parte; 3ra parte; 4ta parte