Entre esos versĂculos bĂblicos en los cuales se encuentra resumido el evangelio de Jesucristo, uno de mis favoritos es 2 Corintios 5:21, el cual dice: “Al que no conociĂł pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuĂ©ramos hechos justicia de Dios en El”.
En el contexto de este versĂculo se nos habla de cĂłmo el ofendido (Dios) busca la paz con los ofensores (nosotros), «no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones». Y aunque alabamos al Dios de toda gracia por tal obra, no dejamos de preguntarnos cĂłmo Dios pudo hacer eso y seguir siendo justo. Bueno, 2 Corintios 5:21 es la respuesta a esa pregunta.
Jesucristo es descrito aquĂ como el «que no conociĂł pecado». Jesucristo no conociĂł pecado en la práctica. Él fue el Ăşnico que siempre hizo el bien (siempre obedeciĂł la ley de Dios) y nunca pecĂł (nunca desobedeciĂł). El profeta dijo de Él: “no habĂa hecho violencia, ni habĂa engaño en su boca” (Is. 53:9). Uno de sus discĂpulos lo describiĂł como: “el justo” (1 Jn. 2:1). Y ni aun sus enemigos pudieron apuntar con verdad su dedo acusador hacia Ă©l (Mt. 26:60).
A ese Jesucristo, Dios «le hizo pecado por nosotros». Ya hemos visto que Jesucristo no fue un pecador y que nunca pecó, por lo tanto lo que esto quiere decir es que Dios trató a Jesucristo como si fuera un pecador. Jesucristo sufrió la ira divina, fue maldecido, condenado, castigado como si hubiera sido un desobediente, un borracho, un homicida, un inmoral, un mentiroso, un homosexual, un ladrón, un idólatra, un maldiciente, un estafador, un iracundo, un envidioso.
Y todo eso fue hecho «para que fuéramos hechos justicia de Dios en El». Para que nosotros los pecadores, que nos arrepentimos de nuestros pecados y confiamos en Él como Salvador y Señor, seamos perdonados de todos nuestros pecados, declarados como justos en base a la vida perfectamente obediente de Jesucristo y tratados como justos al ser bendecidos con toda bendición espiritual.

