ĀæQuĆ© haces cuando no puedes olvidar tu pecado? ĀæQuĆ© haces cuando el recuerdo de un pecado āo quizĆ” de variosā no se va? El prominente rey y elocuente poeta David puede enseƱarnos quĆ© hacer en una situación asĆ.
El Salmo 51 fue escrito por David despuĆ©s de haber cometido adulterio con BetsabĆ© y de haber ordenado el asesinato de UrĆas. En este salmo, David confiesa: āmi pecado estĆ” siempre delante de mĆā (v. 3b).
David no dice que su pecado esté a su lado, ni detrÔs de él. Dice que estÔ delante de él. EstÔ siempre delante de él. El pecado lo persigue a dondequiera que va; se interpone entre él y todo lo que hace. Es como una mancha sucia en unos anteojos: molesta, estorba y te impide ver con claridad hasta que es limpiada. Asà actúa el pecado.
Matthew Henry lo ilustró de esta manera: āNunca caminó sobre el tejado de su casa sin una reflexión penitente sobre su desdichada caminata hasta allĆ, cuando desde ese lugar vio a BetsabĆ©; nunca se acostaba a dormir sin un pensamiento triste acerca del lecho de su impureza; nunca se sentaba a comer, nunca enviaba a su siervo a hacer un recado ni tomaba la pluma en la mano, sin que todo ello le recordara el momento en que emborrachó a UrĆas, el mensaje traicionero que envió por medio de Ć©l y la orden fatal que escribió y firmó para su ejecuciónā.
David no puede simplemente ignorar su pecado. Tampoco puede olvidarlo con facilidad. ĀæNo es esta, acaso, la experiencia de todo cristiano verdadero? Otros pueden ignorar su pecado, pero el cristiano genuino no puede hacerlo āo al menos no por mucho tiempo.
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