El clamor de la sangre de Jesús.

En Génesis 3 se relata la entrada del pecado al mundo, debido a la desobediencia del hombre; en Génesis 4 vemos al pecado en acción al Caín matar a su hermano Abel. Dios, entonces, le dice a Caín: “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4:10). Dios dice que la voz de la sangre de Abel, más que hablar, clama. ¿Qué clamaba la voz de la sangre de Abel? Clamaba por justicia, retribución, castigo para Caín. Esto es confirmado por el contexto: es debido al clamor de la voz de la sangre de Abel que Dios pronunció las siguientes palabras contra Caín: “Ahora pues, maldito eres de la tierra, que ha abierto su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando cultives el suelo, no te dará más su vigor; vagabundo y errante serás en la tierra” (Gén. 4:11, 12; véase también Apocalipsis 6:10). Dios en Su justicia no podía hacerse de oídos sordos ante tal clamor y por eso maldijo a Caín.

Al igual que la sangre de Abel, la sangre de Jesucristo fue derramada por manos de hombres impíos. Pero el clamor de la voz la sangre de Jesucristo es muy diferente al de Abel: “y a Jesús, el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel” (Heb. 12:24). La voz de la sangre de Jesucristo no clama por maldición, sino por bendición; no clama por justicia (pues ya ésta fue satisfecha), sino por misericordia (la cual también es satisfecha); no clama por retribución, sino por gracia. Y es debido a que Dios es justo que Él no se hará de oídos sordos ante este clamor de Jesucristo a favor de nosotros que confiamos en Él y nos arrepentimos de nuestros pecados. Dicho de otra manera, Dios no nos hará pagar por lo que ya Jesucristo pagó por nosotros. El himnos “Ven, alma mía, ven”, escrito por Charles Wesley, lo dice de la siguiente manera:

“Las llagas de la cruz
suplican sin cesar;
Elevan oración,
con fuerza han de clamar:
¡Señor, perdona al pecador!
¡Señor, perdona al pecador!
¡No lo dejes morir! ¡Oh, No!”.

Muerte en manos de y por sus enemigos.

CrossEn la cruz donde Jesucristo murió Dios manifestó Su gracia como en ningún otro lugar. Allí encontramos, para usar el lenguaje de Hechos 3, al Santo muriendo en manos de los pecadores; al Justo siendo crucificado por los impíos; al Autor de la vida muriendo. Ahora, ¿por qué el Santo y Justo está muriendo? Obviamente no es debido a algún pecado propio –Él es sin pecado–. Él está muriendo debido a pecados ajenos. ¿Los pecados de quién? Precisamente los pecados de aquellos que estaban en Su contra (i.e. Sus enemigos).

UN LADRÓN

Jesucristo fue crucificado entre dos ladrones y ambos ladrones al principio se unieron a los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos para injuriar a Jesucristo (Mt. 27:44). Pero después de un rato uno de esos ladrones reconoció su pecado: “Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero éste nada malo ha hecho” (Lucas 23:41); confió en Jesucristo como el Rey Salvador: “Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (v. 42); y recibió la salvación: “Entonces El le dijo: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43). Continuar leyendo Muerte en manos de y por sus enemigos.

¿Es la homosexualidad un pecado diferente?

En un sentido podemos decir que la homosexualidad es un pecado diferente a otros pecados: la homosexualidad es un pecado contra naturaleza que es el resultado de que Dios entregó, a aquellos que cambiaron al Creador por la criatura, a las pasiones degradantes de sus propios corazones: “Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío” (Romanos 1:26, 27).

Ahora, si lo que preguntamos es si la homosexualidad es un pecado más grave (en términos del castigo que merece), entonces la respuesta es: no. En 1 Corintios 6:9, 10 se dice claramente que los homosexuales no heredarán el reino de Dios: “¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios”. Pero no es menos cierto que los inmorales heterosexuales tampoco heredarán el reino de los cielos (véanse Gálatas 5:19-21; Efesios 5:5). ¿Estás viendo pornografía y auto-gratificándote? ¿Estás teniendo relaciones sexuales antes del matrimonio? ¿Estás siendo infiel a tu cónyuge? Entonces no «[heredarás] el reino de Dios». Continuar leyendo ¿Es la homosexualidad un pecado diferente?