1. Reconoce que el gozo autĂ©ntico en Dios es un regalo: “Mas el fruto del EspĂritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad” (Gálatas 5:22).
2. Reconoce que debes luchar por el gozo: “Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos vosotros para vuestro progreso y gozo en la fe” (Filipenses 1:25).
3. Resuelve atacar a todo pecado conocido en tu vida: “porque si vivĂs conforme a la carne, habrĂ©is de morir; pero si por el EspĂritu hacĂ©is morir las obras de la carne, vivirĂ©is” (Romanos 8:13).
4. Aprende el secreto de Culpa Valiente –luchar como un pecador justificado–: “No te alegres de mĂ, enemiga mĂa. Aunque caiga, me levantarĂ©, aunque more en tinieblas, el Señor es mi luz. La indignaciĂłn del Señor soportarĂ©, porque he pecado contra El, hasta que defienda mi causa y establezca mi derecho. El me sacará a la luz, y yo verĂ© su justicia” (Miqueas 7:8, 9).
5. Reconoce que la batalla es principalmente una lucha por ver a Dios por quien Él es: “Probad y ved que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en El se refugia!” (Salmos 34:8).
6. Medita en la Palabra de Dios dĂa y noche: “sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de dĂa y de noche! Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera” (Salmos 1:2, 3).
7. Ora por ojos abiertos del corazón y una inclinación por Dios: “Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la ganancia deshonesta” (Salmos 119:36).
8. Aprende a predicarte en vez de escucharte a ti mismo: “¿Por quĂ© te abates, alma mĂa, y por quĂ© te turbas dentro de mĂ? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvaciĂłn de su presencia” (Salmos 42:5).
9. Pasa tiempo con gente saturada de Dios que te ayude a ver a Dios y a batallar: “Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazĂłn malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. Antes exhortaos los unos a los otros cada dĂa, mientras todavĂa se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado” (Hebreos 3:12, 13).
10. Se paciente en la noche en la que Dios parece ausente: “Al Señor esperé pacientemente, y El se inclinó a mà y oyó mi clamor. Me sacó del hoyo de la destrucción, del lodo cenagoso; asentó mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos. Puso en mi boca un cántico nuevo, un canto de alabanza a nuestro Dios; muchos verán esto, y temerán, y confiarán en el Señor” (Salmos 40:1-3).
Este artĂculo es una adaptaciĂłn y traducciĂłn, hecha por Misael Susaña, de: John Piper. Desiring God [Desesando a Dios] (Estados Unidos: Multnomah Publishers, 2003), pp. 353-360.